Algunos pensamientos para tratar de dominar las preocupaciones

Aunque todo ser humano se propone ser feliz, el ritmo de la vida y las circunstancias que rodean a cada uno hace que muchas veces no se logre. Las personas tenemos un común denominador y es el de nuestro constante estado de preocupación

 

Todos los días pensamos en las obligaciones cotidianas (aunque sean mínimas), en la familia o simplemente en los compromisos conOlga umaña 04-11-15 Las preocupaciones(Blanca 01-12-2015) amigos que a lo mejor no hemos podido cumplir. Lo que debemos tener claro es que la preocupación está en nuestras mentes y que podríamos dominarla, encauzarla o vencerla. Está claro que las responsabilidades de los adultos no se pueden obviar (laborales, familiares, sociales), pero sí que se pueden manejar de tal forma que no constituyan una forma de alterar nuestro estado mental y físico.

 

Si investigamos un poco, encontramos casos muy curiosos y dignos de prestar un poco de atención. Por ejemplo, Napoleón, siendo quien llegó a ser en la historia de la humanidad,  solía decir: “Jamás he conocido seis días felices en mi vida” – y esto lo decía alguien que llegó a conocer la gloria, el poder y las riquezas –. Parece que es incomprensible, pero lo cierto es que el ser humano es un ser descontento que en un porcentaje bastante alto, le da más importancia de lo que merece a mínimas preocupaciones y estamos hablando de ¡  situaciones que no son graves!

 

Según estudios, se supone que un 50% de sus preocupaciones se pueden reducir aplicando una formula sencilla que consiste en hacerse cuatro preguntas:

– ¿Cuál es el problema?                             – ¿Cuáles son sus causas?

– ¿Cuáles son las posibles soluciones?           – ¿Cuál es la mejor solución?

 

La verdad es que la naturaleza misma del individuo tiende a llenar el vacío del espíritu. Las emociones de la preocupación, el miedo, el odio y la envidia son atraídos por una energía dinámica primitiva que tiende a expulsar los pensamientos y emociones pacíficos y felices. La preocupación se apodera del individuo habitualmente cuando no se está en acción, por ejemplo, al final del día o al irnos a dormir. Se nota que la imaginación se desboca, presenta posibilidades absurdas y nos agranda errores sin ninguna meta lógica. No se debe ocupar el tiempo con actividades mecánicas que nos dejen seguir pensando, se necesitan quehaceres que requieran nuestra atención puntualmente, quizá responsabilidades que nos hagan sentir útiles.

 

Según el investigador y estudioso del tema Dale Carnegie (USA), hay formas para acabar con el hábito de la preocupación antes de que él acabe con nosotros, y plantea en síntesis las siguientes reglas:

 

  1. Expulse la preocupación de su espíritu manteniéndose ocupado.
  2. No se agite por pequeñeces, no permita que destruyan su felicidad.
  3. Utilice la ley de los promedios para eliminar la preocupación. Pregúntese ¿cuáles son las probabilidades de que esta cosa pueda suceder?
  4. Coopere con lo inevitable. Si sabe que realmente hay algo que no está a su alcance, dígase: “es así, no puede ser de otro modo”.
  5. Decida qué medida de atención merece el asunto y niéguese a dedicarle una atención mayor. Para esto se necesita ¡VOLUNTAD!
  6. Deje que el pasado ocurra. No trate de aserrar el aserrín.

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