Lectura y memoria

Yo tuve la suerte de empezar a leer muy pronto. Vengo de una época en la que afortunadamente mi maestro, el de la escuela unitaria de entonces, me inculcó ese vicio, y eso facilitó mucho las cosas

 

Creo que tengo lo que puede llamarse memoria literaria. Hace algún tiempo, un buen amigo mío por desgracia ya fallecido,Fernando grandísimo lector y también escritor, en uno de los muchos encuentros que teníamos, me propuso que elaborase la lista de los libros que, de una u otra forma, más habían influido en mi vida como lector y como persona. Me puse a ello por curiosidad y, para mi sorpresa, descubrí que de esos libros, la mayor parte de ellos los había leído antes de la mayoría de edad. Y me sorprendí de que, en realidad, el resto de mi vida, lo que he hecho ha sido buscar en otros libros, en los amigos, en todo lo demás, la huella que esos libros dejaron en mí.

 

Los seres humanos solemos a veces llamar “nuevo” a lo que en realidad hemos olvidado. Sin embargo, Fernando_1todo sigue estando ahí. Los libros, la lectura, no sólo dan el conocimiento de una lengua y su uso correcto, sino que transmiten también conocimientos. Igualmente son como puertas al pasado, viajes del tiempo que te permiten, cuando eres joven y ya no tanto, pelear junto a antiguos guerreros, construir las pirámides de Egipto, navegar por mares tenebrosos, vivir la España del Siglo de oro, la independencia americana o un gran descubrimiento en un laboratorio.

 

La lectura proporciona herramientas prácticas para la vida, se adelanta a lo que de jóvenes tendremos que vivir en el futuro. Nos proporciona analgésicos para soportar el dolor, armas para combatir, mecanismos para comprender. Pone a nuestra disposición todos esos años de cultura, de ciencia, de experiencia y de memoria.

 

Hemos llegado a crear un mundo duro, complejo y difícil. Un territorio hostil donde de nuevo, como en otros momentos de la Historia, Fernando_2el ser humano va a necesitar enormes recursos intelectuales para mantener la serenidad y la lucidez. En ese mundo que nos viene, que está ahí, que siempre estuvo – pero que ahora en los confortables hogares occidentales se percibe más –, quienes hoy son niños y jóvenes necesitarán armas defensivas, recursos intelectuales y consuelo analgésico.

 

Y podrían hallarlo, por ejemplo, en libros como El Quijote, ese libro difícil de leer cuando se es joven y se está a solas, pero que en manos de un buen guía o de una persona que sepa utilizarlo ofrece extraordinario material pues todo está en él: literatura, aventura, dignidad, fracaso, ética, heroísmo, cobardía, amor, infamia, bondad, lucidez… ya que, a mi juicio, en esta España de hoy y a pesar del tiempo transcurrido, sigue estando vigente. Si Cervantes levantase la cabeza, quizá comprobase lo poco que hemos cambiado.

 

Por todo esto, necesitamos gente con mucho patriotismo cultural. Un patriotismo que nada tiene que verFernando_3 con fronteras o razas. Un patriotismo noble que busque hacernos mejores, en el que la Literatura y la lectura, sigan siendo herramientas educativas eficaces e imprescindibles. La lectura y esos libros que permitan a nuestros hijos y nuestros nietos, en tiempos revueltos de mudanza y a ambos lados del Atlántico, seguir pensando como griegos, pelear como troyanos y, cuando llegue el momento, morir como romanos.

 

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