Por última vez

Por Alvaro Vallejo Teja, alumno de ASIR 1º  Quinto Premio

¿Cuántas veces hemos dado besos, abrazos o nos hemos despedido sin saber que iba a ser la última vez?

Durante estos meses en los que nos encontrábamos solos y aislados en nuestras casas, la mayoría hemos recordado con anhelo los días en los que fuimos felices. Ahora nos damos cuenta de lo poco que valoramos los momentos que vivimos con las personas que queremos.

Alguno de estos conocidos, amigos o familiares se han alejado de nuestras vidas, sin saber si nos volveremos a enAlvaro Vallejo Teja ASIR1 11-02-2021 'Por ultima vez'contrar con ellos. Hemos compartido con cada uno de ellos un último café, una última conversación, un último viaje. Casi nunca los hemos disfrutado al cien por cien; estábamos pensando en nuestras cosas o esperando a que el colega que tenías al lado se callara para poderte ir a casa a dormir tranquilamente.

¿Cuántas veces nos hemos negado a pasar un rato con aquellos que quieres y que te quieren? Solo porque estábamos muy agobiados por el trabajo o por los estudios, o simplemente porque no nos apetecía. Seguramente ninguno de nosotros sabía que esa iba a ser la última vez, que no los volveríamos a ver. Unas veces toman un rumbo distinto al nuestro, otras quieren irse de nuestras historias y en algunas ocasiones es la vida la que, duramente, nos separa de ellos de improviso. La vida puede cambiar en un instante, y no siempre hay tiempo para despedidas.

¿Qué haríamos si supiésemos que va a ser la última vez? ¿Les abrazaríamos fuerte para que no se fueran? ¿Pediríamos otra ronda para poder retenerlos un ratito más? Aun así, seguiría existiendo ese último momento y seguiríamos sufriendo al recordarlo, sabiendo que no lo vas a volver a repetir. La vida son dos días. Nos pasamos el primero pensando en lo que haremos al día siguiente; y el segundo lo dedicamos a arrepentirnos por no haber disfrutado del día anterior.

Solo hay una solución, vivir cada minuto como si no fueras a volver a ver nunca más a esa persona, pararte a mirar a tu alrededor y disfrutar de los pequeños detalles: las risas, los besos, los abrazos, las cervecitas frías. Mañana volverá a salir el sol, y si no sale, ya tienes un paraguas que te salvará de la tormenta.

Yo lo tengo claro, no voy a volver a rechazar un plan por estar estresado o cansado por cualquier problema. En cualquier momento puede llegar una pandemia y dejarnos sin la libertad y la compañía que tan poco apreciamos y que tanto bien nos hace.

Tenemos que cambiar muchas cosas en nuestra vida, deberíamos dejar de despedirnos con un ‘hasta pronto’, que puede que nunca se cumpla, y decirnos más ‘te quiero’ que sean de verdad, que digan lo que sientes por ellos y lo que significan esas personas para ti.

Sigamos siendo niños. No le teníamos miedo a nada. Nos caíamos y nos volvíamos a levantar. Dábamos besos y abrazos sin importar lo que dijeran el resto. Queríamos de verdad. No sabíamos quienes estaban con nosotros ni que teníamos que hacer, pero éramos felices.

Ríe, hasta que te duela la cara. Baila, hasta que no puedas con los pies. Canta, hasta que te quedes sin voz. Llora, hasta que se te sequen las lágrimas. Vive, y cuando creas que lo has vivido todo, sigue viviendo. Pero, sobre todo, como dice Leiva, ‘Hazlo como si fueras a morir mañana’.

 

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