Indignación en contra del “turismo de borrachera” en Barcelona

España es un país turístico que atrae por sus encantos, sus playas, el sol… ¡y la fiesta! Esta fama que durante muchos años le ha permitido ser uno de los destinos turísticos más importantes del mundo empieza a resultar perjudicial con el nacimiento de un nuevo tipo de turismo: “el turismo de borrachera”

 

Gritos a todas horas del día y de la noche, daños y excrementos de todo tipo en las calles, turistas borrachos haciendo sus compras totalmente desnudos… Gaëlson algunos ejemplos de esta nueva modalidad turística aparecida en Cataluña y llamada en catalán el “turismo de borratxera”.

 

El “turismo de barrachera” es, desgraciadamente, ya un clásico en algunas localidades costeras como Lloret de Mar o Salou desde hace años, pero está llegando también al centro de Barcelona y provocando el enfado de los habitantes de un barrio popular –uno de los más turísticos de la capital catalana en verano– como el de la Barceloneta.

 

Las manifestaciones de enfado han sorprendido al Ayuntamiento, cuya primera reacción ha sido el cierre de 35 pisos turísticos no homologados. En efecto, en 2013 se introdujo la LAU (Ley de Arrendamiento Urbano)  que afecta a los alquileres de casas de vacaciones. No todas las comunidades han puesto en marcha la opción de solicitar una licencia, pero en Cataluña, el Gobierno ha iniciado la administración y  distribución de las solicitudes de licencia. En este sentido, desde el 30 de enero de 2014, la nueva ley obliga a los propietarios de bienes inmuebles que deseen poner su casa en alquiler, a adjuntar el número de licencia en cualquier anuncio con  el objetivo de alquilar dicho bien.

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Aunque la LAU esté en funcionamiento desde hace más de un año, no se ha aplicado con rigor en todo el país, Cataluña incluida. ¿Por qué hacerlo ahora? Porque los problemas de las molestias y conductas anti-cívicas del “turismo low cost” mencionadas anteriormente se explican, en parte, por la proliferación de alojamientos turísticos en el centro de  importantes ciudades, como es el caso de Barcelona. Con la crisis económica, los pisos o habitaciones en alquiler se han multiplicado y, con ellos, los problemas de convivencia con los turistas que eligen España como destino de vacaciones para ir de fiesta. Así lo explican los habitantes de Barcelona al exponer carteles que dicen, por ejemplo, “My building is not an hotel” (“Mi edificio no es un hotel”).

 

La exasperación de los barceloneses pone en evidencia Gael 2este modelo de turismo de masa y, más allá de sus fronteras, daña la imagen de España. Por otro lado, la red de alquileres vacacionales (que genera importantes ingresos complementarios a numerosas familias afectadas por la crisis económica que ven en esta actividad una solución alternativa para poder pagar sus hipotecas o, incluso en algunos casos, llegar a fin de mes) podría pagar caro las consecuencias de este “turismo de barrachera”. De hecho, el Gobierno catalán ha impuesto una multa de 30.000 euros en julio de 2014 a la página web Airbnb y la amenaza  con prohibirle el acceso a la página web de Cataluña si no respeta las normas locales en cuanto al alojamiento vacacional.

 

Ahora, queda por ver si estas medidas van a permitir la vuelta de un turismo más cívico y van a restituir así a España la imagen que se merece.

 

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