…y llegó el otoño

Todos los años por estas fechas sentimos las mismas sensaciones al advertir el comportamiento general de la gente, de los medios de comunicación, de las instituciones,etc.

 

Ha comenzado de nuevo el ciclo vital. Así como para la naturaleza es la primavera la que marca todos los años ese renacer de la vida, lucia (2)para los humanos parece que el otoño es el momento de plantearnos los nuevos proyectos personales: ya sea superar de verdad ese idioma que se nos resiste, ya sea volver al “ansiado peso ideal”, ya sea comenzar ese cursillo tan deseado o tantas otras cosas que desde nuestra “cómoda situación” de sol y playa del verano, nos hemos propuesto. En esta época soñamos con un horizonte cercano mucho más agradable, y hasta vemos muy factible nuestra felicidad en ese nuevo estadio; de hecho, se dice que “en el camino está la felicidad” y por eso, la necesidad de nuevos objetivos, de nuevos caminos.

 

La verdad es que en este sentimiento especial, coinciden muchos ámbitos: los deportes tienen su nuevo ciclo, el dinero corre detrás de las estrellas para crear nueva ilusión en los aficionados, los espectáculos presentan sus nuevas campañas con las obras de teatro más impactantes y con las nuevas películas que han aguardado el otoño para su presentación, la moda reserva para estas fechas las pasarelas de mayor renombre para exhibir sus mejores colecciones, como así  acontece en la presentación de las novelas de más amplio impacto del momento y en la programación de televisión, que se renueva en estas fechas.

 

Todo parece que empuja en la misma dirección, y es esto (creo yo) lo que nos imprime una energía añadida para afrontar nuevos retos. Por otro lado, bienvenida sea esta energía para compensar el bajón que sentimos todos en alguna medida, por el final de la cálida estación veraniega y el reencuentro con la rutina del trabajo. Todo esto parece que nos aporta una cierta fuerza interior, como decíamos antes, para emprender nuevos objetivos que nos permitan vislumbrar nuevas metas y sentir desde estos momentos un bienestar especial ante tan alentadora perspectiva.

 

Con el paso del tiempo analizamos nuestro grado de cumplimiento (distinto en los ciclos ya vividos) y frecuentementelucia (6) justificamos el mayor o menor logro de esos objetivos por unas u otras razones. No obstante, al comienzo del siguiente otoño, nuestro propósito vuelve con la misma fuerza (si no más) que el ciclo anterior. Parece que la energía vital que vemos en la naturaleza todas las primaveras, en su resurgir del letargo invernal, empujara con fuerza y también nos afectara a nosotros, aunque con un cierto desfase – en cierto modo, es lógico pensar algo así porque formamos parte de ella -.

 

Para los que estamos en el entorno educativo, nuestro ciclo está clarísimo: Comienza en otoño y acaba en verano por lo que el impulso experimentado en esta época es de una lógica aplastante; en estas fechas,lucia (5) programamos el curso, reiniciamos nuestros objetivos y siempre, aunque no nos demos cuenta, intentamos mejorar todo el proceso de enseñanza-aprendizaje para que nuestros alumnos sean cada vez más brillantes. Así que… ¡para qué nos vamos a preocupar!

 

¡Dejémonos llevar por este flujo vital cíclico, y en todo caso, aportemos nuestro granito de arena con alegría y buen humor porque el ambiente en el aula mejorará y seguro que nuestros alumnos se beneficiarán de ello, progresarán y sobre todo, serán más felices!

 

 

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