Cuentos para todos

Hemos dejado atrás las fiestas navideñas y con ellas las jornadas de descanso y diversión para algunos, quizá de melancolía y reflexión para otros, y sin duda,  para los niños y para quienes  se sienten como tales, los días mágicos

 

Y puesto que en la niñez los sueños y las realidades discurren estrechamente unidos hasta el punto de apenas distinguirse dónde acaban blanca-o empiezan unos y otras, y en segundo lugar, porque éste ha sido el tema de una de mis últimas clases del primer trimestre,  es por lo que me ha encantado la emisión durante estas vacaciones de un programa en televisión sobre  los cuentos, concretamente el titulado “La noche de los cuentos mágicos” de Iker Jiménez.

 

Sí, de cuentos va la cosa, pero el tema no es banal aunque pueda parecerlo; prueba de ello es que aún se conserva en papiro el cuento más antiguo de la humanidad, de unos 3340 años, y  algunas fábulas de Esopo de hace unos  2500 años, tales como las de La zorra y las uvas, La liebre y la tortuga, La cigarra y la hormiga, no nos son indiferentes  pese a haber llegado a nosotros por tradición oral y de generación en generación.

 

Es cierto que todos hemos contactado con el mundo de  los cuentos en nuestra infancia, pero lo curioso es que, según opina el investigador y escritor Jesús Callejo, son para niños sólo “aparentemente”, o lo que es lo mismo, sus destinatarios pueden ser perfectamente los adultos pues por una parte, los cuentos ofrecen enseñanzas ocultas y universales; por otra parte, no todos ofrecen siempre finales amables (La sirenita y La cerillera, de Hans Christian Andersen, introducen finales trágicos), y finalmente, son una manifestación más o menos simbólica de la personalidad y vida de quienes los crearon (Por ejemplo, El Principito, el libro francés más vendido, salió a la luz después de un trágico accidente aéreo sufrido en el Sahara por su autor Antoine de Saint-Exupery; el protagonista de esta obra, el pequeño príncipe, fue una visión,blanca1 una presencia que acompañó a su autor en todo momento en su fatal experiencia por el desierto y que le salvó de morir allí, algo parecido a su Ángel de la Guarda. Igualmente James Barrie, el autor de Peter Pan, ideó este cuento para perpetuar la memoria de su hermano mayor fallecido a la edad de 13 años, ya que mientras él crecía, le obsesionaba la imagen de su hermano eternamente joven. El patito feo, de Andersen, posiblemente representa la marginación y rechazo social que su autor sufrió toda su vida).

 

Y es que, según un colaborador de este programa, el periodista y escritor Santiago Camacho, los cuentos nos ayudan a evolucionar y a crear nuestros propios sueños porque introducen arquetipos en el  subconsciente de quienes los escuchan. De ahí que sea tan interesante que los receptores de los mismos los oigan antes de dormir, momento en que nuestra mente se encuentra más abierta a recibir esta información; quienes hemos oído cuentos y hemos ido interpretándolos a nuestra manera, sin condicionamientos de ningún tipo, dejando que nuestro subconsciente descubra  por sí solo las claves y símbolos que todo cuento encierra finalmente hemos ido asimilando y entendiendo muchas de las realidades que nos rodean.

 

En el mismo sentido, el sociólogo, periodista y escritor Enrique de Vicente añade que los cuentos pueden analizarse a diferentes niveles, tienen distintas líneas de lectura igual que los mitos, y lo enriquecedor es que cada cual (niño o adulto) se quede con su propia interpretación (los adultos nunca deberían condicionar ni manipular la percepción de un niño). Es más, otro colaborador del citado programa, el profesor Aranda, expone que se ha hecho un estudio estadístico con la siguiente conclusión: en niños que han leído o les han leído cuentos en su infancia, el éxito escolar se multiplica por 5.

 

El psiquiatra y escritor J. Carlos Somoza explica que no es lo mismo un cuento leído o escuchado que el transmitido a través de las imágenes en pantalla: en este último caso, al niño se le ha robado parte de su imaginación,blanca2 se le han puesto en bandeja los conceptos, pero  su mente no los ha descubierto, no se ha detenido a pensar en ellos y por tanto no los ha creado.

 

El presentador del programa, Iker Jiménez, cierra este espacio con unos comentarios a modo de recapitulación: “La lectura de los cuentos aporta un poder benéfico y casi balsámico tanto para  el que los cuenta como para el que los escucha. Inventar algo siempre te transforma y renueva, siempre resulta enriquecedor”.  

 

Sinceramente, yo no puedo estar más de acuerdo con él y con los demás testimonios. He sido muy feliz oyendo cuentos, recreándolos en mi cabeza, contándolos… y esto nunca me ha parecido un tiempo perdido. Gracias a esta tradición secular, han llegado a mí muchas historias maravillosas de las que siempre he aprendido algo – incluso sin advertirlo – o que me han ayudado a  soñar. Por ello, porque quiero seguir ilusionándome y porque  espero que “todos seamos felices y comamos perdices”, vaya por delante mi primer deseo para todos en el 2016: que los cuentos nos sigan acompañando por muchos, muchos más años.

 

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