Historia de Barriada

Por Rodrigo Villegas Fernández, alumno de IC 2º

Esta es la historia de Diego, miembro de una familia española como otra cualquiera, pero con más desgracias que muchas

Diego, el tercero de los cuatro hermanos de la familia, creció viendo a su familia sufrir, desde faltar dinero para comer a no tener ningún tipo de lujos. También están sus tres hermanos: Karen, la mayor, Publio y su hermano pequeño, Valdés; para todos corrían duros tiempos en los cuales la comida del día Rodrigo Villegas IC2 02-02-2018 Historia de Barriadaa día era un intento por sobrevivir, luchando por lo suyo a “jierro” (hierro), pero “another day another battle so much trouble”. Rodeados por la miseria y la traición, aunque nunca falto unión entre ellos, a Diego le martirizaba todos los días ver sufrir a su familia pensando que, si algún día la comida les faltara, haría lo que fuese necesario por no verles sufrir. Siempre les marcaron las peleas y discusiones que tenían sus padres, en las cuales nunca había ganador sino solamente damnificados, ellos. ¿Cómo pretendían que se centrasen en estudiar si su entorno familiar no era ni estable? ¿cómo centrarse si las únicas noticias que llegaban eran malas? El día a día era despertarse y ayudar en casa como se pudiera; afortunadamente las cosas fueron mejorando.

Imagino que en cierta manera haber vivido bajo dichas circunstancias unió a los hermanos, excepto en el caso de Publio, que se separó del ambiente familiar y se centró en vivir su vida dejando a todos atrás; Diego siempre fue antipático y arisco, reservado y humilde, valiente y prudente, pero siempre tuvo gente que le intentaba llevar por el buen camino: un profesor le ayudaba a lidiar con los problemas en casa, le recomendaba cosas que debería hacer y siempre que necesitaba algo, ahí estaba, sin olvidar ¡claro! al padre de un amigo, que hizo más de lo mismo, pero con mucho tiento y cariño.

Con el paso del tiempo se fue abriendo a la gente, empezó a quedar por el barrio y a conocer gente que le marcó, pero como todas las historias de barriada, no todo iba a ser bonito. Lo cierto es que nunca le faltaron las ganas, golpes y cicatrices, testigos de una infancia sana, historias de intramuros.

A los pocos meses recibió una llamada de su abuela, quien con tono preocupante le explicó que había ido al hospital a hacer unas pruebas y en ellas se había sacado en claro que padecía de Parkinson; acto seguido Diego se dirigió hacia su casa, siempre fue distante con ella a pesar de haberle cuidado mucho de pequeño, pero al haberse enterado de que padecía de Parkinson, le hizo sentir miserable y sucio, así que acudió a su casa tan rápido como pudo, aunque solo fuese para hacerla sentir el calor de un abrazo.

Aproximadamente transcurrido un año, Diego recibió una llamada de su padre, diciéndole que se pasase por su casa. Eso hizo, al día siguiente, en el descanso de clase, y se pasó por su casa donde se encontró a su otra abuela tirada en la cama, medio moribunda, costándole hasta hablar. Ese mismo día su padre la llevó al hospital y echaron la culpa a una infección de orina, al día siguiente sufrió un ictus… pero jamás Diego podrá olvidar una de las cosas que le dijo su abuela: “Eres el más guapo de todos, cuida de tu padre y de tu hermano Valdés”.

Diego siguió creciendo, se metió en líos y fue saliendo de ellos con uñas y dientes, de todo lo sucedido en su arrabal, el lugar donde la palabra de las personas y la honradez se iba entre reprimendas, era ese tipo de lugares donde, siempre se presume de lo que menos se tiene, lugar donde lo bueno acaba y nada es para la eternidad, lugar donde los hermanos se traicionan y donde la lealtad se regala. Diego era la excepción que confirma la regla, siempre fue audaz y de principios irrefutables, dispuesto a luchar por la lealtad y respaldar sus palabras con hechos.

Conforme los días pasaban, empezó a ganar dinero haciendo chapuzas de un lado para otro. Aprendió a ser autosuficiente, a que nada era para siempre, a trabajar con las manos, ganarse el pan, aunque no fuese de manera legal.

Las personas tienen un mal concepto de gente de la calle, se creen que son ese tipo de gente que se limita a ir buscando camorra y molestando a la gente. La calle es sobrevivir como puedas, a pesar de tus miserias, pero sobrevivir, caerte y volverte a levantar.

Aun con lo vivido y con las cargas que llevaba encima, Diego mientras se suicidaba gritaba: “Dios bendiga a mi hermano Publio, a mi hermano Valdés y a mi madre también.”

 

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