Que pases un gran día

Por Marta Somaza Trueba, alumna de GIAT 2º  (2º Premio)

“El único egoísmo aceptable es el de procurar que todos estén bien para estar uno mejor”. Jacinto Benavente

Tengo una hermana de 30 años, y aún recuerdo las fiestas de cumpleaños que montaba con sus amigos en la adolescencia. Fiestas sorpresa, con muchos globos, mucha comida y mucha bebida.Marta Somaza Trueba GIAT2 2-2-2018 Que pases un gran día Con muchos regalos, no muy caros quizás, algunos hechos a mano, esa clase de regalos que están hechos con cariño y exclusivamente para el destinatario. Y con amigos, muchos y muy buenos amigos. Y… todo con un solo propósito: que la cumpleañera o el cumpleañero pasara el mejor día de su vida.

Ahora, el mismo grupo de amigos de mi hermana que tanto se esforzaba en los 90 por hacer de un cumpleaños el día más especial, se ha “contagiado” de ese “egocentrismo social” en el que vivimos hoy en día. Son más mayores, han vivido más cosas juntos y, sin embargo, son más vagos. Más vagos para hacer que su amigo o amiga se sienta la persona más afortunada del mundo por un día.

Se escudan en que no tienen tiempo, en que no tienen dinero… y acaban poniendo 15 o 20 euros cada uno para comprar tres chorradas de regalo, salir de fiesta… y ya está. Igual ni siquiera lo han “celebrado” el mismo día del cumpleaños, pero da igual. Cuando llegue el día, la persona cumpleañera recibirá un montón de mensajes por Whatsapp, Facebook, etc., de gente muy cercana o de simples conocidos. Todos le desearán un feliz cumpleaños y acabarán la felicitación con la ya clásica frase (en todas sus versiones posibles): “Y espero que pases un gran día”.

Pero la realidad es que muchas veces, Nadie ha participado de ese “gran día”, Nadie se ha preocupado de hacerlo grande. No digo que ya no haya buenos amigos, lo del cumpleaños es un simple ejemplo que sirve para darnos cuenta de que estamos perdiendo la capacidad de empatizar con los demás, de dedicar tiempo a las personas que nos importan; vamos a lo nuestro. Yo misma me incluyo en ese saco, soy mucho más egoísta ahora que cuando tenía diez años. La sociedad nos ha enseñado a preocuparnos por nosotros mismos, a no involucrarnos en los problemas ajenos y a mirar raro a quien sí lo hace. Es una sociedad con un ritmo de vida frenético que muchos no pueden seguir, y por ello se van quedando por el camino sin que nadie pare a recogerlos. Y la vida es un tren que no pasa dos veces.

Deberíamos pararnos a pensar si lo que hacemos en el día a día nos hace sentirnos bien. Y no hablo de ir de compras, de sacar buenas notas o de perder un par de kilos, hablo de hacer cosas que nos llenen como persona: ¿has ayudado a un anciano a subir al autobús?, ¿te has parado en la calle a preguntarle a un “sin techo” si necesita algo?, ¿le has comprado unos bombones a tu madre sin que sea una fecha especial, o le has dicho lo rica que estaba la comida?, ¿te has olvidado del examen que tienes, y la tarde anterior has sacado de la cama a tu amigo, que no pasa por su mejor momento? Es triste, pero seguramente nos demos cuenta de que no hacemos ese tipo de cosas tan a menudo. Son pequeños gestos que a nosotros no nos cuestan nada, pero que para la otra persona pueden significar un motivo para afrontar un nuevo día.

Hay mucha gente muy sola o pasando por un mal momento sin la ayuda de nadie, y en muchos casos los de fuera no lo notamos. Pocas veces se pregunta: “¿qué tal estás?” queriendo escuchar la respuesta sincera. Nos autoconvencemos de que ya habrá alguien que ayude al anciano o al “sin techo”, que mime a tu madre o que anime a tu amigo. Sentencias como “hay tanta gente a la que ayudar en el mundo”, “no voy cambiar el mundo yo solo”, “si ayudo a uno tengo que ayudar a todos”, son el claro reflejo de una sociedad que siempre piensa “a lo grande” para lo que le conviene. No vas a cambiar el mundo por ayudar a una persona, es cierto, pero seguramente cambies el suyo. ¿Acaso no es eso ya un gran mérito? Puestos a ser egoístas, seámoslo sintiéndonos bien con nosotros mismos por ayudar a alguien.

Lo que quiero decir con todo esto es que en vez de esperar a que tus abuelos te digan lo solos que se sienten, saca tiempo para ir a verles; antes de que tu amigo se quede en casa porque no tiene dinero para ir de cañas, invítale tú a una ronda, o invade su cuarto con un montón de comida basura para ver una peli; antes de llorar la tragedia de un conocido al que pudiste ayudar, ayúdale.

Miremos más a quien tenemos al lado. Preguntémonos cómo está y… preguntémosle de verdad cómo está. Yo prometo no volver a acabar una felicitación de cumpleaños con la frase “que pases un gran día”. ¿Qué harás tú?

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