Una parte de mi corta vida

Por Tamara Conde Miguel, alumna de SAD 1º

Esto va a tratar de cómo fue mi vida hasta ahora y cómo te das cuenta de que la vida te da segundas oportunidades. Y aunque lo adviertas tarde, lo corriges y cambias para sorprender a tu familia

Mi vida no ha sido muy bonita. Cuando cumplí los 15 años me volví muy rebelde, las compañías que tenía no me ayudaban nada, al contrario,IMG_1253 - copia más mala me volvía. Mi madre trabajaba y casi no me veía el pelo, solo por la noche cuando llegaba a casa y siempre discutiendo. Yo no le hacía ni caso. Cuando salía, fumaba, bebía, etc. Iba “borde” a casa y así todos los fines de semana.

Un día en el instituto, por discutir con un profesor, me dio por romper una ventana. Llamaron a mis padres y entonces me expulsaron por mi mala conducta. Yo ni me daba cuenta de lo que estaba haciendo, me daba todo igual, solo quería estar en la calle con mis amigos, pasarlo bien y por la noche ir a casa a dormir. Mi madre ya no podía más, la tenía muy cansada.

Un día ella recibió una llamada de los asuntos sociales para ver cómo estaba yo con mis padres y en mi entorno familiar. Mi madre se quedó a cuadros, no sabía dónde meterse; llego a casa muy seria y me dijo que la habían llamado los de asuntos sociales para venir a casa a ver cómo vivía yo allí. Yo pensaba que no iban a venir y así pasó un mes. Los de asuntos sociales llamaron a mis tías para ver cómo era, si era rebelde o no. Se llevaron un susto que yo ni me imagine lo que iba a pasar.

Yo seguía igual con mi vida y no me daba cuenta del daño que estaba causando. Entonces la asistenta social comunicó a mi madre que me iban a llevar a un centro y que iba a estar incomunicada sin móvil, que a mis padres no les vería hasta que no mejorara un poco y que estaría allí encerrada 6 meses. Mi madre lloraba, pero también pensaba que igual me venía muy bien para mejorar. Cuando llegué a casa, mi madre me lo contó y no me lo podía creer: yo le decía que iba a cambiar, que no me llevara allí, que iba a estudiar y a ayudarla en todo, pero no me sirvió de nada, ya estaba hecho. Los de asuntos sociales me metieron en un centro en Camargo, sin la compañía de mis padres, y yo estaba súper enfadada con todos. Me decían qué pintaba yo ahí. Al llegar, me enseñaron las instalaciones, no estaban mal, allí conocí a gente como yo y aún peores.

Pasaron los días, yo poco a poco fui mejorando: estudiaba, hacía las tareas que me mandaban, mis notas eran cada vez mejores y mi madre se alegraba cada día más. Pasaba el tiempo y yo me veía mejor conmigo misma, con mi actitud positiva y ya me dejaban ir a ver a mi familia.

Ahora estoy súper bien, me alegro de haberme dado cuenta de que la vida te da una segunda oportunidad y de que hay que aprovecharla. Mi familia está muy feliz con el cambio que he pegado porque soy otra persona. Mi reflexión es que tengo una vida mejor, que mi familia está orgullosa y que hay segundas oportunidades.

 

 

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