¿Y tú te quejas?

Por Valeria Dirube Aguado, alumna de GAD 1º (accésit)

¿Cambiarías tu forma de vida? Nunca te has parado a pensar como son las rutinas diarias en otros paises…

Ésta es la historia de un niño de ocho años, que vivía en el Sahara, Abdú. Abdú vivía en una familia honrada y pobre. Su madre estaba muy enferma, VALERIA DIRUBE AGUADO GAD1º - copiasu padre había fallecido hacía poco y sus hermanos habían viajado a España ilegalmente y no se supo nada más de ellos.

Abdú tiene que hacer todas las tareas de casa, ir a la escuela y traer dinero a casa. Su escuela está a cuarenta kilómetros de su casa y al ser pobres no pueden mantener un coche o un animal que le pudiese llevar.

Abdú se levanta todas las mañanas a las cuatro de la mañana y sus clases empiezan a las nueve, es decir, se levanta cinco horas antes para hacer las tareas de casa, ir a trabajar e ir a clase. Sus tareas de la casa consisten en: A las cuatro de la mañana, se despierta con un viejo despertador que se encontró yendo a la escuela, desayuna –si hay comida suficiente después de alimentar a su madre–. A las cuatro y diez se acerca al pozo más cercano que está a cinco kilómetros, cargado de dos cubos grandes y vacíos, y a la vuelta, regresa durante cinco kilómetros cargado de dos cubos grandes llenos de agua. Es decir, ya lleva diez kilómetros andados. Cuando llega a casa, ya son las cinco y cuarto de la mañana y tiene que limpiar la casa, ayudar a su vecino con el ganado para conseguir dinero. Ya lleva andados quince kilómetros y ya son dos horas y media las que lleva levantado. Llegan las seis y media y comienza su viaje hacia la escuela, tarda dos horas y media como poco, en llegar allí. Su camino es largo y duro, ya que Abdú lo tiene que hacer caminando solo y descalzo para no estropear el único par de zapatillas que tiene. Su camino es bastante peligroso ya que es un niño de ocho años y está descalzo. Su camino tiene bastantes dificultades: atravesar caminos largos de piedras, atravesar un pequeño camino del desierto, caminar muy cerca de los acantilados y sobre el tiempo, que aunque esté en el desierto, el calor es intenso por el día y las noches son muy frías. Lleva ya andados cincuenta y cinco kilómetros y son todavía las nueve de la mañana. A las tres de la tarde va a su casa y se recorre otros duros e intensos cuarenta kilómetros. Llega a su casa a las cinco y media de la tarde, más o menos, si todo va bien, con noventa y cinco kilómetros recorridos. Al llegar a su casa come las sobras que le da el vecino, estudia, hace sus deberes y se pone a trabajar con el vecino hasta que él lo diga. Así son todos los días de Abdú y sobre todo es FELIZ.

Ahora os voy a contar otra historia: Ésta es la historia de María, una niña de ocho años que vive en España. Vive en una familia rica, sus padres están trabajando todo el día ya que viajan mucho.

María se levanta todas las mañanas a las ocho y media de la mañana ya que tiene que ir a clase. Ella va a clase en coche y que no se nos olvide que va con zapatos. María sale de clase a las tres y media, la recogen sus tíos y la llevan a casa, llega a su casa a las cuatro de la tarde. Por supuesto, ella ya ha comido en el colegio. Hace los deberes y se pone a jugar toda la tarde, como la mayoría de los niños de su edad españoles. Ella no es feliz ya que no tiene ni tiempo ni los suficientes juguetes para jugar.

¿Y tú te quejas? En la sociedad en la que vivimos, una cuarta parte de este mundo es como la vida de María. Si estamos enfermos, vamos a un médico, recibimos ayudas, vamos a todos los sitios en un automóvil, tenemos agua potable en casa… si se nos rompe los zapatos, vamos a la tienda y compramos unos nuevos y no sigo porque ya sabéis de lo que estoy hablando y no os suena nada extraño.

En las otras tres cuartas partes, la sociedad es como en la que vive Abdú. Me apuesto que si la primera cuarta parte descrita arriba tuviera que vivir como Abdú durante una semana, el primer día rogaría volver.

Las tres cuartas partes no se quejan de su vida, son felices y no quieren cambiar su vida, mientras que en la cuarta parte nuestra nos quejamos por todo, no nos conformamos con la vida que tenemos y exigimos más. ¡Somos muy afortunados de la vida que tenemos!

Después de leer, esto nos hará reflexionar y agradecer la vida que tenemos así como aprovechar todos los recursos que tenemos disponibles.

Comments on this post

No comments.

It is necessary to login to write comment.

Trackbacks and Pingbacks on this post

No trackbacks.

TrackBack URL