Encandilar a los alumnos

A nadie creo que sorprenda lo que el entorno educativo ha cambiado en los últimos tiempos

 

Vaya por delante que mi intención con estas líneas no es hacer que mis alumnos de los niveles inferiores acaben rendidos a mis encantos Fernandode docente. En otro tiempo creo que lo conseguía y nada me gustaría más que volver a lograrlo. Lo que pretendo, a pesar de los años, es conseguir conectar con ellos, que se alegren de verme, que esperen con ilusión la clase que les tengo preparada, que sean capaces de ver en mí a alguien cercano.

 

En otro tiempo entraba en el aula sonriendo – no podemos negar la importancia que tiene el lenguaje no verbal a la hora de comunicarnos –. Personalmente, la entrada en el aula era un momento al que no hace tanto tiempo le concedía muchísima importancia porque en cierta manera, podías llegar a adivinar cómo se desarrollaría la clase. En mi caso siempre intentaba entrar con una sonrisa, pero con el paso de los años ya no lo hago tanto. Y entraba con una sonrisa porque sé que es contagiosa, y siempre habrá algún alumno que te la devolverá en algún momento – probablemente con ese alumno habrás conseguido conectar hasta el final de la clase –. No entendía el empeño de algunos profesores, y ahora el mío, de entrar con el semblante serio o demostrando enfado. No tenía ni tengo ahora muy claro que el semblante serio implique mayor control del aula y mayor disciplina, tiempo habrá de ponerse serios durante la sesión lectiva.

 

Yo era y sigo siendo amigo de contar anécdotas. He observado que es una buena forma de conectar con los alumnos. Una anécdota que puede ser propia o de otra persona. Las anécdotas, como las historias, tienen un enorme poder de seducción para losFernando_1 alumnos. Debemos ser capaces de poder usarlas de una forma inteligente, porque son una excelente forma de captar la atención, de disminuir conductas de ruptura brusca, de encandilar a tus alumnos.

 

También hemos de aprender de los alumnos, creo que no hay mejor manera de encandilarles que hacerles ver que un día ellos te han enseñado algo. Se trata de un truco muy sencillo ya que puedes aprovechar los módulos que hayan tenido ese mismo día. La propia pizarra tradicional puede darte un montón de pistas: Hazte el curioso, y deja que ellos te enseñen algo que saben, algo que para ellos tiene cierto valor y escúchales con atención, de forma activa, asintiendo con la cabeza. Hazles sentir importantes, hazles sentir que ellos también tienen algo que decirte.

 

Decir o hacer algo inusual también funciona. No, no se trata de hacer el payaso en clase; dicho sea de paso, aunque quisiese, mi carácter no me lo permitiría. De lo que se trata es de llevar a cabo algunas actuaciones que se salgan de lo normal en una clase lectiva. Puede tratarse de un gesto, un movimiento, cambiar el tono de voz, andar de puntillas hacia un alumno que está medio Fernando_2dormido… Estas extravagancias pueden llegar a tener un poder tremendamente efectivo porque descolocan al alumno y al mismo tiempo consigues arrancarle una sonrisa de complicidad. Intenta hacer de la sorpresa una de tus mejores armas para encandilar a tus alumnos.

 

Incluso bromea porque cuando bromeamos, estamos enseñando a nuestros alumnos que nos podemos reír con ellos y no de ellos. Una broma hecha a tiempo es un arma tremendamente poderosa para establecer un vínculo emocional con tus alumnos: Favorece el lenguaje figurado, rebaja la tensión, crea distensión, sirve para establecer transiciones entre las diversas actuaciones en el aula… En muchas ocasiones no somos conscientes de que las grandes clases se nutren de estas pequeñas actuaciones.

 

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