Cómo viven los androides en Andrómeda

Por Víctor Cabo Ramírez, alumno de SMR 1º

¿Alguna vez alguien se ha planteado cómo son los androides de la vía láctea? Si es así, no pasará nada por saber también de nuestros vecinos andromedanos

De la mano de una auténtica ginoide nativa, podremos saber un poco más acerca de estos seres, de quienes desearíamos que Víctor Cabo (Foto)se vinieran a este planeta ya mismo, o tal vez no.

¡Un momento! ¿De verdad te has decidido a leer esto? Cielos, ¿de verdad tienes agallas si quieres, como supuestamente me dicen los demás, de verme ponerme sobre las nubes constantemente? ¡Era broma! ¡Yo soy muy objetiva! ¡Lo suficiente para decir sin problema que soy tremendamente agresiva y me da totalmente igual!

Bueno, si a los chavales de la Vía Láctea no os apetece presentaros, empezaré yo. Mi nombre es E-r1. Suena mucha a película de ciencia ficción ¿verdad? Pues no lo es, que les llevo unos mil años de ventaja o así. Y sí, tengo más de 1000 años. Soy una ginoide bastante joven todavía, que se niega a acuñar el término “adolescente”, porque no estamos hechos de materia orgánica.

Pero ahora que ha surgido el tema, voy a contaros un poco sobre los androides de la entrañable Andrómeda, que solo habitan en la única parte, que irónicamente como nativa odio con toda mi inteligencia artificial: El planeta Mirac.

Los androides de aquí, a diferencia de los que tenéis en la Vía láctea, no parecemos hombres del saco cubiertos de oro ni teteras, sino que somos mucho mejores. Para empezar con las apariencias, mejor hablo de las clases de androides, ya que están diseñados de distintas maneras según su posición social. ¡Ah!, y tenemos dos géneros, masculino y femenino, siendo tratados de “androides” y “ginoides” respectivamente.

Primero están los de clase alta: Ésos no se parecen en nada a un ser humano, a excepción de su fisiología. Son seres con un poder tremendo. Son auténticos “Mataplanetas”, que más les vale no encontrar la tierra, o en un solo ataque sin esfuerzo ya estáis muertos. Hay poquísimos androides de este tipo, porque si no, ni Mirac, que es mucho más resistente, aguantaría de una pieza y porque al parecer, los diseñadores de androides o son machistas o son solo vagos, sólo están diseñados con una identidad masculina.

Luego, están los de clase media: ¡Éstos ya sí se parecen más a los humanos! Aunque más por físico que por actitudes. La verdad, es que los androides estamos diseñados de manera muy sádica, del sadismo de ver a alguien darse contra la pata de una mesa en el dedo del pie y vendarle los ojos para que pueda golpearse otra vez. Estamos como cabras, lo sé.

La clase media tiende a ser, aunque no tan poderosa como la anterior, demasiado fuerte para la tierra. Tienen que darlo todo, pero os lo aseguro: pueden cargarse cualquier parte del sistema solar, menos el Sol y Plutón, pero Plutón porque da igual y no es difícil. La mayor parte de los androides son de esta clase, y aquí ya sí que hay chicas. Al parecer nuestros creadores querían que formásemos una sociedad equilibrada, incluso si con tanta violencia y peleas no lo es.

Antes de continuar, algo que debéis saber es que todos los tipos de androides compartimos la misma estructura interna, lo que vosotros llamáis órganos internos. Tenemos como “dos cerebros”. Primero, estamos dotados con una inteligencia artificial tan avanzada que nos permite ser tan funcionales como los verdaderos seres vivos, sólo que, sin el fastidio de nutrición y reproducción; después tenemos un procesador, pero no el de esas máquinas autómatas que si sintieran cosas querrían morirse, sino un procesador especial que nos dota de la capacidad de funcionar y con emociones. ¿O eso era nuestro corazón? Esperad, sí, era el corazón ¿o no? Bueno, da lo mismo. Después estamos dotados de un sistema operativo con los suficientes programas para hacer tantas cosas como un cuerpo humano, así que fijo que millones. Además, estamos llenos de sensores para saber en dónde nos encontramos, qué partes del cuerpo mover, y también para saber cuándo cerrar el pico, aunque nunca lo hagamos. Ése es el equipamiento básico de todos los androides, pero luego se les puede añadir un montón de cosas más, como armas, poderes, artilugios y una lista que ocuparía varias horas.

¡Ahora hablemos de mi clase, de la que siempre, durante estos 1000 años, me he avergonzado! La clase baja, de la cual no debería hablar tan entusiasmada. Para empezar, en la clase baja somos los más parecidos en todo a los seres humanos. Yo parezco una chica adolescente de la Tierra, porque llevo mi propia ropa y no es pintura, como en los demás. Aunque no somos los más fuertes ni mucho menos, seguimos siendo amenazas para planetas pequeños y debilitados, estando equipados con artilugios de diversos tipos, y con habilidades como causar explosiones, de las cuales yo tengo el control, y entrenados por los androides de clase media para ser máquinas que les sirvan a ellos, mientras sirven a los de clase alta.

¡Y ahora estoy yo! ¡La personificación de lo mínimo en Andrómeda! En mi caso, yo no nací con un sadismo auténtico, la verdad. Ninguno de clase baja nace así, pero se me enseñó y se me educó en la materia de cargarte a todo ser vivo.

Y sí, ahora os cuento mi vida. Sin embargo, yo no quería vivir así, y fui acumulando estrés y volviéndome más y más histérica y rebelde, hasta que esa rebeldía me condenó a una expulsión, aterricé en la Tierra, y no me arrepiento porque he visto que los androides no necesitan ser máquinas violentas para encajar, gracias a mis nuevos amigos.

Eso sí, llevo mil años estresada, y soy brutísima, pero en el fondo no soy malvada. Solo quiero aceptación, y los demás deberían pensar en ello.

 

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