El apocalipsis

Por Natalia Vrinceanu, alumna de AYF 1º

Siglo XXI. Calles aglomeradas, personas desconectadas y ausentes, niños sin energía, mundo sin vida. Aire sin oxígeno, plantas artificiales, animales sólo en zoológicos y pescados mutantes en aguas sucias. Desastre, caos y muerte es el camino crudo que seguimos con orgullo y sin deseo de parar.

Somos culpables y esto es un hecho concreto. Hemos recibido este planeta como un regalo sagrado y en este momento somos los peores dueños. LNataliaa tecnología ha reemplazado todo en nuestra vida. No visitamos a nuestra abuela, porque la podemos llamar por teléfono; no tenemos flores en casa, porque podemos instalar un sistema de aire acondicionado; no utilizamos cosas reciclables y sin plástico, porque son bastante incómodas o más caras… o porque no nos importa. Hemos olvidado qué es la responsabilidad, la responsabilidad de ser HUMANOS.

Hay miles de películas con genérico de apocalipsis, pero no entiendo por qué las miramos en los cines o en las televisiones de casa, cuando podemos simplemente mirar por la ventana. Todo el mundo está tan preocupado y enfundado en sus problemas y sus preocupaciones, que no ven lo que está pasando en su entorno. El móvil ha robado nuestra personalidad, nuestros principios, nuestra educación y, en fin, nuestra vida. Somos zombis conectados a Facebook, Twitter, Instagram, YouTube…

El siglo XXI se caracteriza por el avance y expansión de la digitalización y el control de la información a nivel global. También a esta época se le conoce como la era tecnológica. Es cierto, porque actualmente la persona está en segundo plano, y tiene una importancia secundaria.

Tengo un ejemplo muy claro y concreto, que va a reflejar mi idea: imaginemos que en el mismo momento cayesen una persona y un móvil de 800€-1000€, ¿cuál va a ser la reacción de los demás? Ante la caída del móvil, todo el mundo va a reaccionar con ojos desorbitados y expresiones de horror, empatizando con su propietario. Sin embargo, las risas estallaran ante la torpe caída de una persona. Sí, es terrible, pero es la verdad.

Con frecuencia, mi abuela solía contarme cómo era el mundo en su juventud. Un mundo puro, con gente amistosa, con ganas de ayudar a otros sin esperar nada a cambio. Y algo muy importante de sus historias, es que las personas estaban sanas, no tomaban pastillas, ni iban al médico cada medio año. Es porque vivían en un entorno saludable y la comida carecía de conservantes y aditivos químicos. Mi abuela y la gente de su época hacían muchísimo deporte sin ir a gimnasios, y tenían un régimen de vida muy bueno. Se levantaban a las 5 de mañana, iban al campo y trabajaban todo el día, comiendo productos naturales desde su jardín y bebiendo agua de ríos naturales.

Un medio puro y gente pura, esto únicamente lo conocemos por las historias de los abuelos. Es duro, pero es mi conclusión. Tenemos que parar. Parar por un momento, echar un vistazo alrededor y finalmente despertarnos. Este es mi mensaje, mi deseo, mi sueño. Vivir como antes, como nuestros abuelos, simplemente, sin tanto lujo, pero con más felicidad.

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