Reflexiones sobre robots, empleo y formación

La robotización de los procesos productivos es imparable. ¿Es necesario dramatizar o hay que considerar los aspectos positivos de perder parte de nuestros trabajos?

De un tiempo a esta parte se está mostrando cierta preocupación por parte de las sociedades modernas respecto a la posibilidad de que los robots lleguen a realizar cada vez más trabajos sustituyendo a los trabajadores humanos, con las consiguientes pérdidas de empleo. Una búsqueda sencilla en Google “los robots nos quitan el trabajo” tiene FOTO_RICARDOaproximadamente 150.000 resultados. La búsqueda “robots steal jobs” tiene 8.250.00 resultados. Figuras como Bill Gates o el gobernador del Banco de Inglaterra, entidades como el Foro Económico Mundial de Davos y por supuesto, el mundo sindical tienen numerosas, y a veces contrapuestas, opiniones sobre el tema.

¿Está justificada dicha preocupación? ¿Realmente los robots pueden ocupar gran parte de los puestos de trabajo en el futuro próximo? ¿Es esto malo, se pueden obtener beneficios de ello?

Existe cierto consenso en que la pérdida de puestos de trabajo rutinarios y de baja cualificación en los que los robots son considerablemente más productivos que los humanos es inevitable; sin embargo, existe el mismo consenso respecto a la creación de nuevos puestos de trabajo de alta cualificación, como programadores, trabajadores de mantenimiento, técnicos eléctricos y electrónicos, técnicos informáticos, expertos en visión artificial, etc.

Ahora mismo, hay muchos nichos de oportunidad donde pequeñas empresas especializadas en tecnologías avanzadas pueden en pocos años pasar a valer cientosRICARDO 1 o miles de millones para multinacionales, sólo por el know-how conseguido en ámbitos relevantes para la robótica. Por supuesto esto implica la necesidad de un aumento de personal cualificado y por tanto, de una necesidad de potenciar los sectores educativos capaces de proporcionar a los trabajadores actuales y a los futuros las habilidades demandadas por las empresas en este proceso de transformación.

El sector educativo debe trabajar en dos direcciones; por un lado, en la potenciación del trabajo investigador llevado a cabo por las universidades, en constante contacto con el mundo empresarial; por otro lado, se debe potenciar la formación profesional en aquellos sectores que demandarán profesionales cualificados aptos para colaborar en la transformación de las empresas y en su futuro funcionamiento. La oferta educativa debe adaptarse a las necesidades de las empresas, lo que redundará en la mejora de la empleabilidad de los futuros trabajadores y en la facilidad del reciclaje formativo de los trabajadores que actualmente forman parte de las empresas dispuestas a dar el salto hacia una mayor robotización de los procesos productivos.

En mi opinión, es más que posible que se pierdan cientos de miles de puestos de trabajo y que determinados puestos de trabajo no vuelvan a ser ocupados por personas, pero será responsabilidad de los políticos velar RICARDO 2por la ciudadanía y buscar herramientas para compensar esa robotización de las empresas. ¿Cómo? No debería ser demasiado complicado. Al fin y al cabo, la optimización de la producción basada en robots debería llevar a una bajada de precios para los consumidores. Por tanto, necesitaríamos menos dinero para tener lo mismo. Es posible así que fuese suficiente con trabajar la mitad de horas y dividir el trabajo restante entre todos los trabajadores, con la consiguiente mejora de nuestra forma de vida. Las empresas que obtendrían beneficios extra al sustituir la mano de obra humana por robots pagarían sus impuestos, y los Estados podrían compensar, si fuese necesario, a los ex trabajadores. Estoy seguro de que habrá soluciones a medio plazo, y que la robotización de la sociedad será positiva.

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