Campamento Rasines, noche inolvidable

Por Lucía González Reguilón, alumna de SAD 2º 

Era 14 de agosto y el último día antes de irme de campamento. Todos nos pasamos todo el año esperando una fecha, el gran campamento de verano del grupo scout San José de Astillero

Llegó el día y nada más despertarme corrí a vestirme, cogí la pañoleta y las botas, me puse el uniforme y el vaquero, cogí la mochila cargada de cosas y fui corriendo al coche; estaba ansiosa por llegar al instituto, que era donde habíamos quedado todos para coger el autobús.

Una vez que llegué al Instituto de Astillero me monté rápidamente en el bus, al poco rato arrancó y todos nos abalanzamos hacia las ventanas para conseguir despedir a nuestros padres.

Después de unas 3 horas más o menos, llegamos por fin al campamento de Rasines donde nos bajamos y empezamos a recoger nuestras mochilas, elegimos la parcela y comenzamos a coger madera y herramientas para construir una valla y una torre – en todos los campamentos de verano hacemos construcciones que consisten en construir diferentes cosas que nos ayuden a vivir allí 15 días, y cada unidad construye diferentes cosas–. Los monitores sólo ponemos una valla y un tendal para colgar la ropa mojada después del baño.

Sobre las 14:00 o así, escuchamos un silbato, eso significaba que era la hora de comer y teníamos que ir todos al comedor; una vez que estábamos todos sentados y tranquilos, los monitores organizamos un acto colectivo para antes de cada comida, esta vez fue la danza del piojo Juancho, donde los monitores cantan y bailan y los niños nos tienen que copiar.

Terminado el acto comunitario, dieron la voz de alarma de que ya podíamos empezar a comer: ese día había macarrones con chorizo y de postre, natillas. Al acabar de comer y después de lavarnos los dientes, nos pusimos otra vez manos a la obra con las construcciones. Sobre las 17:00, nos tocaba baño voluntario, que consiste en que todos los niños que quieran, pueden ponerse el traje de baño e ir al rio a bañarse durante media hora para aliviar el calor.

Cuando ya nos habíamos duchado y vestido, hicimos unos juegos llamados el salto de la torre: cuando es de noche, los monitores se ponen en una cuesta y los niños se ponen abajo de todo. Entonces los monitores apagan las linternas, los niños tienen que intentar llegar a la cima antes de que los monitores vuelvan a encender la luz, y cuando se termina el tiempo y se enciende de nuevo la luz, los niños tienen que quedarse quietos y taparse la cara ya que, si descubren quién es y adivinan su nombre, están eliminados y tienen que volver a empezar desde abajo de todo de la cuesta.

A las 21:30, volvió a sonar el silbato, era la hora de la cena y todos corrimos a sentarnos para poder ver qué juego hacer con todos esta vez.

Cuando ya habíamos terminado de cenar y los niños estaban acostados, los monitores aprovechamos para reunirnos alrededor del fuego y contarnos cómo había ido el día; de repente, se empezaron a oír voces, los monitores nos levantamos, nos pusimos alerta y corrimos hasta el fondo del campamento –que era de donde venían los gritos– con bidones de agua. Cuando llegamos, encontramos dos bengalas en el suelo que eran las causantes del pequeño incendio y también al lado del río, hallamos piedras con frases amenazantes escritas.

Cuando conseguimos tranquilizarnos todos y revisamos que no había nadie dentro del campamento, decidimos llamar a la policía.

Al cabo de unos 30 minutos o así, llegaron, les explicamos todo lo que había pasado, los policías estuvieron como 1 hora revisando bien todo el campamento para encontrar alguna prueba de quién podría haber sido, ya que los niños dijeron que ellos no. Los policías, al no encontrar nada dentro del campamento, nos dijeron que posiblemente tirasen las bengalas desde la carretera para no dejar ninguna pista ni huella, nos explicaron que la gente del pueblo odiaba los grupos scout ya que se pensaban que eran sectas, y no éramos muy bienvenidos en Rasines.

Los policías nos recomendaron que nos fuéramos a descansar y que no nos preocupásemos porque ellos se iban a quedar rondando por la zona para revisar que no volvieran otra vez. Una vez que los niños se tranquilizaron y conseguimos que se fueran a dormir, los monitores volvimos a reunirnos alrededor del fuego para seguir hablando de qué tal había ido el día y nos quedamos hablando hasta la madrugada de lo que había pasado aquella noche porque todo quedó en un susto, pero aquella noche se iba a quedar grabada para siempre.

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