El partido de la vida

Por Alberto Sánchez Bordás, alumno de GIAT 1º.  Quinto Premio.

Porque siempre me hicieron gracia esas webs católicas donde realizan paralelismos entre la vida y el fútbol para atraer al mayor número de lectores posible.

“¡Fútbol con fatatas!”. Algunos dicen que uno ha de dedicarse a trabajar duro desde el minuto cero de partido. Carece de sentido siquiera participar si no vas a darlo todo, tengo entendido. Hasta ahí bien, pero claro, ¿qué hay de aquellos a los que les han obligado a jugar? Simple, ellos tendrán que encontrar la formAlberto Sancheza de esforzarse y rascar un gol o dos.

Así pues, el partido comenzó. No tuve mucho en cuenta las caras de mis once rivales. He oído una pizca sobre ellos en alguna parte. En la tele, en el barrio. Pero todo el mundo parece saber igual de poco.

Allá iba yo con el balón en los pies, y de repente un defensor rival acortó distancias conmigo; en su dorsal se leía Presión y estrés en el ámbito social. Se la di con queso tras cubrirle con la espalda y evadirle con un simple toque de bota.

Poco tiempo después pude notar como se acercaba Aislamiento y retracción a por el balón. Tras plantarse frente a mí, pude oír un susurro que decía “¿vas a dejarme la pelota?”, a lo que respondí que sí.

En ese momento sospeché que esa sonrisa que esbozaba significaba que me quería hacer caer en una especie de truco, y es por eso que mentí. Mentir era la solución más fácil para poder seguir adelante y conservar el balón que es mi vida.

Pero no todo lo bueno dura para siempre, ya que en ese momento fue cuando los reputados centrocampistas, Sentimientos de inutilidad y desesperación cortaron mis avances de raíz. Caí al suelo de un plumazo, derrotado.

Y digo yo, ¿si me han derribado, por qué nadie me ayuda? ¿El árbitro no ha visto la táctica tan descabellada que ha jugado la defensa? ¿De verdad no hay nadie que vaya a ayudarme a volver a ponerme en pie?

Nada. Absolutamente nada. Pude apreciar como algunos jugadores me miraban. Falta de motivación y Apatía por mis propios hobbies figuraban entre ellos, pero, ¿qué podía hacer yo? Decidí permanecer inmóvil en el suelo durante unos instantes.

Fue por aquel entonces que tenía una oportunidad de oro para cambiar las tornas a mi favor y progresar con un saque de falta. O eso creía, porque fue demasiado tarde para darme cuenta de que en un lapsus le lancé la pelota a otro de los rivales, Incapacidad de concentración.

Decidí resarcirme de mi error, por lo cual recuperé el esférico por el que tanto había luchado. Ahí es cuando tuvo lugar otro hecho que me hizo parar en seco.

Uno de los defensores más destacados de la liga, Dificultad para realizar tareas cotidianas, logró derribarme tan solo marcando desde su posición.

Llegado a este punto, fallaba a comprender la situación del partido. Me sentía mareado, sin capacidad de seguir un buen rumbo. Cerré los ojos, y de ahí solo surgió más daño. No paraba de imaginarme al resto de la defensa cebándose conmigo, realizando entradas a bocajarro. Fue entonces cuando pude vislumbrar el rostro de los pilares centrales defensivos, Falta de energía y sueño.

Poco tiempo después comencé a verlo todo negro. Hasta ahora me había logrado mantener estoico ante estas dificultades, pero empecé a sentirme mal, llegué incluso a sentir verdadero dolor.

Abatido en el suelo, sin saber qué hacer, parecía como si estuviera esperando a que alguien me sacase de ahí, tendiéndome la mano. Y no fue otro sino el último jugador del equipo rival, su portero Estados de ánimo lúgubres. Siempre recordaré cómo me sentí en aquel momento, sin ninguno de mis compañeros de equipo corriendo a mi auxilio. Será por todas las veces que me han preguntado si me encontraba bien y yo les había dado la respuesta que ellos querían oír; «ningún problema».

Saben que soy una persona fuerte. O eso les hice creer a base de mentiras.

Así fue como terminó el primer tiempo de este partido. Pero como suele decirse, las tornas giraron en la segunda parte.

Me di cuenta de que todos estamos jugando el mismo partido. Todos hemos visto cómo algún otro jugador se ha podido sentir de esta manera, por lo que nuestro plan debería ser colaborar, en la medida de lo posible, los unos con los otros. ¡Demonios, incluso hay ejemplos de jugadores que les salvan la vida a otros en mitad del partido!

Como dijo Andrés Montes, citado al principio de este relato, “la vida puede ser maravillosa”, amigos. Hay que picar y picar la piedra hasta encontrar aquello que nos haga sonreír.

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