El Huracán

Por Frederico Augusto da Silva, alumno de GIAT 2º 

Ella siempre se entregó a la felicidad, Kendra era una chica a la que no le costaba mucho sonreír, pero eso no era todo, ella también tenía la habilidad de hacer felices a los que estaban a su alrededor

Era una chica muy agradable y sociable, con muchos amigos y hacía poco había terminado la relación con Luis, Frederico Augusto GIAT2 06-03-19 El Huracánsu primer amor. Después de dejarlo, tenían una relación cordial pues siempre fueron amigos independientemente de ser pareja y apreciaban el tiempo que estuvieron juntos.

Kendra apostaba por descubrir todo lo que para ella fue invisible hasta el momento, y no tardó mucho en hacerlo. Estando un día con su amiga, Lola, decidieron entrar a aquel bar donde, nada más entrar por la puerta, la sonrisa de Kendra deslumbró y no pasó desapercibida.

Aquel chico agradable y de buen ver, que estaba en la esquina con sus colegas, no perdió la oportunidad y sintiéndolo mucho por los que tardaron en atreverse, él se acercó. Era perfecto, o no, era diferente y en pocos meses se convirtió en el que sería el hombre de su vida.

Todo iba sobre ruedas y llegó el día de la boda de Kendra: en la primera fila su madre la miraba, mas no veía la misma sonrisa en la cara de Kendra, quiero decir su sonrisa; seguía siendo maravillosa, pero su madre conocía todas las sonrisas de su hija. “¿Quizás no está preparada para casarse?”, “tal vez está nerviosa…”. Bueno, ya estaban allí e independientemente de lo que ocurriera, llegó el sí quiero. Y ya está, todos los invitados se dirigieron a sus casas y todos muy felices por la alegría de la boda. Pero lo cierto es que no era así, su madre estaba en lo cierto cuando vio aquella sonrisa maravillosa pero apagada.

Él no era quien parecía ser: con el tiempo, ella se , a raíz de una discusión, en la responsable de todos los males que él sufría a lo largo del día, y todo ello sin salir de casa pues él se lo tenía prohibido.

La gente a veces se pregunta por qué una mujer sigue con un hombre que la maltrata. La respuesta es el tiempo. Él era un viento cada vez más parecido a un tornado, ella era una simple margarita que se balanceaba al son del viento que la soplaba, un viento que de vez en cuando se llevaba sus pétalos, y otras a veces los tornaba de color lila.

El temporal era decisivo, pero el tiempo de su reloj también. Ya que nunca fue demasiado tarde para huir del huracán, en una tarde que éste llegaba a la puerta de su casa, no le esperaba ya la margarita de todos los días. Kendra descubrió que no estaba sola y decidió agarrarse a la vida gracias a muchas otras mujeres que fueron margaritas. Hoy ella es la teniente de un ejército que lucha por acabar con esos vientos que a veces acaban con la vida de esas hermosas flores.

 

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