El lenguaje, seña de identidad

El lenguaje es uno de nuestros factores de identidad, que nos une al pasado y nos proyecta al futuro

 

Es algo más que un método de comunicación y un sistema de signos orales y escritos del que disponen los miembros de una comunidad para Fernandorealizar los actos lingüísticos cuando hablan y escriben. Decía el escritor argentino Jorge Luis Borges, uno de los autores más destacados del siglo XX: “El lenguaje no lo hace la Academia de la lengua, ni el Poder, ni la Iglesia, ni los escritores. El lenguaje lo hacen los cazadores, los pescadores, los obreros, los campesinos, los caballeros y los tipos sinceros. Hay que acudir a las bases, donde se forma la lengua”. En conclusión, hablar claro y en un buen idioma nos da la identidad.

 

Trabajo en un centro de enseñanza bilingüe, aunque sólo conozco y practico mi lengua materna y ni siquiera sé si la empleo bien;  por ello, quizá sea yo el menos indicado para hablar de un tema como éste o quizá peco de atrevimiento. Sin embargo, no puedo evitar sentir cierta inquietud y bastante interés por él.

 

Con el paso del tiempo, el uso cada vez más generalizado de dispositivos inteligentes, la importación de términos foráneos, y cómo no, la manipulación tan descarada que Fernando 5algunos dirigentes políticos de nuestras comunidades autónomas han hecho y hacen de la historia, me lleva muchas veces a preguntarme: ¿Qué hemos perdido y qué hemos ganado en cuanto a nuestra identidad a través del lenguaje en esta era postmoderna?

 

En el caso que nos ocupa, el de la lengua, la globalización – acentuada por la utilización de Internet – hace que el bilingüismo distinga a gran parte de los países desarrollados. En este sentido, hemos ganado con la incorporación de otros términos, nuevos conceptos y usos adquiridos. Por el contrario, creo que hemos perdido en lo que respecta a la desvalorización de nuestra propia lengua frente al inglés y en el dominio de esta última en la mayoría de sitios y páginas más visitadas de la red en detrimento del español.

 

Creo que nos hemos ido distanciando de nuestras raíces. Estamos viendo cómo cada día se agrandan las distancias generacionales: Los abuelos ya no se ocupan tanto como antes de culturizar a los nietos a través de historietas familiares, tradiciones, etc., e igualmente son escasos los hogares en los que se transmiten las costumbres, en parte también por los nuevos modelos de familia. A este distanciamiento también contribuyen los medios de comunicación, frente aFernando 4 los cuales, los niños pasan buena parte de su tiempo abstraídos mientras adoptan y asimilan los términos de uso frecuente en ellos ignorando los vocablos equivalentes de su idioma.

Para mí ya son sólo un recuerdo las largas cartas que me escribía con mi familia y amigos. En este punto recuerdo con mucho agrado y mayor provecho que, con catorce años y recién incorporado en la Universidad Laboral de Gijón, mi maestro hasta entonces en la escuela unitaria de mi pueblo, D.Eutiquio, cuando recibía una carta mía, en su respuesta me devolvía la mía corregida ortográficamente. Nunca se lo agradeceré bastante.

 

Hoy todo exige velocidad. Hace unos días le comentaba a una buena compañera: “Me molesta enormemente enfrentarme a los noticiarios de televisión y comprobar la forma en que se dan las noticias: con prisas, sin signos de puntuación, carentes de puntos y seguido y puntos y aparte, mezclando el nombre del protagonista con el del reportero o reportera de turno… Me queda la sensación de que pretenden con ello ser los primeros en dar la noticia, al precio que sea”.

 

Aunque no ha sido ni será el único testimonio – que sin duda, yo comparto –  el escritor peruano y galardonado con el premio Nobel de literatura en 2010, Mario Vargas Llosa, nos recuerda que el castellano es un idioma que se fortalece y expande cada día, pero que no debemos descuidar ni dejar de defender.

 

 

 

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