Nada es lo que parece

Por Claudia García Corcobado, alumna de SAD 1º

Laura es una chica a la que desde siempre le ha gustado cantar, pero su inseguridad le hace pensar siempre en negativo

En el restaurante Movie, María Berglund, una joven de pelo castaño oscuro, piel pálida, ojos color café, labios pequeños y carnosos atiende a las mesas con una seductora sonrisa; todos están encantados con la compañía de la joven camarera por ser hermosa, simpática y sincera. Su jefe Claudia García Corcobado, SAD1, 1-02-2018 Nada es lo que parece copiatambién está encantado con su compañía y María también se encuentra a gusto.

–María –llama el hombre– cuando puedas, llevas esto a la otra mesa.

–Vale. –Su voz es melodiosa y dulce como la miel.

El señor Barris es un hombre de pelo y bigote castaño oscuro, piel blanca, ojos negros, está un poco gordo y tiene alrededor de cuarenta años, pero su amor hacia ella es incalculable, la quiere como a una hija días después de contratarla. La joven coge los platos sin ningún tipo de dificultad y los lleva rápidamente hacia una pareja de gays.

–Que aproveche. –Dice con una sonrisa.

–Gracias. –Agradecen a coro. –Al dirigirse a la barra, el señor Barris se acerca a ella con una gran sonrisa estampada en la cara–.

–Podríamos animar esto un poco.

–Eso estaría bien, ¿qué tienes pensado?

–Sé que te gusta cantar. –La cara sonriente de María es sustituida rápidamente por una de horror. Nada más imaginárselo, le suda todo el cuerpo y se le atasca toda la garganta–.

–No… yo… no puedo.

–Sé que puedes.

–No puedo.

–¿Cómo lo sabes?

–Me lo puedo imaginar.

–Pues imagínate conseguirlo. –María ladea la cabeza de un lado para otro–.

-Sé que puedes hacerlo, María, ¿sabes por qué? Porque creo en ti, he creído en ti desde que llegaste, por eso te contraté.

María no puede evitar sonreír, la compañía de Barris hace que desaparezca el miedo que nace en su interior; para María él es como el padre que ella nunca ha tenido y que desde siempre había querido tener.

–¿Dónde está el micrófono?

–Ahora te lo preparo. –Dice con una sonrisa–.

En ese momento, entra un apuesto joven de pelo negro, corto y liso, piel pálida, ojos negros y alto. María rápidamente se siente atraída por aquel muchacho y Barris lo percibe con una gran sonrisa. Minutos después, María se encuentra frente a un micrófono mientras un montón de personas la observan, excepto aquel muchacho, que está concentrado leyendo un libro.

Aprovecha la ocasión para cantar una canción compuesta por ella. María piensa que toda canción cuenta una historia, y esta canción va de que a una chica le gusta un chico, pero no sabe cómo decirle lo que siente pues ella trata de llamar su atención día tras día, pasando por su lado cantándole, dedicándole hermosas frases de amor… pero nada, aquella chica al final tira la toalla y pierde la esperanza en sí misma. Sin embargo, un día ve que el joven que le gusta entra en el restaurante donde ella trabaja y frente a él se sienta un amigo que le empieza a hacer señas; la chica sonríe aliviada, como si se hubiera quitado un peso de encima, pues concluye que el chico que le gustaba es sordo. Un hombre mayor y pobre de aproximadamente sesenta años, que es un buen amigo de esa chica y de su jefe, antes de irse del local, deja en la silla donde estaba sentado un libro de signos. La chica lo toma y empieza a estudiárselo para cuando un día, la chica le dedique otra canción asegurándose esta vez de que él la entienda. Al terminar, aquel chico le invita a sentarse mientras sonríe y ella acepta; a partir de ahí consiguen mantener una conversación civilizada.

María se pregunta si a ella le puede llegar a pasar una historia parecida, pero rápidamente aparta esas imaginaciones de su mente; ya está bastante nerviosa ahora mismo como para distraerse con sus pensamientos arriesgandose a trabarse o equivocarse. Al terminar, recibe muchos aplausos, incluidos los de Barris, quien la ha escuchado en varias ocasiones sin que ella se diera cuenta. Sin embargo, María esta ensimismada en aquel joven y no presta ninguna atención a lo que le rodea, mientras él sigue sin prestarle ninguna atención.

La muchacha se entristece, aunque de manera sutil recoge el micrófono para luego seguir trabajando.

 

 

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