¿En qué momento dejamos de querernos?

Por Claudia Prado, alumna de GVEC 1º.  Segundo Premio.

¿En qué momento dejamos de querernos? Es una pregunta que me hago constantemente.

En qué punto de nuestra vida, nos creamos el primer complejo. En qué preciso momento, dijimos por primera vez “no me gusta esto de mi” u “ojalá esto fuese diferente”. En qué instante comenzamos a autocriticarnos, o empezamos a dejar que las críticas de los demás nos afectasen, creando en nosotrosClaudia Prado complejos que seguramente nos acompañarán durante años.

Es una pregunta que me hago con frecuencia, ya que nadie nace con inseguridades. 

Seguramente si a un grupo de niños les preguntásemos que cambiarían de su cuerpo, obtendríamos respuestas tipo; “¡Tener unas piernas con súper velocidad!  o ¡Tener alas! Pero, ¿Qué pasaría si se lo preguntásemos a un grupo de adultos? Las respuestas obtenidas seguramente serían; “Mis piernas”, “Mis orejas” o miles de aspectos físicos más con los que los adultos nos sentimos acomplejados.

¿En qué momento pasamos de no darle importancia a nuestro aspecto físico y querernos como somos, a comenzar a hacernos daño con opiniones de nosotros mismos? ¿Por qué dejamos de gustarnos? Creo que esto tiene mucho que ver con la sociedad en la que vivimos, una sociedad en la que difícilmente se valoran las cosas importantes como la educación, los valores o la personalidad de las personas, y se valora más un “buen cuerpo” o una “cara bonita”. Y lo pongo entrecomillado porque ¿Quién define qué es lo bonito y que es lo feo? ¿Por qué perseguimos cánones de belleza que cambian constantemente? No somos conscientes de que nunca llegaremos a alcanzar la perfección, porque esta no existe.

Tardamos años en educarnos, aprender comportamientos, en adquirir las cualidades que tiene la vida, pasamos parte de nuestra vida amueblándonos la cabeza, viviendo experiencias para aprender de ellas, formando virtudes y aptitudes, para que al fin y al cabo se valore más un “físico bonito”.

No somos conscientes de que vivimos sumidos en una sociedad que critica la perfección, que nos pasamos la vida buscando ser perfectos, buscando ser como las personas idealizadas que vemos en las redes sociales, nos machacamos día a día viendo cuerpos y caras “perfectos”, comparándonos, pero deberíamos ser conscientes de que hasta esas personas que creemos que son “perfectas”, están llenas de complejos, al igual que tú. Es un bucle que solo termina cuando llegamos a aceptarnos y conseguimos tener amor propio.

Pero, ¿Cuándo llegamos a gustarnos tal y como somos? Sinceramente aún no lo sé, aún no he llegado a aceptarme como persona y dejar de crearme defectos inexistentes, pero creo que no hay un punto exacto en el que esto ocurre, creo que es un aprendizaje más, que todos deberíamos adquirir. Comenzando por admirar más los valores de las personas, en vez de su físico, conseguiremos querernos a nosotros mismos, y agradecer todos los años de aprendizaje personal.

Las personas deberíamos envidiar una mente amueblada, una personalidad inteligente y educada. Una persona que ha vivido experiencias y aprendido de ellas, que esté repleta de valores y una mente que no se auto critique, y que se quiera muchísimo.

Y ahora dime, ¿Si el mundo fuese ciego, serías una mente “perfecta”?

 

 

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