Una piedra en el camino

Por Anabella Oriana Biondini Degani, alumna de IO 2º  (3º Premio)

En la vida, muchas veces nos encontramos con obstáculos que dificultan nuestro camino y ése es nuestro objetivo: aceptar la vida tal y como viene, sabiendo que podemos conseguir lo que queramos con esfuerzo y superación

Mi madre me cuenta que desde muy pequeña era una niña muy despierta y despabilada. Con solo nueve meses ya daba mis primeros pasos y poco después, hablaba con mucha soltura. Me había convertido en unaAnabella Oriana Biondini Degani IO2 02-02-2018 Una piedra en el camino pequeñita independiente, curiosa, extrovertida, muy cuidadosa y ordenada con mis pertenencias. Todo funcionaba perfectamente, incluso por encima de las expectativas de mi edad.

Al llegar mi inicio escolar, apareció un gran obstáculo; no lograba aprender al ritmo de mis compañeros. Al principio pensaban que esos problemas eran fruto de mi estado emocional, dado que mi padre llevaba un par de años viviendo aquí en España y yo aún estaba con mi madre en Argentina. Luego, cuando viajamos, pensaban que por causa del cambio de país y el distanciamiento de mis seres queridos, no podía concentrarme. Finalmente cuando ya no tuvieron excusas, se dieron cuenta de que realmente tenía problemas de aprendizaje.

A partir de ese momento comenzó un largo recorrido entre orientadoras, psicólogas y muchos profesionales que ni sé el título que tenían. Viajé por el mundo de los test, entrevistas, retiradas de clase con profesoras que me ejercitaban… Escuchaba distintos diagnósticos, como dislexia, T.D.H; todo era muy confuso y había muchas palabras que no entendía.

Sólo sé cómo me sentía yo: atrapada, sin salida. Porque vivía agobiada, cansada, frustrada, impotente. Le dedicaba todo mi tiempo al estudio, lo intentaba una y otra vez y siempre fracasaba. A medida que pasaban los años, todo iba a peor tanto en los estudios como en mi ánimo, y así comenzó mi etapa de frustración, en la que pensaba: “Para qué voy a estudiar si ya sé que me va a ir mal”. Lo había intentado todo y cada vez estaba más desmotivada. Tampoco ayudaban los comentarios mal intencionados que escuchaba a mis espaldas de niños que se daban cuenta de mis dificultades. Os aseguro que muchas veces pensé en abandonar los estudios porque no me creía capaz. Las cosas se complicaron debido a que nos mudamos de pueblo y dejamos a buenos amigos que eran mi gran apoyo.

Cuando pensé que todo no se podía poner peor, apareció otro gran obstáculo: mi hernia discal. Toqué fondo porque además de que llevaba mal los estudios, ahora ya no podía asistir a clase; mi vida social no existía, sólo estaba acostada todo el día sin poder hacer nada por mis fuertes dolores. Todo ello me llevó a una depresión. Había permitido que todas esas circunstancias dominaran mi vida y así perdí el control.

Una mañana como tantas otras, sola, recostada sobre mi cama, sin poder hacer nada, reflexioné acerca de todo lo que me estaba sucediendo y fue en ese instante cuando descubrí que tenía dos opciones: o seguir como hasta entonces, lamentándome de lo mal que me sentía y de todo lo que no podía hacer, o coger las riendas de mi vida y seguir luchando tratando de encontrar una salida.

Así fue como empecé a aceptar lo que me sucedía y a dominar yo las circunstancias. Deposité todas mis energías en conseguir salir adelante. No fue fácil, pero no permití que las barreras que debía atravesar me detuvieran antes de llegar a mi meta y encontrar mi camino.

No sé si fueron las dolorosas sesiones de infiltraciones, o si fueron la gran cantidad de libros que leí, o la suerte de encontrar un centro educativo en el que me sentí y me siento muy a gusto, o el haber encontrado nuevos amigos que me aceptan tal y como soy, o quizás sea todo a la vez… la cuestión es que simplemente acepté la vida como venía, sin pensar ni lamentarme por lo que no me daba.

Al día de hoy mi hernia discal y mis problemas de aprendizaje siguen acompañándome cada día, pero es mi actitud positiva la que no permite que esos obstáculos me impidan seguir adelante persiguiendo mis sueños. Acepto mis limitaciones y me adapto, pero continúo y no permito que una caída, un tropiezo me detenga; todo lo contrario, me da más fuerza para levantarme y seguir intentándolo.

Todos tenemos alguna piedra en el camino, sólo con una actitud positiva podemos vencer nuestras barreras y nuestros miedos, eso es lo que nos mueve, lo que nos hace superarnos cada día como personas y como profesionales. Sólo hay que atreverse a despegar para empezar a volar. Jamás te des por vencido.

Una vez leí una frase de Pablo Neruda que me ayudó mucho y quiero compartirla con vosotros:

“TÚ ERES EL RESULTADO DE TI MISMO”

 

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