¿Violencia gratuita?

Nos encontramos hoy con niños de 10 años y en muchas ocasiones aún menores, convertidos en dueños de ordenadores que en muchas ocasiones no pertenecen ni a sus padres, sino a algún tío, primo o abuelo al que van a visitar

 

Muchas veces los padres controlan en casa, pero… ¿cuántas veces también en casa hemos visto al niño entretenido con la tableta, por ejemploviolencia grauita1 después de una comida en el mismo salón, sin que nadie observe en qué está metido? ¿No hemos visto cada uno de nosotros esta práctica en restaurantes? Total, así el niño no molesta. Y para completar…  ¡cuenta con auriculares propios para poderse aislarse totalmente!

 

Y cuando los padres logran controlar la situación en su propia casa, el niño ya se las ingenia para conseguir utilizar cualquier ordenador en la de sus familiares. En alguna ocasión algún adulto que logró curiosear un videojuego que estaba utilizando un niño de 10 años, vio que de esa pantalla salía lo peor de lo peor; los héroes tenían en común el ser traficantes de droga a los que se les permitía robar coches, maltratar mujeres, invadir las aceras a toda velocidad o acabar con sus rivales de la forma más sangrienta posible. Al preguntarle al niño si esto no estaba prohibido contestó que sí, pero que era muy sencillo COMPRARLO Y PONERSE A JUGAR. En este caso concreto, se trataba de un niño hijo de padres separados y se daba la situación de que la madre le tenía totalmente controlado el acceso a Internet, pero cuando se encontraba con su padre, éste se lo permitía sin ningún problema. Lógicamente no quiero decir con ello que este patrón de padres separados se aplique universalmente, es sólo un ejemplo real.

 

Si nos adentramos en el conocimiento de lo que se llama aventura digital, podemos encontrar otros ejemplos como en el que el protagonista sostiene en su mano una sierra eléctrica y va haciendo pedazos a cuanta gente ve y así obtiene el mayor número de puntos; en otro ejemplo, se ganan muchos más puntos si el protagonista con su coche atropella y deja convertidas en una especie de papilla a un número lo más elevado posible de peatones. Todo esto no quiere decir que el chico que se habitúe a violencia grauita 2estas artes se convierta en un chico agresivo e insociable; esto, como digo, no siempre se cumple, a veces son asustadizos, sensibles o dulces.

 

Sí que hay muchos padres que se preguntan si este tipo de juegos son buenos o malos para el desarrollo de sus hijos, pero la realidad es que no hay una respuesta única ya que puede depender, por ejemplo, del tipo de juego y especialmente de la personalidad del niño.

 

Es muy necesario que los padres conozcan el tipo de juego al que sus hijos se están aficionando. Es de justicia reconocer que algunos de estos juegos promueven ciertas habilidades de tipo motriz, rapidez de pensamiento, coordinación visual-motora y poco más. De todas formas no permite crear ni comunicarse, dos factores básicos para que el joven adquiera unas habilidades que en su edad adulta van a ser imprescindibles.

 

Los consejos básicos que técnicamente se deberían poner en práctica, se podrían sintetizar en los siguientes:

 

– No dejar que se juegue antes de los seis o siete años, a esas edades los niños    

  no tienen capacidad para diferenciar realidad y ficción claramente.

– Antes de los diez años, no permitir que se juegue a juegos de lucha y

   disparo, ya que los niños de esas edades son muy vulnerables a determinadas

   imágenes impactantes.

– Vigilar cuál es el tipo de juego al que suelen jugar los hijos, animarlos a que

   alternen entre varias clases.

– No permitir que el niño esté más de una hora seguida jugando a su

   videojuego (ni siquiera en vacaciones).

– No permitir que un videojuego interfiera en actividades cotidianas: salir

   con los amigos, jugar a deportes u otros juegos, los deberes y la comunicación con

   la familia.

 

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