Cuando todo está en contra, el amor se hace más fuerte

Por Irene Cobo Bringas, alumna de AyF 1º

Cuenta la historia de una mujer que, a pesar de las dificultades de la vida y de las discriminaciones sufridas por ser mujer, logra sobrevivir y encontrar el amor

En los años 50, se desarrolla la historia de Carla, que era la única hija de un matrimonio humilde. Sus padres siempre estrictos con ella, por ser mujer, la vigilaban constantemente. No podía pararse a hablar con ningún chico Irene Cobo Bringas AYF1sin recibir recriminaciones de su madre. Sin embargo, Carla veía con rabia cómo no hacían lo mismo con sus tres hermanos, a quienes daban más libertad.

Cuando alcanzó los 15 años, enseguida la mandaron a servir a una casa señorial. Se quedaba interina por muy poco dinero y para colmo, apenas le daban de comer. Era una gran casa, los señores tenían cinco hijos, cocinera, chófer y jardinero. Sin embargo, solo cogían una barra de pan al día. Mientras tanto, a sus hermanos les buscaron buenos trabajos. A uno en el ferrocarril, al otro en una fábrica metalúrgica, y al tercero, de cartero. Mientras ella veía lo bien que les iba a sus hermanos puesto que esos trabajos eran mejores que el de ella, y, además, sus padres se enorgullecían de ellos, a ella la tenían de criada los domingos, que era el único día que libraba en su trabajo. Estaba harta, pero, ¿Qué podía hacer?

Algunos domingos por la tarde solía ir al cine con las amigas y una tarde, conoció a un chico del cual se quedó prendada. Luis –que así se llamaba aquel joven–, empezó a acompañarla a su casa. No tardó su madre en darse cuenta y se informó de quién era hijo. Resulta que era una familia que, se decía entre vecinos, que el padre pegaba a la madre de este chico. Los padres de Carla quisieron advertirla de que no podía salir con él. Carla no lo entendía: si Luis se portaba bien con ella y era amable, ¿por qué no iba a salir con él? Como ella seguía saliendo con Luis, no tardaron en avisarla de otra forma: su hermano mayor le pegó una paliza y la amenazó con matarla si volvía a verse con él. No tardó en recibir otra, por parte de su otro hermano, que le dijo que, encima ese chico era más pobre que las ratas.

Pero Carla, que estaba muy enamorada, no lo pensó dos veces y cuando Luis le pidió matrimonio, le dijo que sí. Se casaron y a los cuatro días, Luis dijo que al no haber trabajo, se iban a Francia. Cuando iban en el tren, Carla lloraba porque se iba muy lejos y eso la asustaba, pero lo que no sabía es que ésa era su libertad.

Luis trabajaba en la construcción, y ella, de criada en una casa. Ganaban mucho dinero y cuando ahorraron suficiente, después de tres años en Francia, decidieron regresar a su pueblo natal. Luis se hizo empresario de la construcción, se construyeron una casa y compraron un piso en Santander. Les iba muy bien. Tuvieron una hija y las vueltas que da la vida: luego resultó que los hermanos de Carla le pidieron trabajo a Luis. Él no solo les dio trabajo, sino que les ayudó económicamente cuando lo necesitaron y además, fue un buen hombre, un buen marido y padre, y le demostró a la familia de Carla lo buen hombre que era. Hoy, Carla y Luis, con sus ochenta y tantos años, siguen juntos.

 

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