Personalidades distintas en un mismo país

Por Naomy Santamaría, alumna de  GAD 1º

¿Has pensado alguna vez, que en un mismo país hay cantidad de culturas y pensamientos distintos?

Por circunstancias personales, a veces la gente se ve obligada a vivir en distintas provincias de nuestros países e incluso a cambiar de país. Os voy a contar mi experiencia como viajera por España.

Mi primer destino fue Santander, del que no tengo muchos recuerdos ya que me tuve que marchar a los 4 años, pero lo único que sabía era que ahí vivía mi familia y que era precioso. Nada sobre la gente y sus costumbres. Mi segunda parada fue Bilbao; aquí la verdad es que me faltan palabras para contaros todo lo que he vivido, pero sobre todo lo que más destaca es su gente y sus costumbres: gente abierta, simpática, amable… Mi primer día de clase fue duro, pensaba que nadie iba a estar conmigo y para mi sorpresa, el primer día ya me llevaba con todo el mundo. Me encantaba este sitio y sus costumbres, a pesar de que seguía pensando en Santander y mi familia (y eso que no estábamos muy lejos).

Con el paso del tiempo, ya más mayor y más consciente de la personalidad de la gente, regresé a Santander junto a mi familia, y la verdad… este sitio es precioso, nunca lo había apreciado, pero ya sabes lo que dicen: “No sabes lo que tienes hasta que lo pierdes”. Me enamoré de esta ciudad, de sus playas, las vistas, la Magdalena… lo único que no me gustaba de aquí era la personalidad de la gente, no lograba entender cómo estando tan cerca de Bilbao la gente podía ser tan distinta, más arisca, más desconfiada. Incluso mi primer día de clase, la gente me miraba como ¡Oh! la nueva. Entonces empecé a pensar que no todo el mundo es igual, varía mucho la persona, pero sobre todo la provincia. Al igual que varían mucho los países, ya sea por costumbres o vete tú a saber. En Santander se miraba mucho entre la gente cómo vestías, cómo ibas peinado… mientras que en Bilbao daba igual mientras tú estuvieses a gusto.

Por cambiar de aires, empecé a bajar a Madrid y para mi sorpresa a la gente tampoco le importaba cómo iban los demás, cada uno con su estilo, con su rollo por la calle sin sentir miradas burlonas de los demás. Me empecé a plantear por qué en ciudades un poco más grandes la gente es más abierta e incluso acepta a los demás a pesar de que no te guste su rollo o no sea lo “normal”. De una manera u otra la aglomeración de gente nos hacía ser de mentalidad más abierta, mientras que en ciudades un poco más pequeñas, la gente estaba a mirar éste qué pintas tiene o mira éste qué hace…

Así que aprovecho este relato para abrir un poco las mentes de la gente y hacer ver, –como yo me di cuenta por estas circunstancias–, que siendo borde con la gente, lo único que vas a recibir es lo mismo, y el burlarte de una forma de vestir, una cultura, o incluso un pensamiento diferente al nuestro no sirve para nada más que para enriquecer nuestra sabiduría y aprender un poco de los demás y no ser tan cerrados de mente.

 

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