¿La Casa Blanca ya no habla español?

Son muchos los diarios que en los últimos días nos han bombardeado con la noticia de la retirada de la web en español de la Casa Blanca

De nuevo sale a relucir el tema de las lenguas y, lamentablemente, no refiriéndose a ellas como instrumentos de entendimiento y OLYMPUS DIGITAL CAMERAunión entre diferentes pueblos y culturas, sino como motivo de discordia, separación y crispación entre colectivos.

Eh aquí una muestra del aluvión de titulares sobre el asunto:

(ABC. 22-01-2017): Trump suprime La página en español de la Casa Blanca

(El Periódico. 23-01-2017): La web de la Casa Blanca de Trump elimina su versión en español,

(El Confidencial. 23-01-2017):Eliminar el español de la Casa Blanca, “un gesto poco digno” de un presidente de EEUU.

(El País. 24-01-2017) La Casa Blanca ya no habla español.

Donald Trump habría cumplido de esta manera con su intención, transmitida en diversas ocasiones durante la campaña electoral, de promover que en su país «sólo se hable en inglés, y no español», pese a que el español sea hablado ya en Estados Unidos por aproximadamente más de cincuenta y cinco millones de personas.

Desde la llegada de Trump y su equipo a la Casa Blanca, el cambio de la página web ha sido notorio: En materia de contenidos políticos, han desaparecido de forma inmediata los accesos a las secciones de luchas contra el cambio climático, en favor de la causa gay y ahora, la supresión de toda la versión del portal en español, que bajo el mandato de Obama convertía en bilingüe la comunicación de la Casa Blanca.

En la era digital es difícil que ciertas informaciones “pasen de puntillas”. La globalización es eso, saber en cuestión de segundos lo que ocurre en otro punto del planeta, por muy distante que éste se encuentre del nuestro.Pero yo me pregunto: ¿no es un poco pronto para que se disparen las alarmas? ¿no deberíamos esperar un poco más a que la nueva Administración norteamericana ocupe su nuevo espacio?

La globalización es interesante como fenómeno en el sentido de que, como he dicho, socialmente conecta a unos países con otros con impresionante celeridad e inmediatez. Sin embargo, a menudo creo que lleva implícita una segunda vertiente menos amable: ese flujo informativo no siempre pasa antes por el filtro del rigor y la fiabilidad. En otras palabras, son muchos los que, sirviendo a intereses de todo tipo –y no siempre confesables–, manipulan y desvirtúan las noticias que finalmente nos llegan y ello genera posteriormente efectos desproporcionados en la sociedad.

Con motivo de la no aparición de la web en español de la Casa Blanca, desde España son varias las voces que no han dudado en juzgar este hecho, tales como la del ministro de Educación, Cultura y Deporte, Íñigo Méndez de Vigo, cervantesquien ha afirmado que la decisión no es una buena noticia, “ya que el conocimiento y uso de diferentes idiomas en una sociedad es algo que sirve para vertebrar a un país y demuestra la riqueza cultural de una nación”. Los directores del Instituto Cervantes y la RAE también han reaccionado, y el primero, Víctor García de la Concha, ha afirmado:Un gesto muy poco digno de un presidente de EEUU, país que se creó gracias a la inmigración constante y un gesto simbólico que hace presagiar cosas nada buenas; el segundo, por su parte ha manifestado: ”La presencia del español en Estados Unidos es imparable, a pesar de la decisión de la Administración Trump de borrar del mapa web toda alusión en este idioma”.

Estas opiniones me parecen legítimas pues están formuladas desde el derecho a la libertad de expresión, pero quizás resulten prematuras. ¿Por qué no esperamos el tiempo prudencial a que la nueva página “acabe de construirse” tal como lleva sucediendo cada vez que cambia la Administración norteamericana y tal como ha sugerido el portavoz del presidente Donald Trump, Sean Spicer? ¿no habremos sobredimensionado este asunto o disparado antes de tiempo?

Sí, sin duda el nuevo presidente norteamericano no está siendo precisamente un personaje “discreto” ni exento de polémica. El mundo entero tiene puestos sus ojos en él y un sinfín de adjetivos son su carta de presentación: Provocador, proteccionista, xenófobo, nacionalista, machista, bravucón,… en definitiva, generador del caos de su país y del desconcierto de otros muchos que lo sienten como una amenaza inminente. Pero, repito: ¿realmente es tan fiero el león como nos lo pintan?, ¿la figura de un presidente puede ser capaz de cargarse, con sus singulares y controvertidas órdenes ejecutivas, todo el control que pueden ejercer las instituciones de su país (el Congreso, los fiscales y jueces, el Tribunal Supremo) y desoír la presión del lobby económico estadounidense, del Pentágono, la CIA…? ¿Puede este presidente “estrella” resquebrajar de la noche a la mañana los principios y consensos universales que llevan imperando en los países considerados hasta ahora democráticos, como EEUU? Sinceramente, yo no lo creo.

 

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