La censura llegará a las redes sociales … o no

Las polémicas por el uso que algunos dan a las redes sociales se va multiplicando poco a poco. Algunos  las están utilizando para decir cosas que no se atreverían a decir cara a cara, amparándose en un supuesto anonimato que no es tal; otros cada vez que dicen algo “sube el precio del pan”.

 

¿Estamos utilizando las redes sociales de una manera correcta o todas estas polémicas son normales al tratarse de medios de comunicación nuevos y necesitar un tiempo de maduración?, ¿será esto el principio del final de redes como twitter, facebook y demás?

 

Lo estamos viviendo estos últimos días: El asesinatoPedro de la presidenta de la Diputación de León ha generado una serie de comentarios en twitter (o pintadas en el lugar de su muerte) que se están investigando por si pudieran considerarse delito y que ya han supuesto más de una detención. Días más tarde el triunfo de un equipo de baloncesto israelí sobre un equipo español ha sido el detonante para que se publiquen en esa misma red social miles de mensajes denigrantes para los pertenecientes a la religión judía -que también han sido denunciados–.  Estos días aparecen en la prensa de nuestra región noticias sobre jóvenes que han amenazado a la policía.

 

Hay más ejemplos: Últimamente cada vez que aparece en los medios de comunicación alguna noticia sobre acoso escolar, suele ir acompañada de hechos como que a los acosados se les ha insultado a través de cualquier red social, que se ha “colgado” un video mofándose de esa persona, etc.

 

Hay otras utilizaciones de estas redes sociales que no se pueden considerar graves, pero sí generan ciertas polémicas, como la famosa novia modelo del famoso jugador de fútbol que posa desnuda con un cartel delante para pedir la liberación de unas niñas secuestradas en Nigeria. O la periódica publicación en el perfil de cualquier famoso sobre la (supuesta) muerte de cualquier otro famoso.

 

A partir de aquí surge la controversia: ¿Podemos impedir la publicación de comentarios dañinos o denigrantes de otra persona? Si no lo podemos impedir, ¿çómo podemos resarcir a la persona agraviada? Y en este caso, ¿quién lo ha de hacer? ¿quién es el culpable de que se publiquen determinados comentarios, el que los publica o el propietario del medio donde se publican?

 

Todas estas cuestiones no son nuevas; lo mismo ha ocurrido en los medios de comunicación digitales o en papel. Por ejemplo, los foros que muchos medios de comunicación tienen para que sus lectores comenten las noticias han servido, en muchos casos, para lo mismo que estamos comentando hasta que se ha puesto cierto coto. Hoy difícilmente vamos a encontrar en foros de medios de comunicación medianamente serios comentarios injuriosos, incultos, etc. Ya se ocupará el medio de comunicación de borrarlos por la cuenta que le trae.

 

Según datos del Ministerio del Interior, en 2013 se cometieron 1.172 delitos de odio en nuestro país, cifra que contrasta con las 1.500 páginas web que contienen incitaciones al odio, según datos del Movimiento contra la Intolerancia. Según Interior, las infracciones por razones de odio más comunes son las que atentan contra la orientación sexual de las víctimas, que suman un total de 452 con mayor predominio en Andalucía (101), Galicia (44) y la Comunidad Valenciana (27)”.(leido en: elconfidencial.com)

 PCA, redes sociales

Ante esta situación, lo primero que se me ocurre plantear es si la legislación actual permite perseguir los delitos de odio que se vierten en la red – a los que habría que añadir todos los insultos y vejaciones –. Los expertos, Gobierno y representantes de los jueces dicen que sí. Los menos graves tendrán respuesta civil y los más graves pueden suponer condenas de cárcel. Un problema añadido es que la mayoría de los usuarios son anónimos y los servidores de las webs con comentarios vejatorios suelen estar alojados en Estados Unidos y Canadá, donde parece ser que la legislación es mucho más permisiva.

 

Hay quien, por otra parte, recuerda que ir más allá supone una amenaza a la libertad de expresión y que, además, dadas las características del mundo digital, es imposible poner “puertas al campo”. De hecho ya están empezando a surgir lo que podríamos llamar “redes sociales anónimas”, es decir, aquéllas que mantienen en el anonimato la identidad de sus usuarios.

 

En algunos países lo han solucionado rápidamente: Han impedido el acceso a las redes sociales y final del problema o al menos, eso creen ellos. Cierto es que en estos países, tales como Irán, Turquía, etc. no se ha actuado así por salvaguardar la dignidad o integridad de los ciudadanos, sino para impedir las críticas al Gobierno. Por eso, debemos preguntarnos si este mal uso de las redes llegará a su prohibición – o mayor regulación– o al “ todo vale” que aporta el anonimato.

 

Lo que a mí me sorprende es el interés que tenemos los humanos, en general, por leer e “informarnos” sobre las barbaridades que pueden decir otros. Me pregunto si no debiéramos ser los potenciales receptores de esos mensajes los que debiéramos, como antes dije, “poner puertas al campo”.

 

Y es que al final llegamos, o yo personalmente llego, a las mismas conclusiones de siempre: Esto es un problema de educación. En algo nos estamos equivocando si a un joven, o menos joven, sólo se le ocurre insultar a través de una red social (o haciendo una pintada en una pared) a alguien que no conoce y menospreciar a los pertenecientes a una religión, cuyos miembros son unos completos desconocidos.

 

No estoy de acuerdo con que deba primar la libertad de expresión porque recuerdo ese viejo refrán de “calumnia, que algo queda” y hoy en día, queda por escrito y para siempre. Tampoco propongo la censura con la que pagan, a menudo, justos por pecadores. Por eso, desde estas líneas, sí me gustaría plantear un debate sobre qué podemos hacer para ir erradicando  estas conductas  que evidentemente no conducen a nada, sólo al desprestigio y al daño de personas que, o bien no lo merecen o  para las que, en todo caso, existen otras vías de sanción.

 

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