Todo lo que pierdo

Por Janira Corrales Novoa, alumna de SAD 2º

“El fracaso es la forma que tiene la vida de preguntarte cuánto deseas lo que deseas” -Risto Mejide-

Me llamo Izan, tengo 19 años, soy bastante robusto, grande y fuerte, soy moreno, tengo los ojos negros, y aunque tenga los ojos negros es lo que 1482532218218más me gusta de mí, porque la persona que más quería se fue de mi vida cuando yo tenía tan solo 10 años y me enseño una frase que cambio por completo mi forma de ver y de pensar “A veces los humanos solo vemos con los ojos abiertos y no nos damos cuenta que a veces cuando mejor se ve es con los ojos cerrados” .

Bueno esta especie de diario o como lo queráis llamar lo escribo por una razón y es para enseñarles a los demás chavales que hayan pasado por esto que aunque sea difícil, con ayuda y dejándote ayudar todo se puede.

Soy un chico que nunca ha tenido una vida fácil y mucho menos feliz; con tan solo 12 años tuve que empezar a cuidar de mi mismo, ya que no tengo padre y mi madre solo se dedicaba a salir, a consumir y a hacer cosas que un chico a mi edad no debería de haber visto, como me paso a mí. A raíz de la muerte de mi padre, mi madre cayó en una pequeña depresión y cuando ya pensaba que había salido de ella me di cuenta de que se había metido en algo peor: en las drogas. Yo iba a segundo de la E.S.O cuando sucedió esto -sí que es cierto que nunca he sido un chico muy estudioso, ni muy responsable, pero siempre me he visto con algo más de madurez que el resto de mis compañeros, igual se debíera a mi situación familiar-.

Según el tiempo iba transcurriendo, los problemas aumentaban y eso hacía que mi madre lo pagara conmigo: empezó a endeudarse por las drogas, ya no solo consumía sino que además la traía a casa. Yo Con 14 años empecé a salir mucho mas de casa de lo normal porque prefería estar fuera que ver las condiciones en las que vivíamos; recuerdo que en 2 o 3 ocasiones llegue a casa, no la vi, salí a buscarla y por desgracia siempre la encontraba en la puerta de algún bar de la zona, (vivo en un pueblo pequeño así que no fue difícil localizarla) y después siempre tenía que pedir disculpas y llevármela a casa.

Yo deseaba un buen futuro para mí y unos buenos estudios para el día de mañana, pero la vida tiene un ritmo, y tú decides cómo quieres que vaya ese ritmo; a veces no tienes otra elección y hay personas que te arrastran a lo que ellas quieren. Así es como yo empecé a consumir, a cometer pequeños robos para poder pagar las deudas de mi madre, para poder seguir consumiendo…

Un día de noviembre, si no recuerdo mal día 13, llamaron a casa los de Servicios Sociales y me dijeron que tenía cita con ellos y con mi madre el 18 de noviembre; llegó el día señalado y al ver las condiciones en las que se presentó mi madre, decidieron que yo tendría que estar en un centro de menores hasta que se formalizaran las cosas y consiguieran tratar y trabajar con mi madre. Yo claramente no estaba de acuerdo, era mi libertad la que estaba en juego, pero no me dieron elección, me dijeron que cuando cumpliera los 18 podría elegir qué hacer, (yo tenía entonces 16 años e iba a perder dos años de mi vida teniendo que depender de un educador).

Entré al centro y toda mi expectativa de vida cambió: me centré en los estudios por fin, comencé a buscarme trabajo y cuando por fin pasaron dos años y cumplí los 18, conseguí suficiente dinero ahorrado para poder alquilarme un piso y no volver a las condiciones en las que vivía antes. Ahora soy un chaval maduro e independiente, tengo mi trabajo, mi casa, buenos estudios y como he dicho, toda mi vida cambio por completo.

Por eso siempre digo que la libertad es el tesoro mas valioso que tiene una persona, no puedes dejar que te la quiten porque sentir que estás atado sin poder gritar, es como un mar sin peces o como una ciudad sin ruido. Por fin ahora que he crecido puedo decir que mi libertad vuelve conmigo y esta vez no se va a separar de mí.

En una ocasión leí: “Crecer es aprender a despedirse. El día que te das cuenta de que crecer va a significar despedirse de personas, situaciones, emociones, e incluso amigos que se supone que iban a estar para toda la vida. El día que ves que crecer significa conocer cada día más gente de la que ya murió. El día que te das cuenta de que te despides mejor que hace un año, que ya no te sorprende que la gente desaparezca de tu vida, ese día estás aprendiendo a decir adiós, ese día estas creciendo.” -Risto Mejide-

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