Una infancia llena de tristeza

Por Matusalén Nsuga Abeso Bela, alumno de GAD 1º

Su prioridad siempre fue su hermano porque es el que le daba fuerzas para luchar contra todo y contra todos. ¡Son las consecuencias de ser huérfanos de padres vivos!

El 23 de mayo del 1992 nació una niña de una maravillosa mujer, una mujer luchadora, trabajadora y además valiente, que ante las dificultadesMatusalen Nsuga Abeso Bela GAD1 de la vida no se detenía. Ella nunca se desanimó y siempre sabía lo que quería y sabía exactamente qué hacer para sacar a su hija adelante, aunque esta lucha supusiera, de alguna manera, renunciar a su hija para poder darle lo mejor.

Pasados cuatro años desde que la madre tuviese a su primogénita, nació su segundo hijo, un varón, que claro, no podía ser de otra manera, hizo muy feliz a su hermana mayor, porque ya tenía un compañero de vida. Aun así no se sentía completa, no era completamente feliz, no era feliz porque necesitaba el amor, el cariño y sobre todo el calor de un padre, que nunca tuvo. Soñaba muchas veces con que llegaría un día y le dijeran “hija aquí me tienes yo también te extraño y te echo de menos”, pero se despertaba y no encontraba a nadie, miraba y la cama estaba completamente vacía, pero la niña no dejo de esperar y esperar a su padre.

Su madre salía todas las mañanas a buscarse la vida, los dejaba con sus bisabuelos, y raras veces los hijos la veían porque se marchaba muy temprano y volvía muy de noche y siempre los encontraba ya dormidos.

Una buena tarde apareció un señor de ojos enormes y negros, con unos lentes claros; era un desconocido para la niña. Cuando llegó la niña estaba con su bisabuela y su hermanito, saludó y se sentó a su lado, la tomo en brazos, y dijo: “hija mía”. La niña se sorprendió mucho pero la bisabuela le dijo: “es tu padre”. En ese momento la niña se puso a llorar, no de emoción sino de tristeza, y preguntó a su padre: ¿dónde estabas? Él no supo cómo responder, se quedo callado y no dijo nada, solo miraba a su hija fijamente y en silencio. La visita duró una hora y no hablaron de nada, porque para el padre su hija era una extraña para la hija su padre era un completo desconocido. Desde aquel día no volvió a ver a éste señor, que decía ser su padre.

Ella continuó su vida de siempre, su madre salía todas las mañanas, ella se quedaba con su hermanito y con sus bisabuelos, la rutina de siempre; los niños se iban al colegio y los bisabuelos se iban a los huertos.

Un buen día la madre aparece por la tarde y les dice que ha decidido irse a España, lo había decidido y ni siquiera se paró a pensar en ellos, no les preguntó nada y no les dio ninguna explicación. Esa semana hizo una maleta y el sábado por la mañana se fue a Malabo, el domingo viajó a España. Los niños se quedaron a cargo de los bisabuelos, y el viaje de la madre fue tan doloroso que la niña no dejaba de mirar a su hermanito, tan chiquito y necesitado de su madre, aunque en ese momento no sabía nada pero lo sentía.

La madre tuvo que viajar, en un momento en el que la tecnología no había avanzado tanto, no había celulares para que los niños tuvieran con qué comunicarse con su madre, la separación se hizo tan amarga que la niña no sabía si lo podría aguantar y soportar.

Y la historia sigue siendo más triste cuando un día aparece el tío de los niños y decide llevárselos a vivir con él y con su familia, porque no pueden seguir viviendo con los bisabuelos; los niños tuvieron que cambiar de hogar, dejaron a los bisabuelos y se fueron con la nueva familia que eran más desconocidos para ellos, y no se adaptaron pronto.

La niña en esta época tenía 10 años y no lo pasaba bien con su tío. Él no tenía tiempo para ellos, solo iba de casa al trabajo y del trabajo a casa y así todos los días y todos los años. Nunca se detenía a pensar si necesitaban hablar, si querían decir algo, ni siquiera preguntaba cómo se sentían. Mientras pasaba el tiempo, la niña era maltratada moral y psicológicamente, se sentía apartada, se sentía fuera del lugar, porque eso es lo que les hacían sentir.

Su tío no se acercaba a ellos ni él dejaba que ellos se acercaran para decirle algo, era como cruzar un muro, Con esta situación la niña se volvió rebelde, se volvió fuerte, y se ponía a la defensiva cuando trataban de pisotearla, se volvió amargada porque estaba ahogada y no sabía cómo expresar sus sentimientos, y ella empezó a tomar las decisiones en su vida sin consultar a nadie, y no le importaba la opinión de otras personas porque no le daban la oportunidad de expresar sus sentimientos, no había nadie que le escuchase que se pusiera en su lugar.

Pero su prioridad siempre fue su hermano porque es el que le daba fuerzas para luchar contra todo y contra todos. ¡Son las consecuencias de ser huérfanos de padres vivos!

 

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