Pelea de hermanos

Por Javier González Pérez, alumno de IC 2º

Todo comenzó un día de invierno, era 25 de diciembre, Navidad

Una pequeña familia de dos hermanos y unos padres fantásticos, que trabajaban únicamente para traer pan a la mesa y que no se podían permitir lujos, sin embargo como era Navidad, reunieron todo lo que pudieron para, simplemente dar un regalo a sus amados hijos. Estos hermanos eran sencillos y no sabían nada del mundo, no sabían lo que era Javier González Pérez IC 2º 02-02-2018 pelea de hermanosla guerra ni lo que era ser rico, ni siquiera lo que era vivir fuera de su casa o de su pueblo, Almendralejo. Pero un día llegó lo peor que podía pasar; el Gobierno de la Segunda República declaró el Estado de guerra contra el ejército nacional, liderado por Francisco Franco.

A los padres, atónitos por la impactante noticia, se les cayó hasta el periódico. Los hijos, intrigados por lo que les pasaba a sus padres, les preguntaron qué había ocurrido y su padre les contestó con la cara pálida: ¡Estamos en guerra! Ellos entusiasmados, sin saber el horror de la guerra, dijeron al mismo tiempo: “Nosotros vamos” a lo que el padre actuó con un rápido bofetón. Los hijos, enfadados, se marcharon corriendo rápidamente al pueblo para ver si encontraban un puesto de reclutamiento.

Sucedió lo peor: que cada uno tenía ideas totalmente diferentes. Uno de ellos, el más mayor, llamado Rafael, se alistó en el bando nacional ,y Álvaro, el hermano menor, tuvo que mentir sobre su edad para alistarse en el ejército republicano. Ese mismo día, se encontraron en su casa los dos; Álvaro había llegado antes y estaba al lado de su madre, abrazándola, justo cuando Rafael entró por la puerta y vio a su hermano con distinto uniforme. Rafael dijo: “¿A qué viene ese uniforme?, ¿eres de una brigada distinta a la mía?”. A lo que Álvaro respondió: “Creo que te has equivocado de bando”. Rafael sorprendido contestó: “¿Eres un republicano?”

Hubo silencio… su madre lo rompió con un llanto que les congeló el corazón a ambos. Su padre no quería saber nada de ellos. Rafael, triste y con un odio que nunca había sentido contra nadie, le dijo a su hermano: “Cuidado” y lentamente se acercó a su madre, la abrazó y le dio un beso; y a su padre, un apretón de manos. Finalmente se dirigió hacia la puerta y simplemente… se marchó.

Dos años después, un 25 de julio de 1938… Rafael había mejorado y pulido sus habilidades tanto en combate como en estrategia y supervivencia. Esa misma mañana se levantó con el sonido de las cornetas que se oían por todo el campamento y se dirigió directamente a la zona de víveres para tomar una taza de café y una tostada con mermelada.Cuando estaba terminando de desayunar, vino su superior, el sargento Fernando Trujillo, quien les dio instrucciones: “Caballeros, tras el ataque del bando republicano, al anochecer vamos a dar un poco de plomo a esos perros. Vamos a asaltar el pequeño pueblo de García, que está bien fortificado. Según nuestros espías, tienen varios nidos de ametralladoras apostados en los tejados, y a esas ametralladoras les custodian varios tiradores y fuego de mortero. Nos han informado nuestras fuentes de que el puente de mando se encuentra en una pequeña alameda del mismo pueblo. Lo único malo es que la División Cóndor (voluntarios alemanes, pilotos de la Luftwaffe) no puede sobrevolar la zona por los antiaéreos, que justo se encuentran en el puente de mando enemigo. Nuestras órdenes son: asediar el pueblo, destruir los nidos de ametralladoras, inutilizar los morteros, llegar al puente de mando y extraer toda la información posible de las distintas posiciones enemigas, armamento e inteligencia.”

Rápidamente los soldados nacionales se prepararon, se armaron con sus rifles Mauser 98, pistolas P08 y granadas. Rafael siempre tenía la costumbre de rezar antes de entrar en combate con una pequeña frase al final: “Que hoy no sea mi último día”. En menos de un minuto comenzó el combate, o lo que Rafael llamaba, infierno. Segundos antes de asaltar a los republicanos, hubo silencio, el mismo silencio que el que recordaba cuando se fue de casa. De repente, sonó el silbato, y Rafael juntó a sus camaradas, quienes salieron de las trincheras mientras millones de balas volaban sobre sus cabezas. Las primeras bajas hicieron mella en la mente de los reclutas, las explosiones de los morteros parecían truenos y el lamento de los heridos se abría paso en el campo de batalla, a la vez que la muerte abrazaba a los caídos. Los minutos pasaban, los nidos de ametralladoras cayeron como moscas y el fuego de mortero se silenció. Quedaba el asalto final: marcharon al puente de mando enemigo como si fueran perros hacia un hueso, pero el puente de mando era un búnker. Las ametralladoras disparaban, parecía que escupían fuego, mientras que los nacionales lanzaban granadas al interior del búnker; eso fue una ratonera de hormigón para los republicanos. Escucharon los gritos por las explosiones de las granadas, y los fragmentos de metralla que se les incrustaban en el cuerpo hasta deformarlos. Cuando terminó la batalla, recopilaron toda la información que necesitaban, y Rafael miró hacia atrás donde había comenzado la batalla; vio a todos los muertos tanto republicanos como nacionales y dijo: “Todos son iguales”, pero un compañero que estaba cerca de él fumando le dijo: “No somos iguales, unos son republicanos y otros nacionales”; a lo que respondió Rafael: “La muerte nos hace a todos iguales”.

De repente salió un republicano corriendo, intentando escapar del ejército nacional; se dirigía hacia el pueblo de García, corriendo como alma que lleva el diablo. Rafael y sus camaradas desenfundaron sus armas, apuntaron y dispararon, fallando la primera ráfaga de disparos. Sin embargo, se escuchó un disparo perdido, y en ese momento, cayó el republicano huido; era Rafael quien había disparado, él mismo se acercó al cadáver y le giró; ¡era su hermano! Rafael rompió a llorar, abrazó el cuerpo de su hermano muerto, lo recogió en brazos y lo llevó al cuartel para darle un entierro digno.

Moraleja: Una guerra es mala de por sí, pero una guerra civil es lo más inhumano que puede haber.

 

 

 

 

 

 

 

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