Nuestra etapa educativa

Quizás no solemos pararnos a pensar en el gran número de horas que hemos pasado en las aulas y en la cantidad de momentos compartidos con compañeros y profesores. Este tiempo de aprendizaje es muy valioso y nos enriquece como personas

 

En esta etapa que comienzo en Decroly, no Carolina 2puedo evitar acordarme de aquellos profesores y compañeros que han marcado mi vida y con los que tantas horas he pasado. En mi caso, la mayor parte de mi periodo educativo, desde los 8  a los 18 años, ha transcurrido en el mismo colegio en el que finalicé el bachiller. Por ello, gran parte de mis recuerdos están relacionados con este lugar y con mis compañeros; y lo cierto es que con gran parte de ellos me une una amistad de casi 20 años.

 

El primer día de clase llegué a un centro totalmente desconocido para mí, pues previamente había estudiado en otro considerablemente menor, y aún hoy recuerdo que me encontraba totalmente perdida, sin conocer la ciudad, ni a los compañeros… Según atravesé el umbral de la entrada, una compañera –que hoy es una de mis mejores amigas– se acercó a mí para tranquilizarme y me ayudó con la mochila, ésa con la que casi no podía, ya que iba cargada con todos los libros del curso. Estas anécdotas y muchas más son las que cuando creces, recuerdas con más cariño y te confirman que son las personas que te rodean las que te hacen crecer como persona y de las que puedes aprender grandes valores.

 

Merece una mención especial D. Ernesto, un profesor que no sólo me ha marcado a mí, sino a todos mis compañeros. Fue un profesor inmejorable, pero aún fue mejor persona. Un profesor con vocación, totalmente entregado a nuestra educación no sólo académica, sino también en valores. Siempre recuerdo con cariño cómo los sábados nos llevaba a torneos de ajedrez –  deporte en el que él mismo nos instruyó– y cómo asistía a todos y cada uno de los campamentos que organizaba ( y esto es sólo una parte, también estuvo en La Horada, reparto de comida a familias sin recursos, salidas de andariegos…)

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Otro gran profesor fue D. José Luis, que era conocido porque cuando realizábamos una lámina de dibujo realmente bien, firmaba en la hoja como “premio”, que podía canjearse por un caramelo. No hace tanto tiempo que, cuando impartió clases a mi hermana, le dio uno para mí “porque seguro que todavía tenía alguno sin cobrar”. Cuando asistí a sus clases, apreciaba lo buenos profesores que eran, pero hoy esto lo valoro más todavía al darme cuenta de lo difícil que es saber educar.

 

De hecho, el término “educare” procede de la palabra latina ducere que significa guiar, lo que indica que se debe “obtener, sacar de dentro” del alumno el conocimiento. Para ello, debemos preguntar, hacer pensar… No es sólo transmitir conocimientos, sino conseguir despertar el interés de los alumnos y su predisposición a aprender conocimientos y, más aún, valores.

 

¿Cómo es un buen profesor? Las respuestas pueden ser tantas y tan variadas como personas que respondan. Para cada persona y dependiendo de su forma de ser, un profesor modelo tendrá unas características determinadas. Desde mi punto de vista, de lo que no hay ninguna duda es de que un profesor debe ser cercano, interesado en conocer la realidad de sus alumnos, con ganas de enseñar y del mismo modo, aprender de ellos.

 

Comments on this post

  1. Maite Muñiz said on 06/10/2014 at 11:01 am

    Carolina, con este artículo muestras tu agradecimiento y el buen recuerdo que tienes de tus profesores. Ahora te toca a ti dejar esa misma huella positiva en los que a partir de ahora serán tus alumnos.¡ ánimo ! (ya apuntas maneras con las ideas que destacas en el articulo. “No es sólo transmitir conocimientos, sino conseguir despertar el interés de los alumnos y su predisposición a aprender conocimientos y, más aún, valores”).

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