Habitación 505

Por Sofía Rodríguez Giraldo, alumna de AyF 1º

Cómo podemos sentirnos atrapados y, aun así, no querer huir teniendo la posibilidad de escapar

La habitación es oscura, está apenas iluminada con una única lámpara ubicada en una esquina, sin embargo puedo ver con claridad a las personas que tengo a mi alrededor. Todos ríen muy alto, y de un momento a otro, se quedan en silencio y las personasSofía Rodríguez Giraldo AYF1 27-02-2019 505 en la habitación me miran, algunas con curiosidad y otras casi con miedo. Me miro intentando descubrir el porqué de sus miradas, pero no noto nada raro, así que decido empezar a moverme alrededor para así evitarlas. En cuanto me muevo, todos desvían sus miradas y siguen en lo que estaban.

Después de un rato moviéndome alrededor de la habitación, empiezo a notar sus comportamientos: lo primero que noto es que nadie se mira a los ojos, a pesar de estar riendo, todos intentan ocultar sus miradas, hay una mujer sentada en un sillón, en la esquina más alejada de la lámpara, que me sigue mirando con curiosidad, y hay un grupo grande de personas, sentadas alrededor de una mesa que se encuentra en medio de la habitación, riendo y aparentando estar bien. Pero sus miradas no pueden mentir, se sienten perdidos al igual que yo.

En cuanto dejo de moverme, las personas que se encontraban en la mesa me miran y me invitan a sentarme con ellos; cuando llego hasta la mesa y me siento, puedo notar que todos tienen una copa con un líquido marrón servido. En cuanto me siento, un hombre llena una copa y me la ofrece. “Bebe, te ayudara a pasar las horas, lo llamamos kauke”, me dice.

Inmediatamente y sin pensar mucho en qué es, la bebo y siento la mirada triste de la mujer de la esquina en mí. Lo primero que noto al beberlo es que habitación cambia totalmente para mí; ahora parece más iluminada, las personas que tengo a mi alrededor parecen más animadas aún, y por fin desde que estaba en la habitación no me siento como una intrusa.

El hombre tenía razón, el tiempo pasaba casi como una ilusión, las personas se movían lentamente y aunque no hablábamos, todos reíamos, el kauke seguía circulando por la mesa, y en cuanto una botella estaba a punto de acabar, rápidamente cualquiera de la mesa se levantaba a buscar otra con desesperación. Las botellas las guardaban en una gran estantería de vidrio, en la cual se veían varias botellas más.

Siento el cuerpo adormecido, casi como si estuviera flotando, y me rio junto con las otras personas, pero sin sentir realmente felicidad y me doy cuenta de que las emociones son sólo un recuerdo lejano para mí, y entonces fijo mi mirada en la mujer de la esquina y noto que me mira furiosa o desilusionada, y así, casi como un golpe, despierto de mi ensoñación.

Es entonces cuando observo la estantería y veo que cada vez hay menos botellas y no puedo dejar de preguntarme: ¿Qué pasará cuando las botellas se acaben? ¿qué haremos entonces? Seguramente cuando se acaben, ya no tendremos otra cosa que hacer y empezaremos a hacernos preguntas, empezaremos a cuestionarlo todo, y seguramente esta habitación ya no nos parecerá tan agradable. Miro a la mesa y veo que todos siguen igual ¿Por qué seguimos actuando como si nada pasara? ¿por qué seguimos aparentando que todo está bien cuando sabemos muy bien que no lo está? Y es entonces cuando me fijo por primera vez en que una puerta se encuentra en el fondo de la habitación y ha estado allí todo el tiempo, a la vista de todos.

Entiendo el por qué ninguno ha querido cruzar la puerta; tenemos miedo, miedo de salir de la habitación y no encontrar nada fuera, nos sentimos bien en la habitación porque nos aleja del mundo real, porque creemos que es el único lugar en el que podemos estar, pero ¿qué sentido tiene vivir así? Decidida, me levanto de la mesa y con las miradas sorprendidas de las personas y el cuerpo aún adormecido, me dirijo hacia la puerta a enfrentar la vida real.

 

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