Círculo vicioso

Por Rosa Zurera, alumna de ADIR 1º.  Primer Premio.

Todo el mundo queremos lo mejor para nuestra familia. ¿Estás dispuesto a sacrificar tus vicios por ellos? 

Me despierto. Desde mi cama puedo comprobar que aún es de noche. Miro hacia un lado y percibo que mi mujer duerme plácidamente. Supongo que está cansada, acabamos de ser padres de nuestro segundo bebé. Sentado en el filo de la cama puedo recordar a la perfección cómo fue el nacimiento de nuestros hijos, Álvaro y Lucía. Sin querer, esbozo una sonrisa. Cojo el móvil y veo que son las 6 a.m., un día más que no consigo dormir del tirón. Me dirijo a las habitaciones de mis hijos y confirmo que todo está en orden. Pongo rumbo a la cocina para prepararme un café, total, sólo queda media hora para que suene el despertador. Me enciendo un cigarrillo. Desde la ventana veo cómo los gitanos que viven enfrente se preparan para ir a los mercadillos a ganarse la vida. Comienzo a pensar que ellos no son tan diferentes a mí. Salen cada día a la calle para ganarse la vida y poder mantener a su familia. ¿A caso yo no hago lo mismo? En medio de este pensamiento suena el despertador, corro a apagarlo para evitar que alguien se despierte. Mi mujer se da la vuelta para darme un beso antes de marcharme a trabajar. Cojo la ropa y salgo a vestirme al baño. Salgo de casa, entro al coche, pongo la radio y voy escuchando las noticias hasta el trabajo. Llego a la nave sobre las 6:45 a.m. Es pronto, así que decido hacerme un cigarro. No me resisto a añadirle unas hojas de marihuana.

Mientras me lo fumo, me encuentro con un viejo amigo. Es Juan, trabaja en la empresa, pero él sólo hace viajes de noche.

  • ¡Hombre Raúl!, ¿Qué haces aquí tan pronto? – Me dice.
  • Uno que no duerme bien…y a estas horas en casa poco se puede hacer- Respondo mientras veo que me mira la mano.

Esboza media sonrisa mientras me dice,

  • Ya veo que no consigues dejarlo.

Me río y continúo mi camino. Él acaba de terminar la jornada, y la mía ni siquiera ha comenzado. Tiro el cigarrito mágico porque al fondo veo que llega mi encargado. ¡Qué majo es! Él siempre me pregunta qué tal está mi familia.

Nos disponemos a abrir la nave, acular los camiones y a descargar la mercancía procedente de Madrid, Barcelona y Bilbao. Mientras, van llegando el resto de compañeros. Cuando estamos a punto de terminar la descarga, escucho gritos; me giro y compruebo que es el jefe. Mala señal.

Cuando él viene a organizar el trabajo del día se forma un caos. Habla con el encargado, y se va. “Uff”, suspiramos. Organizamos el reparto de cada uno y nos disponemos a salir de la nave. De momento no tengo demasiado, así que a media mañana paro a por otro café. Cuando me quiero dar cuenta ya es la hora de ir a comer.

Al llegar a casa tengo la comida preparada encima de la mesa. Hoy tenemos lentejas. Mientras comemos, mi mujer me cuenta que la han llamado del colegio porque Álvaro se ha pegado con un niño. La tutora nos ha citado a las 19:30h para ir a hablar con ella. Acabamos de comer y ayudo a recoger la mesa. Miro el reloj y aún es pronto. Me da tiempo a echar una cabezada.

A las 15:00h vuelta al tajo. Esta vez mi encargado me ha organizado los albaranes, cargo el camión, y otra vez a repartir. Tengo tanto trabajo que la tarde se me pasa volando. Eso sí, estoy agotado. Llego a la nave, entrego los albaranes firmados a la chica de la oficina y me voy hacia el coche, no quiero llegar tarde a la reunión.

Cuando llego al colegio de mi hijo llamo a mi mujer:

  • Hola cariño, estoy aparcado enfrente de la puerta, ¿tú ya has llegado?
  • No, en 10 minutos llego.

Cuelgo el teléfono. Quizás sea el momento de un canuto, para liberar tensión. Salgo rápido del coche porque veo que ella y mi hijo acaban de llegar. Mi mujer me mira enfadada, frunciendo el ceño. Ha visto en mis ojos que he vuelto a fumar marihuana. Subimos al despacho de la profesora, la reunión no dura más de 15 minutos. Simplemente nos ha explicado lo sucedido delante del niño. Cuando llegamos a casa bañamos a los pequeños, hacemos la cena, y a la cama. Después cenamos ella y yo. El clima entre nosotros es tenso, y sé que es por mí.

  • Lo siento – Me sale de la boca.

Inmediatamente percibo que su respuesta va a ser una reprimenda.

  • No voy a permitir que mis hijos crezcan viendo lo que haces. Tú sabrás qué quieres hacer con tu vida, pero mi paciencia tiene un límite –Me dice con lágrimas en los ojos.

Prefiero no decir nada más porque sé que tiene razón.

Normalmente vemos la tele un rato antes de acostarnos, pero hoy ella no quiere porque está enfadada. La entiendo.

Decido acostarme a la vez que ella. No me da un beso. Sé que tengo que dejarlo, pero hoy no es el día, no con este estrés. No sé en qué momento me quedo dormido pensando en cómo dejar esa mierda.

Me despierto. Desde mi cama puedo comprobar que aún es de noche…

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