La cuesta de enero

Esta conocida expresión siempre la hemos asociado a la cuestión económica, sin embargo, “la cuesta de enero” puede englobar muchos más ámbitos…

 

Apenas hemos dejado atrás el mes de enero y estas palabras “la cuesta de enero”, surgen, como todos sabemos, para dar nombre a la lucia 1situación económica en la que se encuentra parte de la población tras las fiestas navideñas. En las mismas, solemos tender al gasto excesivo, pero no solo en regalos, como pueda pensarse, sino en un sinfín de cosas: alimentos para las cenas y comidas festivas, decoración navideña, desplazamientos a otros lugares con los consiguientes gastos en combustible y hospedaje, cenas y almuerzos con amigos, compañeros de trabajo… e incluso puede ser peor si nos gustan los deportes de invierno y escogemos estas fechas para desplazarnos a alguna estación de esquí. Queda claro, por tanto, que muchas veces en estas fiestas “tiramos la casa por la ventana” y si no controlamos nuestros gastos, podemos sufrir necesidades en enero; es por esto que decimos que enero se hace largo, como si de una cuesta se tratase, contando los días para que acabe el mes, y podamos en febrero retomar el control de nuestra economía.

 

No obstante, hay otras “cuestas de enero”. Una de ellas, y para mí la más curiosa, es la aparente falta de energía para retomar la rutina. En principio, el sentido de cualquier periodo de vacacioneslucia 3 es descansar, relajarnos y reponer energías para volver con más fuerzas cuando nos toque reanudar el trabajo o el estudio. Esto se hace notablemente evidente en septiembre cuando nuestras “pilas” están totalmente “cargadas” y empezamos el curso llenos de energía y de buenas sensaciones – de igual manera, los alumnos por un lado llegan con sus mejores intenciones auto-convenciéndose de que este año sí van a trabajar y van a llevar todo al día , mientras que nosotros, los profesores, llegamos por otro lado, con ilusión, con energía y cargados de nuevos proyectos –. Sin embargo, nada más lejos de lo que ocurre en enero; en este caso, parece que durante la Navidad nos hayan quitado toda la energía.

 

Pero, ¿por qué esta diferencia entre ambas situaciones? Pues no lo puedo contestar a ciencia cierta, pero en gran medida creo que es debido al ajetreo con el que vivimos las pasadas fiestas; los días de descanso lucia 4acaban finalmente estresándonos más que cuando experimentamos nuestra rutina cotidiana, pasamos las jornadas vacacionales a la carrera buscando frenéticamente regalos y metidos en centros comerciales llenos de gente –siempre y cuando tengamos tiempo entre visitas familiares, compromisos con amigos, etc.– Al final, no hemos reservado ni un día de descanso para nosotros mismos, y cuando todos los acontecimientos han pasado, parece que el tiempo se para y te das cuenta de que las vacaciones concluyeron y lamentablemente tú no te has dedicado ni un segundo a ti mismo y ya es tarde para ello porque el regreso a la rutina es inminente.

 

Así es como llegamos de nuevo al trabajo, a clase, sí desconectados de aquello en lo que estábamos inmersos antes de las vacaciones, pero a la vez sin la energía suficiente para volvernos a conectar. Esto se ve claramente en nuestros alumnos por lo que deberíamos ser conscientes de ello y adecuar el planteamiento de las clases a nuestro regreso: comenzar “suave” e ir incrementando progresivamente la intensidad de las clases.

 

Y por si no fuera suficiente con el déficit económico y energético con el que tenemos que afrontar el segundo trimestre, subir la “cuesta de enero” resultará más complicada “equipados” con los probables “kilitos de más» que, sin duda, habremos ganado.

 

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