Cuando nos gusta lo vintage, pero destruimos lo antiguo

Cada vez que visito Portugal me enamoro un poco más de este país vecino donde el respeto por la tradición se abraza con la vanguardia en total sintonía

Parece mentira que un país donde todo lo vintage está tan de moda desde la ropa, la música y un largo etcétera, haya destruido y siga descartando todo lo que suene pepe 1a viejo con una pasividad pasmosa por parte de todos. En España debemos mirar un poco más a nuestro país vecino y quizás no tanto para países que nos queden más lejos.

Si hay una frase que repiten los turistas sobre Portugal es lo bonitas que son sus ciudades, con ese encanto decadente mezclado con la vanguardia. Pasear por Lisboa, Oporto o Braga es disfrutar de ciudades donde el respeto por lo pasado se refleja en cada rincón, en cada casa, bar o tienda. Quizás, lo más llamativo a primera vista, sea ver cómo en todas las construcciones han sabido restaurar y mantener esa arquitectura tradicional sin olvidarse de los avances propios de esta época. Sus fachadas llenas de azulejos, sus ventanas y sus impresionantes balcones de forja de la de verdad, de la que solo los maestros artesanos saben hacer, no esos tres barrotes rectos sin más misión que proteger. En Portugal las fachadas de las casas siguen siendo un fiel reflejo del saber hacer de los artesanos que tanto han trabajado para poder hacer esas maravillas que te trasportan a unos tiempos donde la estética era una pieza clave, y es que todos preferimos vivir en lugares bonitos.

Pero ese respeto que a simple vista se aprecia va mucho más allá; ver cómo en las más grandes urbes portuguesas, incluida su capital, el comercio tradicional pepe 1 oportosigue vivo, me hace pensar en que detrás de esa decadencia hay una clara intención, una postura ante la vida que se muestra de muchas maneras ante los ojos de los turistas que allí nos congregamos. En Portugal, la gente todavía sigue comprando en el comercio de barrio, en ese que te conocen e incluso te fían si es necesario. Esas pequeñas tiendas donde uno va a pedir trabajo y cuyos beneficios tienen un claro retorno en la comunidad –y es que no podemos olvidarnos de que en España esto era lo normal hasta que nos hemos querido poner modernos–. Incluso en los pueblos de esta Cantabria tan rural, nos hemos vuelto snobs, no queremos tiendas de barrio sino centros comerciales y no queremos que nuestros vecinos nos conozcan y nos hablen, queremos ser como en esas series extranjeras en las que uno es capaz de morirse en su casa y ningún vecino te echa de Pepe2 oportomenos… ¡cuánto deberíamos aprender a valorar el contacto con las personas, la comunidad es vital y eso en Portugal se nota y se mantiene!

Sin embargo, en España, como digo, esto se ha perdido; nos hemos querido modernizar y hemos decidido romper con la tradición, olvidarnos de nuestra esencia, hemos querido deshacernos de todo lo que suene a viejo. Tiramos o dejamos caer el patrimonio igual que dejamos a las personas en “residencias de la tercera edad”, como quien deja un mueble en la calle y es que, como apuntaba arriba, detrás de pequeños detalles suele haber una postura ante la vida que se acaba reflejando en todos los aspectos. Pero hay que tener cuidado, no debemos olvidarnos de que lo que hoy es joven y moderno, en no mucho tiempo es viejo y pasado de moda y sólo se salvará si algún famoso de turno decide que es “vintage”, entonces como el término es en inglés, querremos mantenerlo porque todos sabemos que lo vintage es chic y lo viejo sobra.

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