Abuela

Por Marta Albalá, alumna de GVEC 1º

Y de repente todo cambió. No sé cómo ni cuando, sólo sé, que fue poco a poco. Una mañana desperté y tú seguías siendo la misma, sentada en el sofá como si nada hubiera cambiado, pero algo dentro de ti, te estaba haciendo cambiar.

Era algo raro, que no se podía explicar. De repente, al mirar por la ventana, donde había carreteras y edificios, comenzaste a ver campos y casas que no existían, que sólo estaban en tu cabeza de niña otra vez. Volvías a llamar desesperadamente a tu madre, a tus hermanas con gritos de auxilio, había vecesMarta que sentías que estabas secuestrada, y cuando aún podías moverte, te levantabas he intentabas escapar de tu casa, y de tu familia, como si fuéramos los malos de una película de terror. Queríamos pararte, pero ese “algo” que se iba apoderando de tu mente, de toda tu persona, te hacía hacer cosas que no eran propias de ti, tenías instinto de supervivencia, tenías miedo.

Fuiste olvidándote poco a poco de todos nosotros, llegamos a ser perfectos desconocidos, como si nunca nos hubiéramos visto, aunque llevaras toda la vida con nosotros. ¡Que triste es la vida, que de repente te hace olvidar todo aquello que quieres y adoras! tu FAMILIA.

Sin comerlo ni beberlo, me encontré con una persona que empezó a necesitar más de mi que yo de ella. Cuando eres pequeño o pequeña era tu abuela, la que te ayudaba a dormir en las noches de tormenta porque tenías miedo, la que te contaba el cuento de la buena pipa y te hacía rabiar porque te hacía siempre esa maldita pregunta de ¿quieres que te cuente el cuento de la buena pipa? Que nunca tenía fin, la que cuando tus padres se iban se quedaba contigo y era una fiesta porque comías chocolate y bebías Coca-Cola, te daba todo lo prohibido, te daba hasta caramelos para hacerte sonreír, para así ella ser feliz y decirte: – ¡chatuca Mía! No sé si te veo o te sueño, eres mi reinuca. Acurrucarte en la cama y taparte como nadie sabía hacerlo y darte el beso de buenas noches.

Y de repente todo cambia y ahora eres tú, quien tiene que cuidarla en las noches de tormenta y contarla historias para que no tenga miedo, decirle que la quieres y que es la mejor del mundo, llenarla de mil y un besos. Todo por verla sonreír y hacerla ver que somos los de siempre, que soy su nieta y que no quiero que se olvide de mi.

Si, estoy hablando de ese “algo” que tanto daño hace, y que muchos estáis pensando, el olvido por culpa de una enfermedad que no tiene cura, que no es posible retroceder, ni parar, si, estoy hablando de la demencia. Esa maldita enfermedad que hace que no recuerdes a las personas que más quieres. Lo peor es, que se olviden de ti. Quien lo ha sufrido sabe de lo que hablo. Al fin y al cabo, la vida es un instante ¿sabes? Y  hay que mirar al miedo de frente, a los ojos, sin titubear. Porque la vida es un Segundo, y por desgracia su vida, corría más rápido que la mía.

Hasta que llegó el día más temido para todos, el adiós. Y como dice la canción: – Nunca pensé que llegaría, nunca creí en ese momento, te cambia la vida.

Cogió las maletas de noche, sin hacer ruido. Despidiéndose de todos, un ratito antes con sus ojos cerraditos y tocándonos la cara sin mediar palabra alguna. Y al rato, la demencia y la edad se la llevaron. ¡Maldita vida que te quita todo lo que más quieres!

Pero su esencia y su amor SIEMPRE permanecerán dentro de mi, porque ella me dio algo que nadie más me pudo dar, SER MI ABUELA.

La perfección existía, existe y existirá, además tiene nombre, os la presento, se llama Pura.

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