Una reina para un reino

Por Marina Inés Barrios Álvarez, alumna de GAD 1º

Una reina sin reino que lucha por su pueblo, una reina con un futuro vago e incierto

Los soldados habían salido corriendo del lugar, lejos de mis tierras. El grupo Delta, mientras tanto, recogía el cuerpo de los soldados que habían caído a tierra. Si no tenían pulso, los tirábamos al foso, y si tenían pulso, también los tirábamos al foso… no Marina Ines Barrios Alvarez GAD1 06-03-2019 Una Reina para un Reinoesperéis que tenga compasión de ellos cuando he visto cómo ellos no tenían compasión alguna por mi raza.

–Ra, sabes que es solo cuestión de tiempo que los soldados lleguen a palacio y le cuenten al rey cómo reivindicabas unas tierras que cree poseer y cómo te has pasado medio discurso insultando su estirpe real.

–Sabes que eso me importa…

–Sé que te importa bien poco cómo repercuta en ti, solo quiero que pienses en cómo afectará a los que te rodean. Muchos de ellos no están preparados realmente para lo que ocurrirá después; por más que los prepares para la guerra, tú sabes que ésta no perdona. Con esas palabras Kilig se alejó de mí dejándome sola junto a la fogata. Tenía razón, no era consciente de cómo les afectaría a ellos mis decisiones, sólo estaba pensando en mí. ¿Había caído tan bajo?

–Señorita, cuatro de ellos tienen pulso, sé que nos ha ordenado que igualmente los tiremos a la fosa, pero…

–Pero ¿qué?

–Señorita, usted no es un monstruo y por eso yo…

–Y no lo soy, Diar; por eso mismo no dejaré vivo nada que pueda haceros daño. Así que haz lo que te he ordenado.

–Pero…

–¡Es una orden he dicho! Ahora era yo quien me iba, dejándolo solo sin preocuparme si verdaderamente me había obedecido.

Después de aquella guerrilla en el claro, muchas cosas cambiaron: la seguridad había aumentado, había soldados por todas partes, la tensión entre los humanos y nosotros se había agravado, la tensión se palpaba en el ambiente y para nosotros era difícil conseguir hospedaje, las personas nos miraban mal allá donde fuéramos. Aquella noche llovía y no sabía si esa noche íbamos a encontrar un lugar donde dormir.

–Por favor, señor, hay niños en mi grupo.

–Ese no es mi problema, no me voy a arriesgar a que amanezcamos muertos como aquellos soldados.Había hecho lo que había podido y era la décima posada que nos rechazaba.

Llevábamos dos días durmiendo a la intemperie en invierno, no nevaba en esos días, pero el frío… era difícil de mantener el calor. Miré a mi pequeño clan, que se encontraban detrás de mí. Era urgente encontrar un lugar. Tenía la piel de las manos rotas y no me quería imaginar cómo estarían los demás, sobre todo los niños, con sus labios morados, temblando sin rechistar.

–Hagamos un trato de sangre (la sangre de los cambia-formas es sagrada) además de un pacto eterno que no se suele llevar a cabo entre nosotros, mucho menos con humanos; ellos no entienden la eternidad. Me miró con recelo, sin embargo entró a su posada y sacó un papel dorado.

–Sin trampas o llamaré a los soldados.

Aquella noche nos dejaron dormir allí, pero no solo esa noche, podríamos dormir ahí las veces que quisiéramos, ya que, el contrato ya estaba elaborado y firmado. Mi habitación se encontraba en el centro de las demás habitaciones, se lo había pedido al dueño. Accedió con gusto, a pesar de todo, solo necesitaba sentirse seguro para confiar en mí. En la madrugada alguien tocó a mi puerta. Era Kilig, solo él tocaba así. A pesar de no decir nada, él pasó.

–No te dejé pasar.

–No necesito que me des tu aprobación para poder entrar a mi propia habitación.

–Podría haber estado desnuda.

–Eres mi esposa, no creo que verte desnuda sea algo para montar un escándalo.

–Entonces por qué tocas.

–Por si estabas acuchillando una foto mía, quería darte margen para que la escondieras.

–Kilig, yo no te odio. No dijo nada. Se aseó y se metió en la cama, se acurrucó en una esquina y me dio la espalda, creo que no me voy a acostumbrar nunca a esto.

–¿Cómo están todos?

–Asustados, cansados de todo.

–¿Qué crees que deba hacer?

–Creo que deberías comenzar a empatizar con ellos y saber qué es lo que necesitan. Últimamente, la empatía, es algo de lo que careces.

–¿Insinúas que todo lo estoy haciendo, lo hago por mí?

–…

–¿Crees que yo no estoy sufriendo?, ¿que no tomo en cuenta a los demás en mis decisiones?, ¿es lo que piensas de mí? Comencé a llorar del coraje que me dio escuchar eso, yo creía que al menos le caía bien o algo. Se levantó y me miró, pero no había compasión ni empatía en su expresión, sino enfado.

–¡Sí, es exactamente lo que digo y lo que pienso de ti, es que eres una niña egoísta que nos ha arrastrado a esta vida llena de dolor y miseria!

Entre sollozos me levanté, me vestí y me fui directo a la taberna de abajo. “¿Por qué? ¿por qué me casé con él Si no tenemos nada en común?. Si al menos recordara algo de mi pasado, si al menos supiera qué pasó antes del accidente.”

La taberna se encontraba llena de extraños personajes, cubiertos por un velo oscuro que les proporcionaba las pocas velas que había. Pero no era mi intención quedarme. “Sólo quiero irme un rato. Necesito tener las ideas claras y la mente despejada”.

Me quedé a los alrededores de la posada, no quería alejarme mucho por si había problemas. Sin embargo, me encontraba tan inmersa en mis pensamientos que no vi cómo una silueta se acercaba a mí hasta que vi sus pies cerca de los míos. Mantuve la calma ya que se encontraba tan cerca de mí y no temía que yo fuera una cambia-forma.

–Usted no me conoce a mí, pero yo a usted sí.

–Qué quiere.

–No se asuste, uno de los suyos me hizo un favor hace un año y medio y vengo a devolvérselo. Lo miré confundida:

–¿Uno de los míos?

–El rey planea quemar las tierras del sur para echar a los cambia-formas y también echarle la culpa a ellos. Creo recordar que el sur es suyo.

–…

–Sólo venía a saldar mi deuda. Déle saludos a Diar de mi parte. La noticia me había dejado inmóvil, no sabía cómo digerirla. “¡Mi gente… mis tierras! Pero… ¿cuándo pasará esto?”

– ¡¡Espera!! Ya se había ido. Eso no importaba. Corrí a la taberna para avisar a Kilig de que teníamos que partir al sur mañana al alba. Entré en la habitación y me encontré con Kilig y Diar hablando. Hice tal estruendo al entrar, que me miraron los dos asustados.

–Señorita, ocurre algo.

–Sí, las tierras del sur están en peligro, mañana al alba partimos.

–Pero qué ocurre Ra, ¡dínoslo!

–No hay tiempo para explicaciones. Por cierto, Diar, tú y yo tenemos un asunto del que hablar.

 

 

 

 

 

 

 

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