Deberes sí,no… o depende

Cada año comenzamos el curso acordándonos de un tema que genera polémica en muchos países del mundo: ¿debe o no haber deberes para los alumnos cuando llegan a casa? Para mí la respuesta es relativamente sencilla: “Usemos la cabeza, seamos lógicos, racionales”.

Este curso 2016-2017 ha comenzado con varias polémicas. A la ya conocida sobre el cambio de calendario escolar en Cantabria se ha sumado otra, que aunque no es nueva, sí se ha planteado ahora con más radicalidad. Políticos, pca-decroly-digital-iprofesionales de la enseñanza, padres-madres… hasta empresas como Ikea, supongo que dentro de eso que se llama Responsabilidad Social Corporativa, han expresado su opinión al respecto.

De partida voy a decir que, tal vez marcado por mi forma de ser, hay que huir de radicalidades. No voy a calificar la propuesta que ha hecho la Confederación española de asociaciones de padres de alumnos (Ceapa), mayoritaria en la escuela pública, lanzando un llamamiento a los progenitores y a los maestros para que hagan boicot a las tareas escolares. La campaña contra los deberes empezará, han anunciado los padres, con la petición de que los niños no tengan que hacer tareas escolares en casa al menos durante los fines de semana de noviembre. Si al final no fuera así, si los maestros siguen mandando deberes los fines de semana de noviembre, las familias se negarán a que sus hijos los hagan. ¡¡¡Me parece increíble!!! Como siempre, quitando autoridad al profesor. ¿Esas son las enseñanzas que queremos transmitir a nuestros hijos?

Vayamos a tratar el tema de forma seria. La cuestión en mi opinión se ha planteado de forma muy simple: ¿son muchos, demasiados, los deberes que tienen que realizar nuestros hijos en casa o nos hemos pasado al cuestionar que nuestros pequeños realicen dos o tres actividades todas las tardes?

Creo que, primero, debemos hacer una poco de recordatorio histórico. Cuando los chicos de nuestra generación estudiábamos (los que ahora tenemos más de 40 años) al acabar las clases, participábamos en los deportes escolares jugando en el patio del colegio con nuestro bocadillo y… para casa; “tele” poca, los móviles, tablets y wiis no existían… y nos dedicábamos a hacer los deberes con mayor o menor ayuda familiar. No nos fue tan mal, digo yo.

Evidentemente, el modelo de sociedad, el modelo escolar ha cambiado. Hay demasiada presión con los niños, se quieren hacer muchos actividades en poco tiempo. Los alumnos de la ESO no van a clase por la tarde. ¿Qué hacemos con nuestros hijos? Actividades extraescolares, clases particulares y padres y madres actuando de taxistas de aquí para allá. Llegan a casa y ahora hay que hacer deberes. ¡¡¡Puff!!! No critico el sistema de vida, sólo lo expongo. ¿Para cuándo dejamos el descanso, el juego, la convivencia familiar, los deberes? Es evidente que el tema es complejo, más allá de deberes sí o no.

Los extremos nunca fueron buenos. Para mí es una barbaridad que niños/as de primaria pasen dos horas haciendo deberes todas las tardes. Pero también es una barbaridad que se supriman los deberes por ley. Hay que buscar el consenso, tendiendo a una racionalización y coordinación de las tareas impuestas.

Vale, entonces ¿deberes, sí o no? Depende. En mi opinión, no es cuestión de quitar o poner deberes. Es cuestión de cambiar el enfoque. Debemos plantearnos para qué sirven los deberes. Posiblemente pca-deberes-irepetir el ejercicio de matemáticas que hemos hecho en clase 10 veces no sirva de mucho (y si a eso sumamos diez actividades de lengua, diez de inglés, etc. sirva aún de menos). Tal vez podamos cargar a nuestros alumnos con experiencia o con creatividad. No es fácil. Eso nos obliga a cambiar el chip a profesores y a padres/madres. El objetivo de los deberes, bajo mi punto de vista, es darle al chico/chica herramientas para que forje su propio aprendizaje, para que aprenda a aprender. Hay mucha variedad y tipos de actividades que se pueden hacer en casa para repasar y afianzar conocimientos y no tienen por qué ser los deberes tal y como los conocemos hoy. Un ejemplo (y que me perdonen los profesores de inglés por meterme en donde no me llaman): 30 minutos viendo en la televisión determinada serie recomendada por el profesor en versión original (inglés) puede ser mejor que 60 minutos de deberes escritos.

Sí me gustaría terminar este artículo con unas conclusiones que no son mías, pero que suscribo. Estas conclusiones han sido publicadas en confidencial.com por el filósofo, ensayista y pedagogo español, José Antonio Marina:

Las conclusiones a las que hemos llegado en la Universidad de Padres son:

1.- El lugar de aprender las disciplinas académicas es la escuela. La tradicional idea de que en la escuela se escucha y en casa se estudia no es de recibo en primaria y secundaria. Los padres no pueden ser maestros de sus hijos.

2.- Las actividades de repaso son necesarias, y si se hacen, por ejemplo, tres o cuatro horas después de haber aprendido algo, son extremadamente eficaces.

3.- Hay actividades que necesitan un entrenamiento repetitivo (la lectura, por ejemplo) que puede exigir más tiempo del que se le puede dedicar en la escuela. En eso, la ayuda de los padres puede ser necesaria.

En algunos países se ha implantado un sistema de portfolios –una recopilación de los trabajos del niño- que nos permite seguir sus progresos

4.- Es importante que los padres demuestren interés por lo que sus hijos han aprendido. Mientras les hablan de ello, lo están repasando.

5.- En casa, los hijos pueden aprender otras muchas cosas extraordinariamente importantes: responsabilidad, organización del tiempo, valoración del trabajo. Las “tareas de casa” son tareas muy educativas.

6.- Cada niño aprende de una manera diferente, a una velocidad distinta, con unos intereses especiales y con unos recursos y unas dificultades propias. Por eso, el ideal -sin duda muy difícil en las actuales pca-deberes-iicircunstancias de la escuela- sería que el profesor graduara la cantidad de deberes de cada niño, teniendo en cuenta sus circunstancias concretas. Por eso, estamos investigando sobre la conveniencia de formar “tutores de aprendizaje”, expertos en guiar la evolución educativa general de cada niño. En algunos países se ha implantado un sistema de portfolios -una recopilación de los trabajos del niño desde que entra en la escuela- que nos permite seguir sus progresos y sus dificultades.

7.- En general, nos parece sensata la regla de los 10 minutos propuesta por el profesor Harris Cooper, de la Universidad de Duke. El autor considera que los alumnos que hacen deberes tienen mejores resultados que los que no, pero solo si lo hacen con la calidad y cantidad adecuada. Propone que los alumnos de primer curso de primaria se impliquen 10 minutos diarios, y que se vaya incrementando este tiempo 10 minutos en cada curso, lo que supondría estudiar una hora el último curso de primaria. En secundaria, los deberes son más necesarios y se deberían alcanzar las dos horas al día.

8.- Lo importante no es que el alumno ‘estudie’, sino que aprenda. Y conseguir esto es un arte.

Lo dicho: más racionalidad y menos ideología y radicalidad.

 

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