Un día más en mi mente

Por Jennifer Lobato Román, alumna de IO 2º

Sí, otro día más de tantos, otro día en el que el mundo se te viene encima, no sabes qué hacer ni qué decir…

Otro día en el que mandarías todo a la mierda. Discusión en casa, rayada en clase, movida con la pareja… En fin, todo te supera, te sientes tan inferior, tan débil, tan sólo… Pero bueno, ya ha ocurrido tantas veces, que estás acostumbrado a la vez que inconforme con esa situación; harías cada locura…Pasas tiempo así y buscas a alguien Jennifer Lobato Román IO2 02-02-18 Un día más en mi menteque te comprenda y cuesta, pero lo consigues tener, hasta que deja de hacerlo, y ese vacío cada vez queda más inundado por tus penas; al final, con el paso de los años, te das cuenta de que no hay mejor ser que tú mismo para entenderte, escucharte y quererte.

Entonces llego a mi sitio, donde no hay nadie más que yo. Es un lugar maravilloso, os lo aseguro. Tiene cinco pequeños parterres, una carretera vacía y la zona donde permanezco sentada pensando en todo ello. Esta zona es simplemente un pequeño escalón de una casa deshabitada, en el que me siento, dejo el móvil de lado, miro al frente y, detrás de ese muro, en el horizonte, allí está ese paisaje maravilloso que te llena los ojos de lágrimas a la vez que la boca de risas, con sus montañas veladas por la niebla, el mar inmenso entremedio y esa casa marrón con los balcones donde me gustaría vivir. En los amaneceres compuestos por esos colores tan vivos – ese rosa, ese naranja y el azul del cielo imprescindible bordeando la casa–, aparece él con su sonrisa, con sus leyes y sus causas, haciendo que te olvides de todo lo malo, convirtiéndose en el imprescindible, haciéndote comprender tantas cosas…

Es entonces, de vuelta a casa, cuando me siento, cojo papel y bolígrafo y escribo: “Me atormentáis. Me hacéis querer morir, querer vivir, solucionarlo todo, estropearlo todo. Entráis en mi mente sin permiso, sin acordarlo con mi corazón, diciéndome lo que os da la gana; me confundís y hacéis que me entienda, río y lloro con vosotros; me hacéis creer que me conozco, otras veces me pregunto quién soy; a veces pienso que soy lo peor, otras tantas que soy la persona más bella que existe; me dejáis con las cosas claras, otras veces sin saber qué hacer. Dejad todo por algo o alguien, pero no por mí; ganad el cielo para entregárselo a esa persona, en lugar de a esa chica inocente. Dudo si hacer el bien o el mal, ¿me voy o me quedo?, ¿me pregunto las cosas o las resuelvo sin cuestionarme la pregunta? Queridos pensamientos, haced que me encuentre, que sea yo misma. No os abriré mi mente para cuando os dé la gana entrar, aunque pienso que sí debo hacerlo. No os escribiré más cartas aunque… cuando lo hago, no me hacéis pensar lo que plasmo en el papel. Queridos pensamientos, ¿hasta nunca o hasta siempre?

¿Te doy un consejo? Dedícate el tiempo de tu vida a vivir, porque la vida sólo es tuya y tú debes aprovecharla más que nadie. Ten claro que no será fácil, pero sí, posible; así que sé fuerte y quiérete hasta el último suspiro.

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