Esa sensación de que en clase le hablas a las paredes (Parte 2)

Voy a seguir contándoos estrategias de trabajo que favorezcan el que nuestros alumnos nos atiendan y lo que es más importante, mantengan esa atención en nuestras clases.

Como ya comenté en el anterior artículo, la atención varía a lo largo de la clase y, en un alto grado, depende de estímulos que al alumno le resultan relevantes e interesantes. Así que, está claro que cuanto más reduzcamos movil-en-clase-jesus-marrero-bloglos posibles estímulos distractores, mejor rendimiento tendremos.

En general, considero que los principales elementos que distraen a nuestros alumnos son los otros alumnos y, el móvil. En estos temas, seguro que ya cada uno tiene sus trucos y estrategias a utilizar para solucionarlos… pero yo voy a aportaros mis ideas:

Con respecto a los alumnos habladores, lo más sencillo es separarles en caso de que la dinámica de clase nos lo permita: separar a los que continuamente están hablando entre ellos, a “los grupitos” que ya sabemos que no callan, etc.

En el caso del móvil, podemos solicitarles que lo guarden en la mochila, la cazadora, etc. hasta que la clase concluya. Incluso podemos retirarles el móvil temporalmente durante la duración de la clase si este no nos sirve como herramienta de trabajo en el aula. Sobre este tema habrá alumnos que nos acusen de no tener en cuenta la Ley de Protección de Datos Personales, pero al menos, ya existe legislación al respecto, (Los profesores podrán retirar el móvil a los alumnos que lo usen sin autorización). Mi recomendación ante esta situación es no guardar el móvil en ningún lugar, sino dejarlo a la vista del alumno; encima de nuestra mesa, por ejemplo, e incluso invitarle a que sea él mismo el que lo ponga en ese lugar. En caso de que se niegue, yo valoraría muy negativamente esa actitud en el aula, lo cual influirá en su continua evaluación. A mí esta estrategia me funciona, yo no toco en ningún momento su “preciado dispositivo”, pero dejo claro que en mi clase si no es como herramienta de trabajo no lo quiero.

En caso contrario, por ejemplo, porque no disponen de ordenadores, podemos usar el móvil como herramienta de trabajo, aunque en algún momento concreto no hagan un “uso educativo” del mismo.

El uso que hacemos del lenguaje también es muy importante. Y me refiero al lenguaje verbal, paraverbal y no verbal. Utilizar un lenguaje cercano, comprensible, con cambios de tono a lo largo de profesora-coleganuestras explicaciones, dando énfasis en determinados momentos a nuestro discurso favorecerá una comunicación más didáctica. Por otro lado, mirarles a los ojos y mantener su mirada, sonreír de vez en cuando, hablar con las manos y mostrar una postura corporal abierta y disponible hacia ellos (inclinándonos hacia delante, por ejemplo, cuando vamos a su sitio porque nos han consultado algo), son aspectos de la comunicación no verbal que favorecerán el proceso comunicativo con nuestros alumnos lo que seguro supondrá una mejora de su atención.

Otras estrategias que podemos usar si queremos mantener la atención de nuestros alumnos es hacer uso de estímulos que favorezcan dicha atención. Por ejemplo, utilizar apoyo visual en nuestras explicaciones: el uso de presentaciones, imágenes, videos, esquemas en la pizarra, entregar materiales y suplementos para completar las clases, ofrecer pequeñas recompensas a los que sigan mejor las instrucciones, etc., mejoran significativamente la atención.

También podemos movernos por el aula mientras explicamos (así ellos también tendrán que moverse para seguirnos con la mirada y no podrán seguir hablando con sus compañeros y, si están “jugando con su móvil” tendrán que esconderlo porque estaremos más cerca para controlarles).

Si el alumno está molestando con un “rum, rum de fondo” mientras explicamos porque está hablando con un compañero o está realizando cualquier otra actividad que “distrae” al grupo clase, podemos acercarnos a él sin interrumpir la sesión lectiva. Mantendremos el mismo tono de voz y, nos desplazaremos de forma natural y calmada, tratando de no llamar la atención y siguiendo con el ritmo de la clase. Cuando estemos a su lado, simplemente colocaremos levemente una mano sobre su hombro durante un momento. Seguro que el alumno capta el sentido de nuestro mensaje o, al menos, la invasión de su espacio personal le llamará la atención y dejará de hacer aquello que interrumpe nuestra clase.

Algo que seguro ya todos aplicáis en el aula pero que, considero sería un sacrilegio no mencionar en un artículo que trata este tema es el hecho de que es imprescindible hacer al alumno participe y protagonista de su formación. Debemos favorecer una participación activa a lo largo de todo el proceso de enseñanza aprendizaje. Hacerles preguntas constantemente, que expongan ellos partes del tema (cuando lo hacen ellos, el resto está más atento porque son los iguales y, nos guste o no, son más significativos, sobre todo en adolescentes), manejar y adaptar los contenidos para que ellos les vean una utilidad práctica, etc.

Y, por último, algo que siempre olvidamos: debemos tener en cuenta y elogiar también a los alumnos que lo hacen bien, a los que mantienen su atención y participan activamente de nuestras clases, ya que pueden servir de ejemplo al resto. La experiencia docente nos proporcionará, sin dudarlo (más allá de la teoría y los manuales pedagógicos) multitud de trucos y estrategias que nos ayuden a mantener la atención de nuestros alumnos en el aula, así que…se aceptan sugerencias.

 

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