Principios de Aprendizaje

Suelo ser una persona curiosa, y tengo la suerte de poder dedicarme a lo que me gusta que es la enseñanza. Esta combinación hace que en las redes sociales, además de seguir a Alma Obregón o a Isaweis y sus consejos de cocina y maquillaje,Miriam me guste curiosear en las publicaciones de personas como Raúl Santiago, profesor de la Universidad de la Rioja y referente en España del Flipped Classroom, o de César Bona, considerado por algunos como el mejor profesor de España

De este modo, al igual que las empresas, realizo un proceso de benchmarking e imito a los mejores del “sector”; aunque en este caso más que imitarlos, lo que intento es aprender algo de ellos de manera que pueda ir mejorando poco a poco.

Fue precisamente echando un vistazo en la página The Flipped Classroom cuando me encontré con una entrada denominada “5 Principios básicos de aprendizaje que cada profesional de la educación necesita saber”. Con un título así, ¿cómo no iba a entrar y curiosear lo que decía? Permitidme que en esta entrada haga referencia a cada uno de los principios, aportando mi visión personal.

El primero de los principios hace referencia a lo que todos experimentamos cuando somos alumnos, pero rápidamente olvidamos cuando cambiamos de rol en el aula. Cuando vamos a un curso, congreso o presentación y el ponente restringe su actuación a una exposición de ideas con una lectura de una presentación, quizá en Power Point para demostrar que está adaptado a la era digital, todos nos aburrimos y el tema suele resultarnos árido y poco interesante; y es más, a los dos días no recordamos de qué nos habían hablado. Sin embargo, si el ponente interactúa con los asistentes buscando un diálogo activo, con ejemplos y tratando de relacionar lasMGI1 ideas con la vida real, e incluso proponiendo algún tipo de experimentación, el tiempo se pasa volando, y no solo eso: estamos más atentos y aquellas ideas y conceptos que trataba de transmitirnos son realmente interiorizados.

El segundo principio se refiere a la repetición, o más bien a que aquello que no usamos se olvida. Esto es algo que siempre he tenido claro y que el lunes, en el primer día de un curso de estrategias metodológicas me volvieron a demostrar, cuando el ponente proyectó un límite y preguntó que cuántos de nosotros seríamos capaces de resolverlo. Hace 15 años estoy segura de que no hubiese tenido ningún problema para hacerlo, pero he de reconocer que el lunes no hubiese sabido por dónde empezar. Pero no hace falta que pase tanto tiempo: si nuestros alumnos memorizan las cosas y tenemos suerte, podrán recordarlas para el día del examen, sin embargo al cabo de un mes, no sabrán ni de qué les estamos hablando, lo cual es un problema en un proceso de aprendizaje acumulativo. Por tanto, considero importante enlazar los contenidos de las Unidades Didácticas en las que se dividen las materias de manera que sean capaces de entender el conjunto de manera global, y evitar el “eso era del primer tema, ya no cae”.

En cierto sentido, esto enlaza con el tercer y cuarto principio, esto es, con la sobrecarga cognitiva y la necesidad de vincular los contenidos con su realidad. Así, al igual que las empresas, las personas tenemos recursos limitados; lo que en este caso se traduce en que no somos capaces de procesar una cantidad infinita de datos. Por lo que es necesario aprender a discernir la información útil de la que no lo es, y en el caso de la docencia, deberíamos ser capaces de dividir los contenidos a modo de “píldoras” relacionadas entre sí, que faciliten la asimilación de los conceptos. Algo que se consigue en mayor medida cuando además esa información está relacionada con sus ideas previas, y especialmente si está vinculada con su día a día. Por tanto deberíamos buscar esa conexión entre conceptos de diferentes unidades como aprendizaje acumulativo y enlazado con su vida diaria.

En cuanto al último principio, hace referencia a esa primera impresión en la que nunca hay segundas oportunidades. Sin embargo, como docentes tenemos la oportunidad de causar una primera impresión con cada una de las Unidades Didácticas, por lo que para mantener la atención y motivación de los estudiantes, resulta casi imprescindible que esa presentación o introducción de la unidad consiga engancharlos. En este punto y enlazando con el cuarto principio, puede ser un buen momento para crear un “dilema cognitivo”. Así, se les puede plantear una cuestión que sean incapaces de resolver con sus conocimientos actuales y para la que necesitan los nuevos conceptos que aparecerán durante la Unidad Didáctica que va a comenzar.

 

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