Reflexiones desde mi pupitre: Día Internacional de la Mujer

Emilia Gómez Castillo – Primer Premio

Lo verdadero y lo falso en la igualdad social entre el hombre y la mujer: Ni es todo lo que se dice, ni se dice todo lo que es.

El pasado domingo, día 8 de Marzo, se celebró el Día Internacional de la Mujer. Sinceramente, no sé si este tipo de eventos tienen consecuencias positivas, o se quedan en simples enunciados. Si nos ponemos a evaluar los derechos que tienen actualmente las mujeres, creo que nos demos cuenta de lo mucho que queda por hacer.

 Teórica, humana, social y lógicamente tenemos los mismos derechos que los hombres; sin embargo, analizando la situación real, vemos que cada año mueren más mujeres a manos de sus parejas, si calculamos la distribución, por sexo, de los más altos puestos laborales, es bastante mayor el número de hombres que el de mujeres; salvo alguna excepción, en la mayoría de los países, el número de hombres en política y economía es muy superior. Así se puede enumerar un listado de diferencias y desequilibrios, todos a favor  de los hombres y en clara desventaja para las mujeres.

 Pero eso sí, ahora ya no tenemos hijas: tenemos hijos o hijas; ya no enseñamos a alumnos, enseñamos a alumnos y alumnas; ya no existe la A.P.A. en los colegios, ahora existe la A.M.P.A. y lo bueno del caso, es que esto se consideran logros en cuanto a la igualdad de género o sexo.

Yo no estoy en contra de estos detalles gramaticales, pero me parecen insignificancias.

Lo esencial es respetar la vida de las mujeres, darles las mismas oportunidades laborales, los mismos sueldos a igualdad de trabajo y capacidad, en definitiva, otorgarles los mismos derechos que a los hombres; pero no en teoría, sino en la práctica.

 Desde luego, las mujeres se han liberado mucho en los últimos años; se han incorporado al mundo del trabajo (a cambio de un salario, pues trabajar, han trabajado siempre, pero gratis). El trabajo es a tiempo parcial: en la empresa y en casa. Ahora se nos reconocen muchas aptitudes: ama de casa (lavar, planchar, atender a los niños/as, cocinar, limpiar…) debe ser psicóloga ( hay que comprender a los maridos, a los padres, a los chicos/as adolescentes), enfermera, cuidar a los enfermos de la familia, ya se sabe que para estas cosas las féminas son más amañadas)….. etc.

 No, ni hablar, eso no es liberación, eso es un abuso, por no hablar de explotación.

 Con sinceridad, creo que para alcanzar la “igualdad”, la “liberación” y todos esos objetivos que se piden con pancartas, por las calles, debemos todas y cada una de nosotras, empezar por nuestra casa, de manera individual: educando a nuestros hijos igual que a nuestras hijas, exigiendo la colaboración de todos los miembros de la familia, concienciándonos de que estas duras batallas se ganan trabajando poco a poco pero todos los días del año.

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