¡Benditas diferencias!

Por Claudia Montero, alumna de ADIR 1º

A veces pienso en todo aquello que nos hace diferentes…… Y concluyo: Qué insoportable e insostenible sería este mundo, si de repente todos luciéramos igual y, actuáramos y pensáramos de la misma manera, ¡sería desastroso!

Lamentablemente, en esta época existe gente que no reconoce dichas diferencias, simplemente no las aceptan. Se burlan del físico de alguien, de su ideología, de su cultura, de sus gustos, de su raza, hasta del color de piel. Miran por encima del hombro sintiéndose superiores, únicamentfotoe porque no les reconocen como sus iguales. Estas personas aparentan ser muy fuertes, pero en realidad son extremadamente débiles; se apasionan por sembrar división y odio, gastan su energía en golpear o lastimar a aquellos que no piensan como ellos.

Es más fácil lastimar que curar, es más fácil romper que cuidar, es más fácil criticar que aceptar, por eso es tan fácil burlarse de otros, pero estos actos en lugar de engrandecernos sólo evidencia nuestra crueldad, nuestras profundas carencias y lo viles que podemos llegar a ser. Sin embargo, para hablar bien de otros se necesita valentía, para aceptar la diferencia de otro se necesita grandeza y humanidad, es de personas sabías y elevadas, no básicas.

Es increíble el daño que pueden ocasionar, sin pensar en las graves consecuencias y lamentablemente, todos hemos pasado por ahí, sin pensar, repetimos burlas supuestamente intelectuales o interesantes, por seguir, a veces, a un grupo de gente que aparentemente nos da su” aprobación”. Simplemente porque no les reconocemos “iguales” a nosotros, por lo tanto, es más fácil hablar mal y criticar.

¿Te suenan estas situaciones? A mí sí:

– ¿De qué tribu ha salido éste?

– No lo conozco, ¡pero no lo soporto!

– Seguramente es un imbécil.

– Me fastidia su personalidad.

– Tiene un pensamiento retrogrado/liberal.

– Bla Bla Bla….

Es muy triste, pero considero que quienes se burlan, critican o no aceptan a alguien por distintos motivos. Llevados por el odio, no viven en paz, aparentan felicidad, parecen que son “cool” pero no lo son. No son felices, porque quien es feliz no necesita menospreciar ni pisotear a nadie para destacar.

Mientras escribo, pienso e intento buscar dentro de mí qué es aquello que me diferencia de los demás. Qué es aquello que me incomoda: su forma de ser, de pensar, de vestir, actuar… ¿o es aquello que no comprendo? Creo que más allá de preguntarnos por qué son así, deberíamos de preguntarnos: ¿qué puedo aprender de ellos?, ¿Por qué no aceptarlos así? O ¿qué es lo que tanto me molesta?

Ojalá entendiéramos y aceptáramos lo extraordinario que significa el ser únicos, que no tengamos que compararnos con nadie y aprendamos a ver las diferencias de los demás como un puente y no una separación. Estoy más que segura que este sería un mejor mundo para todos.

Por lo tanto, si eres diferente o te sientes raro o rara, allí donde estas, te aseguro que vas por muy buen camino; ¡No cambies!

¡Benditas diferencias!

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