El gran baile

Por Verónica Sainz Blázquez, alumna de GAD 1

La edad no importa hasta que aparece el egoísmo

Juan era un hombre de cuarenta años que se acababa de divorciar después de quince años de relación. Como no estaba pasando por un buen momento, se resguardó en el baile. Paula era una señora de ochenta años que hacía apenas dos, se había quedado viuda e iba al baile para no estarVerónica Sainz Blázquez GAD1 27-2-2019 El gran baile todo el día sola.

Todos los domingos, los dos coincidían en el baile, y nunca se habían fijado el uno en el otro, hasta que un día estaban bailando en círculo, cambiando de pareja y les tocó juntos: pareció todo un flechazo. Cada domingo que coincidían se miraban tímidamente y ninguno de los dos conseguía dar el paso de ir a donde el otro.

Llegó el día en que les volvió a tocar bailar juntos, al principio estaban muy tímidos, pero según iban pasando los bailes, cada vez estaban más cómodos. Cuando casi era la hora de marcharse, Juan le ofreció quedar al día siguiente en su bar favorito y ella, sin dudarlo, aceptó. Al día siguiente, los dos acudieron al bar, se pusieron a hablar y cuando se quisieron dar cuenta, ya habían pasado tres horas. No se lo podían creer ¡era su primera cita!

Después de seguir quedando durante un año entero, él se presentó con un ramo de rosas y le propuso empezar una relación, a pesar de todos los comentarios negativos que hacía la gente por su diferencia de edad. Con el paso del tiempo, la relación iba creciendo y la gente les empezaba a aceptar e incluso se iban integrando en ambas familias.

Cuando Paula cumplió los ochenta y seis años, le diagnosticaron Alzheimer y él cada vez empezaba a estar más distante y ya no estaba tanto tiempo con ella. La familia de Paula le empezaba a ver cada vez con más lujos y con más dinero, y a ella siempre la veían igual y sin dinero. Él se iba y sacaba el dinero de la cuenta de ella; tan pronto ella cobraba la pensión, se lo gastaba tanto en irse con los amigos como en las máquinas tragaperras. Ella siempre se veía sola, con ropa vieja, y apenas salía de casa, no sabía cómo volver ya que él la dejaba encerrada. A su familia no le gustaba que ella no saliera de casa e iban a buscarla, pero siempre coincidían con él; un día fueron y él no estaba, vieron que ella intentaba abrir y no podía, así que la familia empezó a investigar.

El día en que ella cobraba esta vez iba a ser diferente ya que él había sacado el dinero y se había ido de España. Más tarde, la sobrina fue al banco, pero era demasiado tarde ya que no había nada en la cuenta. Rápidamente, la sobrina fue a su casa, ella ya no contestaba y automáticamente llamó a la policía. En cuanto llegó la policía, forzaron la puerta y se encontraron el cuerpo de Paula con un charco de sangre, ¡la había matado!

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