El espejo roto

Por  María Martínez García, alumna de GVEC 1º

¿Cómo ven las personas mayores las relaciones de los jóvenes en comparación con las suyas?

Entró por aquella puerta de madera desgastada por el tiempo. Aquella casa tenía un olor peculiar, una mezcla de lavanda y antiguo, con un toque de leña.La chimenea estaba en el fondo de la sala. James dejó su bastón en Maria Martinez Garcia GVEC1 01-02-2018 El espejo rotoel paragüero, se acercó a la mesa, posó su chaqueta de lana y el sombrero, allí le esperaba como cada tarde su mujer, Lilian.

Desde hacía años la mujer padecía una enfermedad que la impedía caminar. James lo era todo para ella, su apoyo, su cuidador, su confidente.

–¿Alguna novedad hoy? –Preguntó Lilian.

–Vi una pareja enfrente del parque, no sé si serán los tiempos que corren pero…–Suspiró.

–¿Qué ha pasado?

James bajó la cabeza y se sentó en la silla.

–La gritó y la tiró al suelo de un empujón.

–Todo es tan diferente… –Dijo Lilian.

Habían pasado toda una vida juntos, y a pesar de que nunca habían tenido mucho dinero lo que tenían lo invirtieron en una pequeña casita a las afueras de Pontevedra. Allí pasaron los buenos momentos y los malos. Lilian nunca pudo tener hijos pero se conformaban con salir a pasear y disfrutar viendo a los pequeños que jugaban en el parque; sus risas les llenaban de felicidad y esos momentos les hacían olvidar la enfermedad que empezaba a oscurecer sus vidas.

Aquello que James estaba contando, sorprendía a ambos. No entendían cómo una pareja era capaz de tratarse de aquel modo. Ellos Habían vivido una historia como pocos, de respeto mutuo y cariño.

–Es normal que haya peleas, roces y más en los jóvenes de ahora que tanto se celan, pero no es normal ciertas actitudes tan violentas. –Argumentó James. Lilian asintió.

–A veces se permiten cosas que por el simple miedo a que todo acabe se toleran.

Se había hecho de noche. James sirvió la cena, en aquellos platos de porcelana que tanto le gustaban a Lilian, blancos, con una cenefa dorada en el borde. Más tarde ayudó a su esposa a asearse y meterse en la cama. Él siempre se quedaba escuchando los discos de vinilo antiguos que tenía. Sonaba una canción de Frank Sinatra, My Way.

For what is a man, what has he got?

If not himself, then he has naught

To say the things he truly feels

And not the words of one who kneels

The record shows I took the blows

And did it my way

Aquellos momentos eran los que le servían a James para desconectar de todos los problemas. Empezó a reflexionar sobre su vida, sobre todos los momentos vividos con Lilian, y se daba cuenta de la importancia del respeto en una pareja, en la convivencia del día a día. Es inexplicable que un cuerpo pueda sentir dolor, un dolor causado por la persona que crees que te quiere, que te ama, que jamás te haría daño. Al contrario, lo único que debería querer es verte feliz.

Los años iban pasando, los médicos decían que la enfermedad de Lilian avanzaba y James no quería ni pensar cómo sería su vida sin ella. A pesar de todo, él quería endulzar hasta los últimos segundos de su vida. A la mañana siguiente, unos rayos de sol entraban por la ventana, una suave brisa movía las blancas cortinas de la habitación. Un pétalo de una rosa que había en la mesilla cayó suavemente al suelo, James estaba en la cama junto a su mujer, cogidos de la mano, todo estaba tranquilo, silencioso, todo estaba bien, ya nada podía ir mal, nada. 

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