Todos para uno y uno para todos

Con esta conocida frase podemos resumir la filosofía del aprendizaje cooperativo. El mismo se define como una metodología educativa en la que se trabaja en grupos pequeños, normalmente heterogéneos, con el objetivo de que cada alumno consiga mejorar su aprendizaje individual y el de sus compañeros

La primera vez que escuché hablar de este tipo de aprendizaje pensé: “Trabajos en grupo, ¡qué horror! Uno trabaja y el resto se escaquea, Miriamserá lo de siempre…” Sin embargo, la filosofía de este aprendizaje se basa en unos principios que precisamente intentan evitar estas situaciones (Johnson y Johnson, 1999).

El primero es la interdependencia positiva, por la que los alumnos deben ser conscientes de que su trabajo beneficia a sus compañeros y viceversa, con lo que todos deben aunar esfuerzos y ayudarse para conseguir un objetivo común. Desde mi punto de vista, éste es precisamente el principio más importante del aprendizaje cooperativo, que todos sean conscientes de que el resultado final depende del esfuerzo de todos, con lo que se evitará que haya “jetas” en el grupo que no hagan nada y se aprovechen del trabajo de sus compañeros. De hecho, serán sus propios compañeros quienes le recriminarán su falta de trabajo.

En segundo lugar, está la interacción cara a cara estimuladora, o interacción promotora, según la cual los propios miembros del grupo animarán a sus compañeros a trabajar y realizar la tarea asignada. Pero además, cada miembro del grupo tiene una doble responsabilidad individual y grupal, que aparece como tercer principio. Esto implica que cada uno sabe que es responsable de hacer ciertas tareas y que si no las hace, está perjudicando a sus compañeros, y no puede escudarse en que otro vaya a hacerlo sin que él ofrezca nada a cambio.

Las habilidades interpersonales y de grupo serán necesarias también para un correcto aprendizaje, de manera queMiriam1 los compañeros se acepten y confíen los unos en los otros, de manera que puedan comunicarse adecuadamente. En mi opinión, esta premisa no se da automáticamente, sino que es necesario trabajar estas competencias para lograrlas y conseguir un aprendizaje cooperativo exitoso.

Por último, se debe realizar una autoevaluación grupal, de manera que cada grupo reflexione sobre cómo se ha desarrollado el trabajo e identifique las acciones que fueron útiles y cuáles no, de forma que la propia actividad sirva como un proceso de mejora continua, que vaya identificando las actitudes positivas y modificando o eliminando las menos beneficiosas.

Por tanto, no todo trabajo en grupo es realmente cooperativo y para que realmente lo sea, deberíamos evaluar si realmente se está potenciando la interdependencia, la responsabilidad individual y grupal… es decir, tendríamos que valorar si cumplimos con los principios del aprendizaje cooperativo. En este sentido, podríamos preguntarnos hasta qué punto ­- y según hemos organizado la actividad, tanto el diseño como la puesta en práctica de la misma -­ todos los estudiantes han participado activamente en ella aportando su granito de arena para la consecución del objetivo grupal y han sido responsables Miriam2de la misma. Otra pregunta sería hasta qué punto durante la actividad han tenido la ocasión (o incluso la necesidad) de interactuar, discutir, corregirse, argumentar o defender su punto de vista.

Después de todo esto, puede dar un poco de miedo o vértigo intentar aplicar esta metodología, pero ofrece tales ventajas que, en mi opinión, hacen que merezca la pena al menos intentarlo. Para ello creo que la mejor forma es aplicando alguna de las técnicas diseñadas para ello como el folio giratorio, los lápices al centro, los torneos, etc. y eso es lo que he hecho y os contaré en una próxima entrada.

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