¡Trágame tierra!

A raíz del ya archiconocido gallo de Manel Navarro en Eurovisión, he pensado en la cantidad de veces que tenemos que enfrentarnos a situaciones bochornosas y en cómo salimos de ellas más o menos airosos

No hace falta ser artista ni estar en un escenario para saber lo que se siente cuando quedamos en evidencia delante de otros, pero hay que reconocer que el pobre chico lo haLaura hecho delante de millones de personas y eso le da un plus a su situación. Lo mismo pasa con un jugador de fútbol cuando, por ejemplo, falla un penalti. Nosotros, la gente de a pie, afortunadamente no tenemos que enfrentarnos a tantas miradas, críticas y bromas por las redes sociales, aunque por supuesto no estamos libres de sentir esa vergüenza y deseo de ¡por favor, trágame tierra y escúpeme muy muy lejos!

Cuando decimos algo inapropiado en una reunión –como una broma que resulta no tener gracia–, cuando cambiamos el nombre de alguien por otro muy poco adecuado, cuando te caes de la manera más absurda…no nos queda otra que afrontarlo porque, de momento, no podemos hacer nada por cambiar el pasado.

La aceptación es el único camino para seguir adelante. Se asume lo que nos ha pasado sin intención de minimizarlo o incluso negarlo. Hay que tener en cuenta que errar es natural en el camino de la evolución y el aprendizaje y hay que poner nuestra atención en fijarnos en el error para mejorar. Los pensamientos en bucle y rememorarlaurap1 una y otra vez la escena pensando en qué habría pasado si hubiésemos hecho tal cosa no lleva a ningún sitio, por lo que tenemos que evitarlos por completo.

Una buena herramienta es el sentido del humor. De esto sabemos mucho los profes. Más de una vez se nos escapa algo que puede malinterpretarse y ¡de esto nuestros alumnos saben mucho! Buscan un doble sentido a lo dicho y hacen bromas con ello. ¿Qué podemos hacer? Ante todo, ¡sentido del humor! Más vale tomarlo con naturalidad y no ser demasiado exigentes con nosotros mismos.

Es importante que un hecho de este tipo no nos condicione para el futuro. Por meter la pata en una reunión, por poner un ejemplo, no debemos sentirnos cohibidos para seguir interviniendo. Nadie es perfecto y es que el mundo sería un sitio muy aburrido si lo fuésemos. ¿Qué sería de nosotros sin esas anécdotas graciosas que nos pasan a diario? ¿Quién no ha mandado un email o un mensaje de whatsapp confundido? ¿o llamado “mamá” a alguien del entorno laboral? Lo normal es ponerse como un tomate, pero luego, con el tiempo, al recordarlo te parece incluso gracioso.

 

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