Un viaje, unos amigos y un final inesperado

Por José Ramón Meñaca Real, alumno de AyF 1º

Un joven pasiego, camino de ultramar hacía Colombia –inmersa en una revolución–, en busca de su padre

Me llamo Manuel, vivo en un pueblo llamado Selaya y trabajo en un bar, la Florida, que me dejó mi padre antes de partir a José Ramón Meñaca Real AYF 1-3-2019. Un viaje, unos amigos y un final inesperadoultramar; a pesar de la distancia, me mandaba regularmente una carta para contarme cómo estaba la cosa. Esta historia transcurre una tarde de mayo de 1810, mientras estaba atendiendo en la barra del bar y cuando en ese momento llega Sara, “La Parroquiana”; antes de que me dijese nada, yo ya le serví su típico carajillo –ella era asidua al lugar–. Sara en cuanto me vio me preguntó:

– ¿Qué barruntas, Manuel?

–Nada. –le dije–.

–Bah, en serio, cuéntame, que se te nota alicaído. –Me volvió a insistir–.

Le respondí: – El otro día hablé con Irene.

– ¿Qué Irene?

– ¡Carajo, tu amiga Irene, la que tiene… la que antes se llamaba Paco!

– ¿Y qué te ha dicho?

– Me dijo que uno de sus “amigos” del puerto de Santander le contó que las cosas en Colombia están “movidas” con los españoles.

– ¿Y es ahí donde está tu padre, no?

– Efectivamente, además probablemente eso explicaría la razón de que hace tiempo no me llega ninguna carta de él.

– ¿Y qué piensas hacer?

– Pues estaba pensado en irme a buscarle.

– ¡Eso es una locura!

– Ya sé que es una aventura cruzar el charco, pero tengo que ir.

– Eso también, pero yo lo decía porque si te vas, ¿quién se hará cargo del bar?

– Mañana mismo lo cerraré hasta la vuelta.

– Pues… sírveme la última y cuídate.

Al día siguiente, al amanecer, puse rumbo al puerto de Santander, en busca de un barco que fuese a Colombia. Llevaba recorriendo el puerto varios días sin encontrar un capitán de barco que me aceptase. Ya desesperado y cansado, pensé en tirar la toalla cuando por un casual, me encontré a Irene, le conté lo que sucedía y ella respondió:

 – Pues yo te puedo ayudar, conozco a un capitán de barco francés que mañana va a Colombia.

– ¿Y desde cuándo sabes francés?

– Ya sabes que yo domino muy bien el francés y las lenguas.

– Lo sé, lo sé.

– El capitán se llama Rubén Rolando, y el barco está en el atraque 33; dile que vas de mi parte.

– Gracias, nos veremos a la vuelta.

Después de despedirme fui a buscar al capitán. Cuando le encontré, le conté que iba de parte de Irene y él me aceptó al instante. A la mañana siguiente, partimos, y ya en el barco nos pusimos a hablar:

Yo: –¿Ese nombre es poco francés no?

– Así es, soy de origen colombiano.

– Y qué hace un colombiano en un barco francés?

– Hago encargos para mi tío, transporto mercancía que él me encarga llevar hasta Francia.

– ¿Y qué tipo de mercancía?

– No quieras saberlo si lo que quieres es llegar a Colombia.

Yo, por si acaso no volví a hablar con el capitán durante la travesía. Cuando quedaban unas horas para llegar, volví a hablarle y le conté la situación. Él me contó que estaba sucediendo una revolución por la independencia de los españoles, así que tendría que tener cuidado. Le conté quién era mi padre, y él me habló de una amiga suya que conoció en Francia y que en Colombia conocía a la mayoría de los españoles. Me dio sus señas y cuando atracamos, me despedí de él. Fui en busca de su amiga, que se llamaba Laura Sofía Alfreda de todos los Santos de la Virgen de Chiquinquirá. Cuando la encontré en una tienda, me puse a hablar con ella, le expliqué mi historia y le pregunté sobre mi padre. Ella me dijo… y hasta aquí la versión gratuita para saber lo que queda de historia pay me.😎

 

 

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