El título se fue de vacaciones

Por Víctor Zayas Salvarrey, alumno de SMR 2º 

Cuando la muerte se precipita sobre nosotros, la parte mortal se extingue; pero el principio inmortal comienza

Empecemos imaginando el fondo del mar, arena blanca hasta donde alcanza la vista, agua clara que filtra los rayos danzantes del sol, me encuentro tumbado en el lecho marino, rodeado de esa nada observando hacia el infinito el llano campo de arena blanca, Victor Zayas Salvarrey 04-03-2019 SMR2 El título se fue de vacacionesde repente me invade un sentimiento de tranquilidad, que tras unos minutos se torna a una sensación de frío, de soledad. Mi vista comienza a nublarse, siento mi cuerpo entumecido a la vez que voy perdiendo la consciencia, veo cómo un hilo de sangre brota del costado de mi cuerpo dirigiéndose hacia las olas de la superficie; es entonces cuando cesan mis funciones vitales y perezco.

Descendiendo de la cordillera de Srrolher, en el límite de Gaia, me hallo junto con otros cuatro aventureros desconocidos para mí en una carreta que se dirige hacia Gemwik, un pueblo que se encuentra en la periferia de Ysghal, la capital de Gaia. El conductor de la carreta nos advierte de que aún faltan dos horas hasta llegar a Gemwik, y mientras los demás empiezan a hablar entre sí, yo me limito a observarlos y me quedo callada; entonces me preguntan por mi nombre: –¿Y tú, cómo te llamas? –dice uno de los aventureros que viaja a mi lado. –¿Quién soy yo? –Pienso para mis adentros. Soy Khaanan, una Silfo que abandonó su colonia hace ya muchos años. ¿Por qué os estoy contando esto? porque soy la protagonista y ésta es mi historia.

Mi nombre es Khaanan, mi raza es Silfo, una especie de elfa de los vientos, que carece de las características marcas rúnicas de color blanco que recorren nuestra piel. Yo tan solo las conservo en el reverso de las manos, y éstas tienen una extraña forma de media luna con una circunferencia en su interior atravesada por una línea. Me fui de mi colonia a la edad de 20 años para dejar de sufrir la continua molestia de los demás habitantes debido a que no paraban de meterse conmigo por la falta de marcas en mi piel.

Estuve deambulando por distintos poblados, teniendo que adoptar un comportamiento agresivo o discreto para mantenerme alejada del resto. Aprendí algo de artesanía, a la que apliqué un poquito de mi magia, y creé así algunos objetos mágicos; también tuve que enfrentarme a algunas criaturas en mi camino, así que puedo combatir. Acabé en esta carreta debido a que acepté un trabajo, pero lo que no sabía es que me uniría a un grupo para completarlo.

Como no dispongo de mucho tiempo, resumiré ciertas cosas para contaros lo realmente interesante. Al llegar al pueblo de Gemwik, nos hospedamos en una posada y al día siguiente conocimos a nuestro contratante; nuestro trabajo era resolver el misterio de por qué la gente estaba desapareciendo del pueblo.

Cuando salimos del edificio, nos encontramos con una especie de secta a la que me gusta llamar la iglesia de Azor, que estaban llevando a personas porque habían sido consideradas “malditas”. Ahí es cuando empezamos a sospechar, esa misma noche, entramos en la iglesia, combatimos con unos esqueletos en el cementerio y nos enfrentamos contra unos zombies que estaban sacrificando gente en un altar. En ese momento conseguí un puñal enjoyado, y tras acabar el combate, nuestro guerrero Sigurd, un Ent (Hombre árbol) de familia noble, cayó por la estocada del arzobispo, escondido tras la estatua de Pharasma. Con su muerte logramos adivinar la clave de una extraña partitura, que abría un pasaje oculto detrás de la estatua, y bajando por un pasillo con trampas mágicas, utilicé mi daga enjoyada contra un Golem para conseguir una espada sagrada.

Días después, fuimos a un hospital abandonado donde se realizaba la conversión de humanos a mutantes carentes de pensamiento, que servían como esclavos a manos de un alquimista, quien a su vez servía a un rey demonio, del cual nos acabamos encargando con la espada sagrada dos días después. Nuestra tiradora Reta, la Goblin, murió debido a las heridas causadas por el ataque de un Oni-kitsune (zorro demonio).

Semanas después, completamos nuestro trabajo los 3 restantes: Gideon, el paladín, Takar de Nahí y por supuesto yo, Khaanan, la Silfo. Decidimos hacer un último viaje a un templo submarino del que oímos hablar hace tiempo porque decían que existía un orbe de luz negra capaz de devolver la vida a los muertos.

Nos asaltaron unos tritones que defendían la entrada al templo, cayeron de la oscuridad del techo apuñalando el corazón de Gideon con una lanza de coral de rayo (un coral con alta conductividad), y a partir de ahí, evitamos el combate todo lo que pudimos hasta llegar a la cámara ritual, donde se encontraba el orbe. La sala estaba llena de enemigos, intentamos llegar hasta el orbe con sigilo, pero nos descubrieron y tuvimos que irnos al momento; abatieron a Takar en la huida, perdiendo así el orbe, recibiendo yo un corte profundo en mi costado y nadando todo lo que pude hasta dejarlos atrás.

Acabé perdido en el lecho marino intentando llegar a una playa, veía un campo de arena blanca hasta donde me alcanzaba la vista, los danzantes rayos de sol jugaban en la superficie con las olas. De repente me invade un sentimiento de tranquilidad, que tras unos minutos se torna a una sensación de frío, de soledad. Mi vista comienza a nublarse, siento mi cuerpo entumecido a la vez que voy perdiendo la consciencia, veo cómo un hilo de sangre brota del costado de mi cuerpo dirigiéndose hacia las olas de la superficie; es entonces cuando cesan mis funciones vitales y perezco.

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