Historia de un loco

Por Jesús Pérez Bárcena, alumno de SMR 1º

Una fría mañana de invierno, en pleno enero, cuatro chicos, Fernando, Iván, Miguel y yo, Jesús, quedamos para ir a tomar algo y dar un paseo por Santander

Estuvimos toda la tarde por Santander y cuando ya eran las 10 de la noche y todos nos íbamos a ir cada uno a nuestra casa, de repente Fernando tuvo la idea de ir en su coche a la isla de Pedrosa y pasarJesús Pérez Bárcena SMR1 25-2-2019 _Historia de un loco_ la noche allí. Se dice que hay fantasmas, que hace muchos años aquello era un sanatorio donde se encontraban los leprosos y heridos de guerra así que mucha gente murió allí, de ahí que se dice que hay fantasmas y espíritus. Los cuatro sabíamos la historia de Pedrosa, pero no nos echamos atrás y fuimos en el coche de Fernando hasta allí. Una vez llegamos, teníamos mucho miedo, sin embargo, ninguno se retiró. Eran ya las 11 de la noche y entramos a la casa a verla un poco cómo estaba. Por suerte teníamos las linternas de los móviles. Cruzamos el puente para ir a la segunda casa, fue entonces cuando Iván sintió un escalofrío, no se sentía muy seguro y vimos en una de las ventanas la silueta de una persona.

Entramos a la casa los cuatro con las linternas de los móviles y subimos hasta arriba, pero para subir estaba todo en ruinas con lo que teníamos que ir de uno en uno y con mucho cuidado. Las escaleras estaban muy mal, pero subimos. En una de las zonas había poco suelo y cruzamos de uno en uno. Al subir los últimos escalones, llegamos al desván y vimos una mecedora al fondo; nos íbamos acercando hacia ella y de repente, la mecedora empezó a moverse. Todos nos asustamos, pero el primero en salir corriendo fue Fernando y los demás le seguimos, corriendo por las escaleras abajo. De repente vimos a Fernando caer hacia el final de las escaleras, donde había una zona que no tenía suelo y se precipitó al vacío. Cayó entre escombros y quedó ensartado en una viga. No sabíamos qué hacer, estábamos muy asustados y queríamos irnos a nuestra casa e intentar olvidar todo lo que había pasado.

Cuando nos estábamos yendo, Miguel se dio cuenta de que se había dejado la cartera con su DNI y no podíamos dejarlo ahí porque si no, la muerte de Fernando iba a recaer sobre los demás. Así que decidimos volver a por la cartera de Miguel; nos separamos para buscarla, cada uno con su linterna, e Iván subió a la primera planta. Estaba allí buscando hasta que de repente se le quedó el móvil sin batería, se le apagó y ya no podía ver nada. Nosotros escuchamos un grito de Iván y subimos a ver qué pasaba: Le encontramos, pero estaba raro, tenía lepra, la piel se le caía a cachos y de repente se desplomó al suelo y murió.

Miguel y yo no sabíamos qué hacer y cuando estábamos bajando las escaleras encontramos la cartera así que al salir por la puerta chocamos de frente con una persona, o eso parecía. Nos acercamos con miedo y se escuchaba un susurro. Enfocamos con la luz y nos quedamos impactados al ver ese ser: era una persona con la piel caída a cachos que empezó a hablarnos con una voz tenebrosa. Se trataba del espíritu de un antiguo enfermo del sanatorio. Nos dijo que nos teníamos que ir de allí porque había un ente maligno en esa casa. Nosotros, asustados, no sabíamos qué hacer porque estábamos delante de un espíritu. El espíritu nos ayudó a salir, pero cuando estábamos saliendo, nos encontramos una monja tenebrosa, su piel muy agrietada, los ojos enteros negros y dientes como cuchillas. Nosotros queríamos salir y la monja se le tiró encima a Miguel; cuando me quise dar cuenta, la monja estaba dentro del cuerpo de Miguel y se acercaba hacia mí, me decía que me iba a matar. Pero el espíritu se abalanzó sobre el ente maligno y me dio tiempo para huir. Cuando salí, estaba amaneciendo ya. Lo había conseguido: estaba fuera, pero estaba solo.

Llegué a mi casa y no sabía qué hacer, si llamar a la policía o no decir nada. Al cabo de un par de horas me decidí, iba a llamar a la policía y contárselo todo. Cuando les llamé y se lo expliqué todo, me tomaron por un loco. Sin embargo, a base de insistir, conseguí que mandaran una patrulla al antiguo sanatorio de Pedrosa; no encontraron ninguno de los cadáveres de mis amigos, yo creí estar volviéndome loco, pero sabía lo que había pasado esa noche, así que decidí seguir insistiendo sin éxito alguno. Tras muchos intentos, decidieron mandar un psiquiatra a verme, estuve hablando con él toda la mañana y decidió que debía estar en un centro psiquiátrico. Me metieron en un psiquiátrico y por eso escribo esta historia, porque espero que algún día alguien me crea.

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