Una perspectiva rota

Por Jesús San Martín Fernández, alumno de  ADIR 1º

Es un increíble consuelo descubrir, piensa él, que todo lo malo en ti no es culpa tuya

– “Él es un niño algo especial, tan solo eso.” Las personas no nacen con una clara y definida identidad, piensa él. Jesús San Martín Fernández ADIR1 01-03-2019 ''Una perspectiva rota'Los niños son páginas en blanco que van desarrollando sus gustos e intereses a medida que se exponen al mundo, y la personalidad que tendrán en su etapa adulta será el producto de esa influencia externa a través del paso de los años.

Si una persona hubiese nacido en un país completamente distinto, por ejemplo, su personalidad sería completamente diferente al ser humano que es ahora. Es irónico que piense algo así, cuando él mismo sabe que el ser humano en el que él estaba destinado a convertirse había sido predeterminado desde su más tierna infancia. No importaba en absoluto si su lugar de nacimiento o sus circunstancias personales hubieran sido diferentes pues habría terminado convirtiéndose en la misma persona. Tal vez sea por eso que por su mente nunca aparecen ideas de la índole: “¿Cómo hubiesen sido las cosas si esto no hubiera sucedido?”. Al final, su perspectiva rota siempre le acompañará y definirá su identidad, con todo lo bueno y malo que eso conlleva.

– “Siempre está callado y observando. Tiene los ojos mirando al vacío.” Él es un eterno espectador. Desde su perspectiva rota, el mundo fluye en una sucesión de eventos de los que él no forma parte, viéndose forzado a observar cómo sucede un acontecimiento tras otro, sin tener la menor oportunidad de modificarlos o formar parte de ellos. El mundo es totalmente caótico a sus ojos, y no puede comprender, siquiera remotamente, cómo el resto de personas pueden soportar vivir en tales circunstancias. No solo eso, le sorprende aún más que no se limiten solo a sobrevivir, sino que tengan además las fuerzas y energías para vivir. Es casi, piensa él, como si tuviesen control sobre sus propias vidas, como si pudiesen afrontar el caos que gobierna el mundo y vivir con ello sin que sus mentes estallen. Y eso le resulta completamente antinatural.

Las personas, piensa él, son muy afortunadas de tener esa habilidad. No necesitan planificar meticulosamente cada paso y cada pequeño detalle necesario para llevar a cabo hasta los procesos más sencillos como le sucede a él, sino que son capaces de hacer ese duro trabajo de una forma tan sencilla que casi se podría decir que lo hacen de manera inconsciente. Él se siente sumamente desafortunado de tener que ser consciente de todo lo que, a sus ojos, el resto puede hacer de forma instintiva. Pensar en tantos detalles y tener que cuidar concienzudamente los pasos a llevar a cabo en todo proceso que afronta en su vida diaria no resulta fácil para él, con su mente constantemente saturada de información. Pero todo eso es necesario, piensa él, es lo que hay que hacer para sobrevivir a todo ese caos.

– “El trastorno del espectro autista no tiene por qué limitar tu vida.” No le importa en absoluto el nombre que pueda tener su condición. Al final, no es otra cosa que una percepción irreal del mundo a su alrededor. Él lo sabe, y es consciente de que su forma de percibir las cosas no es adecuada, pero, aunque lo admita y lo reconozca, eso no hará que su perspectiva rota se arregle por sí misma. Nunca lo hará. Cargará con ella durante toda su vida, como una maldición. Eso no le apena, él no sabe lo que es vivir sin ello, ni mucho menos puede imaginarlo, por lo que no añora una vida diferente. No lamenta su situación actual porque no tiene una alternativa que haya experimentado y anhele.

En cierta forma, le agrada saber que tiene una perspectiva rota. Antes de saberlo, él no podía entender por qué el mundo era tan caótico y por qué el resto de personas no parecían darse cuenta de ello. Durante mucho tiempo pensó que él mismo era el problema, y eso sí le provocaba una enorme tristeza. Pero eso cambió radicalmente desde el momento en el que descubrió que no es culpa suya, ni tampoco culpa de un supuesto mundo caótico. Le resulta fácil entender por qué hay casos de personas que relatan cómo el descubrir que tenían autismo les provocó alivio y sosiego, lejos de pena y tristeza. Es un increíble consuelo descubrir, piensa él, que todo lo malo en ti no es culpa tuya.

– “El ser humano, por naturaleza, es…” A lo largo de la historia muchos pensadores han discutido si existen unas determinadas características innatas en el ser humano, como la bondad o la maldad. En un principio él no creía en nada que tuviese que ver con aspectos innatos, pero descubrir su condición le ha hecho dudar profundamente de ello. A fin de cuentas, él no es ninguna excepción, pues existen cientos de miles de personas como él que, desde sus particulares perspectivas, perciben sus propios mundos de formas únicas. Cada uno de forma diferente al resto, así que, ¿qué es innato y qué se construye con el paso del tiempo? Tampoco le interesa demasiado la respuesta, piensa él, pues no importa demasiado que es una cosa u otra. Él seguirá siendo la misma persona de todos modos.

Pero lo que sí le intriga es todas esas personas que hay en el mundo igual que él, con perspectivas tan especiales que algunos se atreverían a denominarlas erróneamente como “rotas”. ¿Qué derecho tiene nadie de sentenciar algo así? Le produce cierto enfado así que intenta no pensar mucho al respecto. En lo que no puede evitar reflexionar es acerca esas personas tan parecidas a él y tan incomprendidas muchas de ellas. Tal vez, piensa él, si llegase un día donde el mundo pudiese entenderlos y aceptar sus particularidades como algo natural e innato, podría conseguir dejar de pensar que su perspectiva está rota.

Comments on this post

No comments.

It is necessary to login to write comment.

Trackbacks and Pingbacks on this post

No trackbacks.

TrackBack URL